lunes, marzo 23, 2009

Galeano llega al país con sus ideas sobre la dignidad renacida en AL


Visita México para compartir con sus lectores reflexiones sobre el surgimiento de la izquierda gobernante.

El ensayista recibirá un doctorado honoris causa de la UV, el 26 de marzo
Mónica Mateos-Vega

El escritor uruguayo Eduardo Galeano a partir de hoy está en México para compartir con sus lectores algunas reflexiones en torno a lo que él llama la resurrección de la dignidad en América Latina, a propósito de los gobiernos de izquierda que se abren paso en el continente.

Uno de los encuentros más emotivos que protagonizará el ensayista será el próximo 2 de abril a las 18 horas en la Sala Nezahualcóyotl, del Centro Cultural Universitario (Insurgentes sur 3000, Ciudad Universitaria).

Con nuevo libro bajo el brazo, Espejos: una historia casi universal, editado por Siglo XXI, el autor comentará, entre otros temas, las transformaciones políticas que ocurren en naciones como El Salvador, donde los indignados están ocupando el lugar de los indignos, que dejan paso a gobiernos nuevos que anuncian grandes cambios, y ojalá que esos cambios se realicen.

Espejos, escrito para que los olvidados nos recuerden, se presentará el primero de abril en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

También la ecología figura en los temas de conversación del autor de Úselo y tírelo (1994), quien protestó hace unos días porque el gobierno de Ecuador clausuró una organización ambientalista. En una breve misiva enviada al presidente de ese país, Rafael Correa, el escritor manifestó: “Me cuesta creerlo; ojalá no sea cierto.

“Yo fui, y sigo siendo, uno de los muchos que celebramos la nueva Constitución de Ecuador, que por primera vez en la historia ha consagrado los derechos de la naturaleza.

Yo fui, y sigo siendo, uno de los muchos que creemos que la independencia de las organizaciones ecologistas es la mejor garantía de la defensa de esos derechos.

Escritores por la Tierra

Antes de su estancia en la ciudad de México, Galeano viajará a Jalapa, Veracruz, para participar en el segundo Encuentro de Escritores por la Tierra, en el cual un grupo de narradores e intelectuales expresarán su compromiso para que todas las personas del mundo, sin importar su condición socioeconómica, tengan derecho al agua, entre otras acciones.

En este contexto, será el martes 24 de marzo cuando Eduardo Galeano presente Espejos, a las 19 horas, en el auditorio Jesús Morales Fernández, de la Unidad de Humanidades de la Universidad Veracruzana (UV).

Eduardo Galeano viajará a Jalapa para presentar su obra en la Universidad Veracruzana.

Con el propósito de reconocer la gran aportación del escritor al pensamiento latinoamericano, esa institución le otorgará un doctorado honoris causa el próximo jueves 26 de marzo, a las 17 horas, en sesión solemne del Honorable Consejo Universitario de la UV. Esa distinción será compartida con el poeta Ernesto Cardenal. (La cita es en la Unidad de Servicios Bibliotecarios y de Información de la
universidad).

En opinión de algunos de sus lectores (cuyos comentarios se pueden leer en la página web de la editorial Siglo XXI), las ideas que vierte Galeano en su nuevo libro son un lujo para el alma. La obra fue lanzada de manera simultánea en Argentina, España y México, el 15 de abril del año pasado.

Ahora, quienes han tenido la oportunidad de saborear el texto que hace que la historia sea bonita de leer, podrán comentarlo con el autor, cuya magia –dicen sus seguidores– reside en el contar la memoria de parte de una América Latina condenada por siempre al silencio, al olvido.

Liberar la memoria de AL

Galeano, quien niega ser historiador y se define tan sólo como periodista que estudia la globalización y sus efectos, ha realizado trabajos que trascienden los géneros ortodoxos, al combinar documental, ficción, periodismo, análisis político e historia.

Es, ha dicho, un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable.

Sus libros han sido traducidos a varios idiomas, entre ellos destaca Las venas abiertas de América Latina (1971), su obra más conocida, suerte de acta de acusación de la explotación del continente por poderes extranjeros.

También Memoria del fuego ha sido ampliamente reconocida por la crítica; es un relato de la historia de América dividido en tres tomos.

El año pasado condujo el programa televisvo La vida según Galeano, emitido en Argentina, donde compartió con el auditorio varios relatos breves, de temáticas como la historia, la política, el arte, el amor, los hombres, el mundo, entre otras, con principal énfasis en la cultura latinoamericana.


Mexicanas
T

lazoltéotl, luna mexicana, diosa de la noche huasteca, pudo hacerse un lugarcito en el pan-teón macho de los aztecas.

Ella era la madre madrísima que protegía a las paridas y a las parteras y guiaba el viaje de las semillas hacia las plantas. Diosa del amor y también de la basura, condenada a comer mierda, encarnaba la fecundidad y la lujuria.

Como Eva, como Pandora, Tlazoltéotl tenía la culpa de la perdición de los hombres; y las mujeres que nacían en su día vivían condenadas al placer.

Y cuando la tierra temblaba, por vibración suave o terremoto devastador, nadie dudaba:

–Es ella.

Egipcias

Heródoto, venido de Grecia, comprobó que el río y el cielo de Egipto no se parecían a ningún otro río ni a ningún otro cielo, y lo mismo ocurría con las costumbres. Gente rara, los egipcios: amasaban la harina con los pies y el barro con las manos, y momificaban a sus gatos muertos y los guardaban en cámaras sagradas.

Pero lo que más llamaba la atención era el lugar que las mujeres ocupaban entre los hombres. Ellas, fueran nobles o plebeyas, se casaban libremente y sin renunciar a sus nombres ni a sus bienes. La educación, la propiedad, el trabajo y la herencia eran derechos de ellas, y no sólo de ellos, y eran ellas quienes hacían las compras en el mercadomientras ellos estaban tejiendo en casa. Según Heródoto, que era bastante inventón, ellas meaban de pie y ellos, de rodillas.

Hebreas

Según el Antiguo Testamento, las hijas de Eva seguían sufriendo el castigo divino.

Podían morir apedreadas las adúlteras, las hechiceras y las mujeres que no llegaran vírgenes al matrimonio; marchaban a la hoguera las que se prostituían siendo hijas de sacerdotes.

Y la ley divina mandaba cortar la mano de la mujer que agarrara a un hombre por los huevos, aunque fuera en defensa propia o en defensa de su marido.

Durante cuarenta días quedaba impura la mujer que paría hijo varón. Ochenta días duraba su suciedad, si era niña.

Impura era la mujer con menstruación, por siete días y sus noches, y trasmitía su impureza a cualquiera que la tocara o tocara la silla donde se sentaba o el lecho donde dormía.

Romanas

Cicerón había explicado que las mujeres debían estar sometidas a guardianes masculinos debido a la debilidad de su intelecto.

Las romanas pasaban de manos de varón a manos de varón. El padre que casaba a su hija podía cederla al marido en propiedad o entregársela en préstamo. De todos modos, lo que importaba era la dote, el patrimonio, la herencia: del placer se encargaban las esclavas.

Los médicos romanos creían, como Aristóteles, que las mujeres, todas, patricias, plebeyas o esclavas, tenían menos dientes y menos cerebro que los hombres y que en los días de menstruación empañaban los espejos con un velo rojizo.

Plinio el Viejo, la mayor autoridad científica del imperio, demostró que la mujer menstruada agriaba el vino nuevo, esterilizaba las cosechas, secaba las semillas y las frutas, mataba los injertos de plantas y los enjambres de abejas, herrumbraba el bronce y volvía locos a los perros.

Griegas

De un dolor de cabeza, puede nacer una diosa. Atenea brotó de la dolida cabeza de su padre, Zeus, que se abrió para darle nacimiento.

Ella fue parida sin madre.

Tiempo después, su voto resultó decisivo en el tribunal de los dioses,cuando el Olimpo tuvo que pronunciar una sentencia difícil.

Para vengar a su papá, Electra y su hermano Orestes habían partido de un hachazo el pescuezo de su mamá.

Las Furias acusaban. Exigían que los asesinos fueran apedreados hasta la muerte, porque es sagrada la vida de una reina y quien mata a la madre no tiene perdón.

Apolo asumió la defensa. Sostuvo que los acusados eran hijos de madre indigna y que la maternidad no tenía la menor importancia. Una madre, afirmó Apolo, no es más que el surco inerte donde el hombre echa su semilla.

De los trece dioses del jurado, seis votaron por la condenación y seis por la absolución.

Atenea decidía el desempate. Ella votó contra la madre que no tuvo y dio vida eterna al poder macho en Atenas.

Amazonas

Las amazonas, temibles mujeres, habían peleado contra Hércules, cuando era Heracles, y contra Aquiles en la guerra de Troya. Odiaban a los hombres y se cortaban el seno derecho para que sus flechazos fueran más certeros.

El gran río que atraviesa el cuerpo de América de lado a lado, se llama Amazonas por obra y gracia del conquistador español Francisco de Orellana.

Él fue el primer europeo que lo navegó, desde los adentros de la tierra hasta las afueras de la mar. Volvió a España con un ojo menos, y contó que sus bergantines habían sido acribillados a flechazos por mujeres guerreras, que peleaban desnudas, rugían como fieras y cuando sentían hambre de amores secuestraban hombres, los besaban en la noche y los estrangulaban al amanecer.

Y por dar prestigio griego a su relato, Orellana dijo que ellas eran aquellas amazonas adoradoras de la diosa Diana, y con su nombre bautizó al río donde tenían su reino.

Los siglos han pasado. De las amazonas, nunca más se supo. Pero el río se sigue llamando así, y aunque cada día lo envenenan los pesticidas, los abonos químicos, el mercurio de las minas y el petróleo de los barcos, sus aguas siguen siendo las más ricas del mundo en peces, aves y cuentos.

Cuando el hígado era la casa del alma

En otros tiempos, mucho antes de que nacieran los cardiólogos y los letristas de boleros, las revistas del corazón bien pudieron llamarse revistas del hígado.

El hígado era el centro de todo.

Según la tradición china, el hígado era el lugar donde el alma dormía y soñaba.

En Egipto, la custodia del hígado estaba a cargo de Amset, hijo del dios Horus, y en Roma quien se ocupaba de cuidarlo era nada menos que Júpiter, el padre de los dioses.

Los etruscos leían el destino en el hígado de los animales que sacrificaban.

Según la tradición griega, Prometeo robó para nosotros, los humanos, el fuego de los dioses. Y Zeus, el mandamás del Olimpo, lo castigó encadenándolo a una roca, donde un buitre le comía el hígado cada día.

No el corazón: el hígado. Pero cada día el hígado de Prometeo renacía, y ésa era la prueba de su inmortalidad.

Fundación del machismo

Por si fuera poco ese suplicio, Zeus también castigó la traición de Prometeo creando a la primera mujer. Y nos mandó el regalo.

Según los poetas del Olimpo, ella se llamaba Pandora, era hermosa y curiosa y más bien antolondrada.

Pandora llegó a la tierra con una gran caja entre los brazos. Dentro de la caja estaban, prisioneras, las desgracias. Zeus le había prohibido abrirla; pero apenas aterrizó entre nosotros, ella no pudo aguantar la tentación y la destapó.

Las plagas se echaron a volar y nos clavaron sus aguijones. Y así llegó la muerte al mundo, y llegaron la vejez, la enfermedad, la guerra, el trabajo...

Según los sacerdotes de la Biblia, otra mujer, llamada Eva, creada por otro dios en otra nube, también nos trajo puras calamidades.

Heracles

Zeus era muy castigador. Por mala conducta, vendió como esclavo a su hijo Heracles, que después, en Roma, se llamó Hércules.

Heracles fue comprado por Onfale, reina de Lidia, y a su servicio liquidó a una serpiente gigante, lo que no exigió un gran esfuerzo a quien despedazaba serpientes desde que era bebé, y capturó a los mellizos que en las noches, convertidos en moscas, robaban el sueño de la gente.

Pero a la reina Onfale no le interesaban ni un poquito esas proezas.

Ella quería un amante, no un guardián.

Pasaban encerrados casi todo el tiempo. Cuando se mostraban, el lucía collares de perlas, brazaletes de oro y coloridas enaguas que poco duraban, porque sus músculos reventaban las costuras, y ella vestía la piel del león que él había asfixiado, con sus brazos, en Nemea.

Según se decía en el reino, cuando él se portaba mal, ella le pegaba con una sandalia en el culo. Y se decía que en los ratos libres, Heracles se echaba a los pies de su dueña y se distraía hilando y tejiendo, mientras las mujeres de la corte lo abanicaban, lo peinaban, lo perfumaban, le daban de comer en la boca y le servían vino de a sorbitos.

Tres años duraron las vacaciones, hasta que Zeus, el papá, mandó que Heracles regresara de una buena vez a su trabajo y culminara sus doce hazañas de supermacho universal.

http://www.jornada.unam.mx/2009/03/22/index.php?section=cultura&article=a03a1cul

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