sábado, octubre 24, 2009

Silvio y Serrat en homenaje a Mercedes Sosa en Madrid



23 Octubre 2009
El español Joan Manuel Serrat, el cubano Silvio Rodríguez y el brasileño Caetano Veloso son algunos de los músicos que rendirán homenaje en Madrid a la argentina Mercedes Sosa, fallecida a comienzos de mes, en un acto que prepara la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB).
El evento tendrá lugar después de la próxima Cumbre Iberoamericana, que tendrá lugar en Estoril (Portugal) del 29 de noviembre al 1 de diciembre, indicó este jueves en un comunicado la SEGIB, con sede en Madrid, que no precisó la fecha.

La Secretaría Iberoamericana tiene intención de contar con la participación de “algunos de los muchos artistas iberoamericanos que acompañaron a Mercedes Sosa en su vida personal y artística, entre ellos León Gieco, Silvio Rodríguez, Caetano Veloso, Joan Manuel Serrat, Jorge Drexler, Fito Páez o Shakira”.

La cantante argentina Mercedes Sosa, considerada “la voz de América Latina”, falleció el pasado 4 de octubre en Buenos Aires.

El miércoles, un acto en memoria en París reunió al cantautor español Paco Ibáñez, el grupo chileno Quilapayún, el argentino Karumanta y el guitarrista uruguayo Omar Espinosa, entre otros.

Entrevista con Eduardo Galeano: “Vivir de verdad implica vivir apasionadamente”


Miguel Fauré Polloni
Rebelión

Un país con el nombre de un río

Tres buses, una cacciola, taxis, micros, colectivos: 36 horas. Santiago y su calor demente. Luego la cordillera, largas nocturnas pampas y mi amada Buenos Aires. La luz del primer tren hasta el Delta del Tigre. Río de la Plata, el río-mar adormeciéndonos. Llegar a Colonia y cruzar praderas hasta alcanzar, de noche, al Montevideo que Galeano tan bien dibujó en “La Canción de Nosotros”. Era febrero y era carnaval, las calles en donde el día parecía ser sólo una excusa para la siesta en espera de la noche y su juego de disfraces. Yo soñaba con esta ciudad, la intuía en las canciones de Fernando Cabrera, la olía en el mate amargo de todos los días, la pintaba azulosa como nos cantó Drexler.

La Galeano

Llegábamos al Uruguay en busca del hombre a quien le robáramos el nombre. Un nombre con el que bautizamos una experiencia que en Chile, durante diez años, jugó a sembrar afanes utópicos en territorios de la Academia. La Galeano, alguna vez intento de Universidad Social, siempre escuela de adultos y jóvenes no para cambiar el mundo sino para crearlo de nuevo. Esta Galeano estaba de cumple-década en 2009 y quería invitar a su fiesta a la víctima del robo. Era justo.

El día de los abrazos

Un par de mails bastaron para concretar el encuentro. Galeano ya sabía de nosotros por esos recovecos del azar o quizás por esa edición de la revista galeana “Las Palabras Andantes” que le entregué a Daniel Viglietti en Caracas. Nunca lo supimos. Estábamos a punto de vernos las caras y los corazones por un ratito para burlar los años que demoró esta cita. El Café Brasilero era el punto de convergencia, un añoso rincón bohemio anclado junto al puerto, donde Eduardo nos espera desde hace unos minutos. Lo vimos por el ventanal, pidiéndose un café, vestido -como siempre- de azul oscuro. Van conmigo Ignacia Moraga y Vania González. Entramos.

Embarazadas dudas a la intemperie

Nosotros trazamos borradores de cómo cambiar algo (en) el mundo. Sin guía ni certeza alguna. A la intemperie. ¿Qué son las dudas embarazadas, Eduardo? “Yo hablo siempre que hay que dudar, que dudar es bueno, contra una tradición -a mi juicio nefasta- de la izquierda tradicional que elogiaba siempre a la certeza y desconfiaba de la duda. Creo que la duda es muy buena, porque la duda genera certezas más dignas de confianza que las certezas heredadas desde la verdad dogmática. Yo tengo algunas certezas pero que cada mañana desayunan dudas, ¡por suerte!, porque esas dudas que desafían las certezas las alimentan. Yo creo que el barbudo este don Carlitos Marx no se equivocó cuando creyó que la contradicción es el motor de la historia humana. En efecto, es la duda la que hace posible que las contradicciones que toda certeza encierra puedan expresarse de una manera fecunda y libre. Eso implica una negación del pasado dogmático, la idea de que el buen militante es un buen papagayo, un mono de buena conducta, que sabe copiar pero no sabe crear: una idea ajena a lo que el mundo necesita hoy por hoy para salir de este callejón sin salida”.

Lo pequeño es hermoso

Y para salir de ese callejón están los movimientos sociales, utopías hechas a mano y sin permiso, a pulso, en la calle y el barrio: “Y unidos por esta especie de esperanza común, esperanza de que la realidad no sea un destino, que la realidad sea un desafío, donde todo pueda cambiar. No estamos condenados a repetir la Historia, podemos imaginarla, podemos hacerla”. Galeano es siempre una de las voces más queridas en instancias como los Foros Sociales Mundiales, “donde uno llegaba sintiendo que ésta es una familia más familia que la familia que tengo, porque es una familia sin fronteras, donde el único parentesco no es biológico sino la certeza de que otro mundo es posible”.

Contra los dolores evitables

“Lo que yo he aprendido, más bien a los golpes, a los porrazos, es a distinguir los dolores evitables de los dolores inevitables. O sea que los dolores que nacen de la pasión humana: el amor que pasa, la vida que pesa, la muerte que pisa, son dolores que nada, joderse, contra eso nada, pero que hay muchos otros dolores evitables que el sistema de poder multiplica. Yo siempre digo que no solamente te cobran el impuesto al valor agregado sino también el impuesto al dolor agregado: por si fueran pocos los dolores inevitables de la condición humana, el sistema te agrega otros, y entonces surgen los dolores evitables. Cada minuto mueren de hambre o de enfermedad curable 10 niños: ése es un dolor evitable, si será evitable que cada minuto este mismo mundo gasta tres millones de dólares en gastos militares, en la industria de la muerte, entonces bueno, a ver, ¿es evitable o no es evitable? ¿estamos condenados a trabajar para el exterminio del prójimo? ¿o es un sistema el que nos prepara para eso? Porque si eso es una fatalidad del destino, bueno, apagá y vamos, como han hecho varios viejos compañeros que han decidido más vale pasarla bien y olvidarse…”
Los otros nos salvan...

“Y nos pierden”, comenta entre risas cuando le cito a Rulfo, en esa idea que al final siempre son los demás, los otros, los que nos salvan: “en la medida en que la existencia es social -eso lo dijo Marx y es una cosa de sentido común- no hay existencia solitaria, ni siquiera un náufrago en una isla perdida en el océano como puede haber sido Robinson Crusoe, tuvo una inexistencia solitaria, no sólo porque se acercó ahí ese tal Viernes, sino también porque uno está habitado por la memoria de la vida vivida”.

Ser, cada uno, una multitud

Recuerdo un fragmento que quiero mucho de “Días y Noches de Amor y de Guerra”:
Yo tenía treinta años, pero entre la memoria y las ganas de seguir se había amontonado mucho dolor y mucho miedo. Había sido muchas personas, yo. ¿Cuántas cédulas de identidad tenía?

“Y sí, cada persona está llena de otras, hay una multitud dentro de mí y dentro ti y dentro ti y dentro ti (apuntándonos con el índice), cada uno es muchísimos, nadie está de veras solo. En todo caso, si te toca estar solo, no hay que vivirlo como ninguna tragedia, con la cantidad de gente que tenés adentro no te vas a aburrir, más bien tenés que pedirles que por favor no jodan, que te dejen en paz. Estamos todos habitados por las vidas que vivimos y las experiencias que tuvimos, nuestras desdichas, nuestros amores, nuestros desamores, amigos, las esperanzas, las desesperanzas, las traiciones, ¡uf! ¡si habrá cosas dentro de uno! Estamos llenos de gente”.

¿Y si eran ellas?

“Yo soy muy preguntón, muy curioso. Tuve la suerte de ver las pinturas de las cuevas de Altamira, en Santander, cuando todavía el acceso era libre, o sea antes de que las encerraran y las metieran en cristales. Entonces me tumbaron en una cama de piedra, (ahí supe que estaban en el techo y no en las paredes), y en aquel momento yo me pregunté: ¿cómo podían esos brutos pintar tan delicadamente? Si eran unos bestias que tenían que pelear a brazo partido contra los osos, contra los tigres, unos bestias totales, más bestias que los animales salvajes contra los que disputaban el derecho de existir, ¿cómo podían pintar así, tan delicadamente? ¿ellos? La pregunta era ¿o eran ellas?”

Cuando niños somos todos paganos

Al momento del encuentro Galeano estaba de luto: hacía ya dos días que había enterrado a Morgan, ese enorme y tierno perro que lo acompañaba en sus paseos por la Rambla. En uno de ellos, como siempre le ocurre a Eduardo, la vida le tendió un abrazo: ” veníamos los dos ahí caminando, con mala música, y en eso viene en dirección inversa una nenita chiquita, yo calculo que no tenía ni dos años, muy chiquita, brincaba y saludaba, ¡Hola pastito! ¡Hola pastito! … esas cosas a mí me devuelven las ganas de vivir porque a esa edad somos todos paganos. Después nos divorciamos de la naturaleza, nos divorciamos unos de otros, por culpa de una cultura que yo creo que ha hecho un daño enorme al género humano, que es la cultura dominante, ¿no? Pero a esa edad somos todos paganos, todos creemos. Esa misma niña vive unos pocos metros de mi casa, ahora tiene dos años y medio, saluda a la luna y conversa con ella con toda naturalidad. Imagina la cantidad de indios que fueron quemados en América por tener esas costumbres, de hablar con la lluvia, de hablar con la luna, de creer que la Tierra es sagrada, la cantidad que fueron asados por creer eso…”.

La realidad, una mierda, una maravilla

“La verdad es que cada día yo me desespero y cada día me desesperanzo. Me preguntan a mí ¿usted es optimista? Depende de la hora, a la hora que me agarrás. Yo no creo en los optimistas full time, esas sonrisas de oreja a oreja, que no importa, adelante que todo va a estar bien, no es lo mío. Yo creo que la realidad es una mierda pero también es una maravilla, el mundo es las dos cosas: una mierda y una maravilla. Ahora leí un poema que me gustó mucho, que me dejó acá en el café un poeta joven de Córdoba, Argentina, un chico que tendrá 18 ó 19 años. Él imagina que está conversando con un perro viejo que duerme bajo un puente, muy castigado por la vida, entonces el perro le dice ‘El mundo es una pulga muy, pero muy difícil de rascar’, me pareció estupenda, ¡mirá que linda definición del mundo!, y sí, eso es el mundo. Además me gustó porque no es nada solemne, lo hizo con ternura, no dijo el mundo es este astro del que somos huésped, esta piedra que habitamos, nada de eso, el mundo es una pulga muy difícil de rascar, perfecto, ¡bárbaro!”.

Amares de la vida cotidiana para inventar el mundo cada día…

Galeano es un hombre enamorado. No sólo de la vida, lo sabemos, también de Helena de los Sueños Mágicos. Habla de ella con una pasión y una ternura que sólo puede tener un amante adolescente. “Soy polígamo pero con una misma mujer”, ha dicho en varias ocasiones. Me imagino sus libros como pequeños atrapasueños en donde a veces, por fortuna o simple casualidad, cae uno de esos pájaros de la imaginación que Helena echa a volar por las noches. Y están por ahí revoloteando, aves caóticas, cocuyos multicolores, en distintos textos y momentos de su vida. “Sueño soñar siempre” escribió Arantxa alguna vez. Por eso, pienso ahora, comparten ellas el mismo hábito: vagar los mundos que nos reinventan cada día. Como hoy.

Entra en la noche como quien entra en un cine…

“Esta mujer tiene sueños prodigiosos, impresionantes, muy humillantes para mí, se dedica a humillarme cada mañana: hay un sadismo femenino (risas). Son muchísimos sueños así, impresionantes- que ella tiene para sintetizar la vida, para ser capaz de expresar en un lenguaje que es el lenguaje del arte, expresar procesos vitales, las cosas que ocurren en el mundo a través de una pequeña minúscula historia. Ella no escribe pero es como una narradora, entra en la noche como quien entra en un cine, y ahí hace sus películas, narra cinematográficamente la realidad”.

Mujeres que dicen chau

Galeano estuvo a punto de morir de un infarto. Había pasado su vida diciendo adiós, lo confesó a sus treinta de vivir y soñar. También a esa edad perdió a uno de sus amores más sangrados. Flavia era Mariana para salvarle la vida a Flavia. Y cuando ella no estuvo más, creo que Galeano murió un poco. Le comento sobre dos de sus cuentos que a mí me incendian por dentro: “Garúa” y “La muchacha del tajo en el mentón”. Y sí, son para la misma persona . Son la misma mujer. Y claro, esa clase de mujeres que dice chau y tá, no hay más que hacer, romperse el corazón de tanto usarlo como dice en “Resurrecciones”. Le doy las gracias entonces por poner alguna vez en palabras lo que yo siempre quise decir y no pude, aún no puedo, eso que él le escribió a una mujer que bien pudo llamarse Helena, Mariana o Ignacia:
“La confundiré con otras. Le buscaré el nombre y la voz y la cara. Le sentiré el olor en la calle. Me voy a emborrachar y no me servirá de nada, pensé, y supe, como no sea con saliva o lágrimas de esa mujer”.

Ventana sobre la pasión humana

Galeano está acá, con nosotros en este café, bajo el sol y la brisa marina montevideana, y no puedo dejar de pensar que también acá estuvo con tantos otros personajes maravillosos. A las paredes del Brasilero se arriman, por ejemplo, fotos de Zitarrosa y de Benedetti. Recuerdo que este mismo hombre que nos habla de santos y demonios estuvo también -por nombrar a los más queridos- junto al Che y a Cortázar. ¿Qué te dejaron, Eduardo? “En el fondo es quizás es una fe en la pasión humana. Buda decía que la pasión es la fuente del dolor, y que para suprimir el dolor hay que suprimir la pasión, pero a mi no me interesa ser una piedra perdida en el espacio. Yo creo que de eso se trata, del orgullo de la pasión: que venga la pasión con toda su carga de dolor, es el precio de estar vivo. Vivir duele y bueno, al que no le guste que se mate, pero digo vivir para vivir de verdad implica vivir apasionadamente”.

Gracias a la vida

Al despedirnos, Galeano nos cuenta que un viejo cliente del café, hace unos días, miraba atentamente las fotos en las paredes, en muchas de las cuales aparece Eduardo en solitario o envuelto en cálidos abrazos. “Están casi todos muertos, fíjese”, le decía maliciosamente. Nos reímos. Galeano no le teme a la muerte, se le nota. Hace muy poquito acaba de salir victorioso ante un cáncer. En su vida le ha ido ganando porfiadamente a muchas bestias asesinas. No hay nada que temer. Recordamos a Violeta Parra y esa forma tan dulce de decir adiós. Sin odios ni resentimientos, agradeciendo su intenso andar por este mundo. “Gracias a la vida” es la canción favorita de Eduardo, me lo confiesa. ¿A qué le das gracias tú, hoy?, le pregunto. Sonriendo, mirando al fondo de sí mismo, me responde: “a todo lo que dice la canción”.

Miguel Fauré Polloni. Escritor y educador chileno, creador de la Universidad Social Eduardo Galeano. Activista de movimientos por los Derechos Humanos, la No Violencia y las libertades civiles. Columnista en diversos medios alternativos internacionales.

"EL SABOR DE LOS VERSOS" - Concierto de FABIAN MENESES M -.


Los sentidos tienen funciones definidas; la poesía los libera. Es decir los oídos también pueden sentir el sabor de los sonidos, los versos y las letras. Así como el paladar pinta de colores las diferentes especias para saborear el azul, el verde y el amarillo (Anónimo Siglo XXI - dc)

Aldo Franco Y Charly Salgado en CELARG (Caracas)


ALDO FRANCO
CHARLY SALGADO

EL CANTO
Peña de Trova
CELARG, Domingo 25 de octubre, 2009- 4 pm


ALDO FRANCO
Paraguay

“Dueño de un estilo propio que mezcla la canción de autor con interpretaciones melodiosas y la virtuosidad de una magnífica voz. Con una amplia trayectoria internacional por Cuba, Venezuela, Colombia, Chile, España, Panamá, Costa Rica, Argentina y Brasil, presentándose en los escenarios más importantes y en compañía de Trovadores de alta talla internacional, Artista Invitado para la cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado (1999)

Cantautor Talento y del Mes de Junio 2007 en la afamada página internacional de canción de autor Trovadores.com, Invitado especial para el Festival FESTE JARA en Valparaiso, Chile; en Rosario, Argentina participó en el II Encuentro Internacional de Trovadores "Ernesto CHE Guevara" dentro de los festejos del 80 aniversario del nacimiento del guerrillero heroico donde compartió escenario con mas de 20 trovadores de alta talla internacional.

Ha compartido canciones y poesía con otros artistas paraguayos como Mario Casartelli, Ricardo Flecha, Hugo Ferreira, Aldo Mesa, Victor Riveros, Roberto Cáceres, Marcelo Alborno. En 2006/2007 lanzó el disco "Pletórica Soledad" y este año 2009 el álbum "Infancia de Semáforos" Aldo Franco hace canciones sociales, polémicas, románticas y satíricas sobre nuestro día a día.”

www.aldofranco.com
bissosproducciones@gmail.com


CHARLY SALGADO
Cuba

"Existen pocas figuras tan afines como estas: la canción, y quien la ejerce. El trovador especialmente – categoría e individuo – pudiera validar tal suposición. Charly Salgado, por ejemplo, puede. Y me refiero a lo siguiente: usar los mismos ojos de observar adentro para hacerlos peligrar entre la gente, disponer la propia idea salvadora ante el juicio colectivo, verter el sentimiento hacia el apetito ajeno, dirigir la íntima palabra desde el derrumbe interno hasta las locaciones exteriores derrumbadas. Los únicos ojos, la idea múltiple, el sentimiento frágil, quizás la última palabra.

Charly asume esa certeza, creo, y la proyecta de un modo más franco y transparente que mis actuales comentarios. Así afirma la ciudad, rodeado por nosotros en la capital que él nos recrea, pendiente de los miedos y la fe, abordando la uno siete cuatro, transportando su energía y su cansancio, alerta a los caminos nuevos o pretéritos, con su carga de rubor y sus humanas influencias, bitlémano, filósofo, narrador o bardo, incluso intérprete, de cuantas obsesiones agiten a su época. Hijo de vecino resuelto a perpetuar su Habana en otros hijos de vecino adyacentes.

Nadie garantiza la simpleza en un empeño semejante. Como persuasivas tentaciones aparecen el confort de los hogares, los accesos fáciles o atajos. De otra forma, asoman los obstáculos. Las manos que te aplauden, también pueden acercarte las saetas. Las dudas que te mueven, podrían detenerte. La armonía que generas, igual pudiera consumirte. Pero aquí están, y es lo valioso, la canción y quien la alumbra. La unidad en riesgo permanente."

http://www.trovacub.com/charlysalgado/

Raly Barrionuevo: postales de un chango que ya se hizo grande



En su disco Radio AM, el músico que renovó el folklore y electrificó chacareras recupera viejas joyas
Por Gabriel Plaza
De la Redacción de LA NACION


El Suncho es una planicie de monte silvestre y horizonte abierto, apenas recortado por una ruta que une los límites entre Catamarca y Santiago del Estero. El paraje no cambió prácticamente nada desde que la familia de Raly Barrionuevo salió a buscar su destino y se trasladó desde ese pequeño puesto del departamento de La Paz hasta el pueblo de Esquiú y siguió posteriormente su peregrinar hasta Frías, al otro lado de la frontera provincial.

"Frías es un pueblo santiagueño en el que se han asentado muchas familias catamarqueñas, una de las cuales fue la nuestra -cuenta como un biógrafo

el cantante?. Mi familia proviene de dos puestos catamarqueños apenas separados por la ruta. Los Barrionuevo López, por parte de mi padre, estaban de un lado de la ruta, y la familia Toledo Oyola, por parte de mi madre, del otro. Mi madre era docente y vivía en Frías y mi viejo era un bohemio que estaba en Esquiú y andaba de guitarreada con sus primos y una barra de amigos. En esas idas y venidas se ve que se han conocido".

Sus orígenes pasan en perspectiva como fotografías recuperadas de un antiguo álbum familiar. A pesar de su juventud y con cinco discos solistas en su haber, Raly Barrionuevo, el heredero de Jacinto Piedra, el folklorista que grabó con Drexler y tocó con Las Pelotas, el intérprete capaz de electrificar las chacareras de campo y el autor que renovó a mediados de los noventa la escena folklórica, decidió vestirse de criollo, como su padre, para cantar aquellas joyas olvidadas de los sesenta en su nueva producción, Radio AM.

Una mirada hacia atrás
"Soy un chango grande; entonces, por ahí, necesito mirar para atrás cómo fue mi historia, antes de arrancar con otra cosa nueva. Con Gurevich ya estamos metidos en un proyecto de canciones propias, pero todavía quiero disfrutar de este proyecto con las canciones que cantaba mi padre", dice antes de su presentación, el 6 de noviembre en La Trastienda.

Como un tributo a la historia de la bohemia musical de su pago, Raly Barrionuevo se sumergió en un viaje emocional hacia los orígenes y la identidad de otra geografía sonora entre tanta chacarera. "Una vez en una de esas juntadas que se hacen con comida y música en Frías, donde se mezcla gente grande con changos jóvenes, un señor dijo: «¿Cómo puede ser que Raly, que es hijo de los referentes de la bohemia friense, no cante esos valses tan hermosos que se hacían antes?». Yo me quedé pensando, y tenía razón. Los valses criollos y las zambas se tocaban mucho en ese tiempo, pero después Frías se santiagueñizó más. Hubo buenas razones: la movida que generó Jacinto Piedra y todo lo que provocó MPA en los 80 nos voló la cabeza a los pibes de la escuela secundaria y todos agarramos ese rumbo. Los viejos se fueron muriendo y se llevaron ese repertorio hermoso. En ese contexto nació este disco, como una forma de recuperar mi historia y la música de mi pueblo."

Zambas, tonadas y valses criollos incluidos en este proyecto discográfico, como "Pedacito de cielo", "Zamba de usted", "Carta a un cuyano", "La pulpera de Santa Lucía", "Feliz cumpleaños, mamá", "Temblando" o "Flor de lino", entre otras, se revelan como el daguerrotipo de un ambiente musical de los sesenta y la marca de una estética que lo terminó moldeando como un cantor santiagueño distinto y original. "Por un lado, Frías pertenece a Santiago del Estero, pero no es un lugar de las chacareras. Parte de la bohemia friense de los setenta cantaba principalmente valses criollos, zambas y algunas chacareras, como parte del paisaje. Es importante para mí contarlo, para que se entienda el porqué de este proyecto y por qué a los 36 años grabé un disco de valses criollos y zambas viejas. La bohemia de Frías formaba parte de un círculo que abarcaba parte de Catamarca y ésta era la música que se escuchaba y tocaba por entonces."

El hijo del Niño
El álbum es una evocación de nombres propios ?Paco Garay, Huevo Perdiguero, Raúl Juárez, Negro y Niño Barrionuevo (su padre)? que formaban esa bohemia regional, y otros que surgían como voces familiares por los parlantes de una vieja radio AM. "Durante nuestros veranos en San Lorenzo, nos la pasábamos escuchando la radio y nos aprendíamos las canciones que nos cantaban Nelly Omar, Antonio Tormo y Carlos Gardel", cuenta el artista santiagueño.

La grabación de este disco le trajo y le trae otros recuerdos. Raly, "un chango grande", de 36 años, vuelve a ser un niño por un momento. "Mis padres se separaron cuando mi hermano Daniel y yo éramos chicos. Mi mamá siguió trabajando y nos crió a los dos. A la vez, la música y la guitarra han sido protagonistas en la casa. Circulaban los discos de pasta y había un gran gusto por la música cuyana. Tenía un tío llamado Raúl Toledo, que fue integrante de Los Trovadores de Cuyo, y otro tío, Angel Herrera, que era un violero muy cuyano y los dos sabían venir. En esa época, había como un corredor cultural muy ligado a Cuyo y a ese sonido de los valses criollos. Yo me crié en ese contexto."

?Eso te dio un color diferente como artista folklórico...

?Sí, porque yo no me siento el típico cantor santiagueño o no me considero así. Creo que esta cercanía con Catamarca y esa conexión con Cuyo, sin darme cuenta, me ha influido en la forma de cantar. Uno es su historia. Por eso, llegó un punto de mi vida en que sentí la necesidad de poner un pie en casa.

Otros discos criollos

Las líneas de tu mano. El grupo Bardos Cadeneros ofrece tonadas, tangos y valsecitos con estampa criolla.


Salto mortal. Dolores Solá recupera las canciones que cantaban Magaldi, Corsini y Gardel.


Patio de tango. Un disco incunable con Lidia Borda, Brian Chambouleyron y Esteban Morgado. Uno de los primeros discos de los noventa que trabaja con clásicos criollos.

Queríamos tanto a Julio




Por Por Manuel Justo Gaggero *

Corría el año 1971, la presidencia de facto de la república estaba ocupada por el general Alejandro Agustín Lanusse. Yo vivía, en esa época, en la ciudad de Paraná, en donde habíamos constituido el Frente Unico de la Resistencia para enfrentar a la dictadura militar. En la madrugada del 18 de septiembre recibí una llamada cargada de angustia de mi hermana Emilia Susana en la que me decía que el día anterior en un departamento ubicado en la intersección de las calles Paraguay y Canning de la Capital Federal habían sido detenidos varios compañeros que integraban el Partido Revolucionario de los Trabajadores, entre los que estaba su compañero Luis Enrique Pujals. Los apresados habían sido trasladados a Coordinación Federal, menos este último, que había literalmente “desaparecido”, negando su arresto la Policía Federal.

Unos meses antes se había producido el secuestro del matrimonio Verd en San Juan y de los Maestre en Buenos Aires.

Toda la presión de la opinión pública y de los dirigentes políticos democráticos fue insuficiente para lograr saber qué había pasado. Con este caso se empezaba a perfilar lo que luego fue una práctica común de las Fuerzas Armadas durante el período del Terrorismo de Estado.

Diez años más tarde, ya en el exilio, vivía en Managua, que atravesaba el mejor momento de la Revolución Sandinista. Antes de irme al Ministerio de Justicia, aquel 18 de septiembre escuché las últimas noticias, que informaban que un comando de guerrilleros argentinos había ejecutado en Asunción del Paraguay al ex dictador Anastasio Somoza Debayle. Las noticias eran confusas y no había confirmación oficial.

A media mañana, la Dirección Nacional del Frente Sandinista dio una conferencia de prensa anunciando el operativo que había terminado con la vida del “último marine”, responsable de centenares de asesinatos y de los bombardeos a las principales ciudades nicaragüenses. En el anuncio agradecieron al comando que había llevado a cabo la acción, que estaba encabezado por Enrique Gorriarán Merlo e integrado por militantes y combatientes del PRT-ERP, entre los que se encontraba Hugo Irurzún, el “capitán Santiago”, el único abatido en la acción, asesinado por la policía paraguaya horas después del atentado. En la calle había un clima de festejo y se sentían los disparos al aire de los “compas”.

Al llegar al ministerio encontré a mis compañeros de trabajo en la calle, porque habían partido a buscar un barril de cerveza para festejar.

Santiago había participado en la ofensiva final del frente en Nicaragua en la llamada “Columna Sur” y era uno de los combatientes del ERP más destacados. Cuando llegué a Managua me esperaba en el aeropuerto para darme la bienvenida a este segundo territorio libre de América –el primero era Cuba–. Su caída en combate me generó un gran dolor.

Meses más tarde se planteó la necesidad de que esta histórica acción fuera difundida internacionalmente y en la Argentina, en donde la dictadura empezaba a debilitarse. Para ello hablamos primero con el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, a la sazón vicepresidente de la Nación, el que nos sugirió que le pidiéramos a Julio Cortázar, que hacía poco que había publicado una magnífica descripción de la Revolución Nicaragüense titulada “Nicaragua, tan violentamente dulce”, para que elaborara una novela sobre el tema.

Conversamos la idea con el pelado Gorriarán y con Roberto Sánchez y ambos sugirieron que viajara a París para plantearle el tema a Cortázar.

En mis largos años de militancia había llevado a cabo tareas difíciles, como fue la de explicarle a Ricardo Balbín que de persistir la actividad de la Triple A debería pensar en la posibilidad de trasladarse a Tucumán, en donde operaba la guerrilla de monte, o convencer a Raúl Alfonsín de que era importante que hablara con Santucho, pero ésta me parecía muy engorrosa.

Sentía una profunda admiración por Cortázar, al que consideraba uno de los mejores escritores latinoamericanos del siglo XX y un intelectual comprometido con su época y con las luchas de los pueblos del Tercer Mundo. Su publicitada solidaridad con la Revolución Cubana le había generado la antipatía de la gran prensa de los Estados Unidos y de Europa y de escritores como Vargas Llosa, entre otros.

Cuando llegué a México para tomar el vuelo a París compré un libro realmente encantador de Julio: Queremos tanto a Glenda. Lo leí en el vuelo para encontrar algún tema que fuera disparador en mi conversación con él. Igual me sentía muy nervioso y preocupado, pese a que llevaba una carta de Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, que me presentaba y le pedía a Cortázar que me recibiera.

Ya instalado en la ciudad que “bien vale una misa”, llamé a la casa de Julio y me atendió su compañera Carol, que me dijo que me esperaban para tomar unos mates; a ambos les parecía interesante conversar con un argentino que vivía en Nicaragua, país al que querían mucho.

Llegué al departamento que habitaban y en una habitación llena de libros empezamos a charlar. Lo primero que se me ocurrió decirle fue que al leer sus novelas me parecía que “inventaba” palabras. Se rió y me respondió que la función de un escritor era la de recrear el lenguaje, enriquecerlo.

En ningún momento me hacía sentir mal; por el contrario, su sencillez, la calidez con la que me recibió, me impresionaron fuertemente. El quería saber cómo era trabajar en un Ministerio de Justicia en un país revolucionario y le empecé a contar cómo se procesaba la formación de las leyes y la extraordinaria experiencia que estaba haciendo como abogado en una Nicaragua que tenía fuertes vinculaciones culturales con Argentina.

Los nicaragüenses de mi generación leían Billiken y habían aprendido a leer con Upa.

Las anécdotas se sucedían y cada vez me sentía más tranquilo y más seguro de que, sin duda, Julio y Carol eran dos personas maravillosas y queribles.

Finalmente vino la pregunta esperada: “¿Cuál es el motivo de tu visita, que, como dice Daniel en su carta, me vas a explicar vos?”. Le dije de qué se trataba, nada menos que de que escribiera una novela histórica sobre la ejecución del ex dictador en Asunción, para lo cual los compañeros que participaron estaban dispuestos a brindarle toda la información necesaria.

Tardó un momento en contestarme. Me manifestó que sentía una profunda admiración por los compañeros que habían llevado a cabo el operativo, que viajaría especialmente a Managua a conocerlos, pero que le resultaba imposible “escribir por encargo”.

Nos vimos varias veces más durante mi estadía en París y pese a que había fracasado en el objetivo que nos habíamos trazado, sentía que había conocido a un ser humano “fuera de serie”.

Un mes más tarde y fieles a su palabra, Julio y Carol viajaron a Managua, y en la casa de Tomás Borge –uno de los fundadores del Frente Sandinista– en la que se hospedaban recibieron a todos los integrantes del grupo, manteniendo una larga conversación con cada uno de ellos.

En los viajes posteriores nos seguimos viendo y comprobé que “queríamos y queremos tanto a Julio” por su prolífica producción como escritor y por su compromiso con su época y con las luchas de nuestros pueblos.

* Abogado, ex director del diario El Mundo.

Confiesa Frank Delgado que "no sabe" nada de la vida


Escrito por Lisandra Marene
Miércoles, 21 de Octubre de 2009 14:11

Lo mismo al estilo banda de rock and roll o trío Copa Rota, que en formato de conjunto de claves y guaguancó Los Rumberos del country-club o el septeto típico de sones Marabú, el cantautor Frank Delgado hizo saber ante el público asistente anoche al teatro Tomás Terry, de Cienfuegos: Ustedes los trovadores no saben nada de la vida, título de su más reciente producción discográfica.

Y como "la música anda por medios propios", a ritmo de La otra orilla; Trova tour; Matamoros, no vira pa’atrás; No me pidas la cabeza; Cuando se vaya la luz mi negra; Carnavales y otras de sus composiciones más reconocidas dentro y fuera de Cuba, los espectadores aplaudieron, bailaron y reflexionaron sobre el entorno social también con La neurona intranquila.

Según el compositor con casi una decena de fonogramas en su haber, "todo pasa por mi prisma. Soy una gente de a pie (...). Puedo explorar los lugares más bajos, una especie de buzo de la realidad. A lo mejor eso me da un punto de vista de primera mano. Me ha ayudado a no perder la brújula; a tener 50 años y que todavía mis canciones le interesan a los jóvenes".

En opinión de Alberto Guerra Naranjo, guionista de cine y uno de los más importantes narradores cubanos en la actualidad, "es el trovador cubano más comprometido de los que en su generación asumen ese reto, arriesga hasta el delirio y en su canción, a veces directa, a veces sentida en los planos más íntimos, a veces con la propuesta del signo más épico, la vanalidad, la superficie y el ejercicio fácil no ocupan espacio".

Cual acostumbra hacer, Frank develó ante los espectadores de la Perla del Sur al juglar con influencias afro, flamencas, brasileñas..., y un peculiar sentido del humor tanto como del amor. Defensor a todas del verso inteligente, el pinareño con título de Ingeniería Hidráulica se abrió paso en el Movimiento de la Nueva Trova desde 1979, para marcar paso junto a sus Santiago Feliú, Carlos Varela y Gerardo Alfonso

Gerardo Alfonso festeja Día de la Cultura Nacional


Bayamo.- Con un concierto en la Plaza de la Revolución, de esta ciudad oriental, el cantautor cubano Gerardo Alfonso celebró anoche el advenimiento de un nuevo 20 de Octubre, Día de la Cultura Nacional.

Jóvenes y adultos acudieron al histórico escenario, donde el reconocido trovador y su grupo interpretaron piezas con un fuerte contenido social y humanista, entre ellas La vida, Comiendo del pastel americano, La cima y Se puede ser. El repertorio incluyó el tema Que suene bonito, perteneciente a un nuevo disco en producción, con el cual Gerardo abraza el proyecto La ruta del esclavo, auspiciado por la UNESCO desde 1994.

La grabación - explicó el trovador- está prevista para el próximo año 2010 con el sello EGREM, incursionará en la música afrocubana y tendrá 18 canciones, que denunciarán las problemáticas raciales existentes en el mundo y abogarán por transformar esa dolorosa realidad.

Momentos muy emotivos fueron la evocación del luchador cubano-argentino Ernesto Che Guevara, y el reencuentro con canciones antológicas como Son los sueños todavía y Sábanas blancas.

La presentación incluyó propuestas del proyecto Te de jazmín, integrado por las tres féminas del colectivo, quienes deleitaron al público con temas como Agua salada y Suceso de amor.

El auditorio disfrutó además de improvisaciones que unieron las letras de Gerardo Alfonso y la sonoridad del joven y talentoso trompetista Yasek Manzano, quién actuará esta noche en el Teatro Bayamo como parte de las actividades de la XV Fiesta de la Cubanía.

Para continuar los festejos por el Día de la Cultura Nacional, Gerardo Alfonso, considerado como uno de los trovadores más representativos de la Isla, ofrecerá hoy un segundo concierto en la citada plaza.

Daniel Viglietti: ´Siempre hay que defender la alegría en voz alta y con todos los medios´


Por María Pomares
Fuente: informacion.es (Períodico de Alicante)

Cantautor uruguayo. Mario Benedetti y Daniel Viglietti unieron sus voces allá por el año 1978 y desde entonces ya nunca se separaron. Tiempo después, el músico sigue unido al poeta a través de sus textos y de su legado humano. Las dos voces, ahora fundidas en una sola, regresarán esta noche, a las 20 horas, al Paraninfo y el jueves a la Sede de Cocentaina con un concierto organizado por el Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti.

-Aunque parezca una paradoja, Benedetti estará más presente que nunca esta noche en el Paraninfo...

Sí, es una situación impar en el sentido de que este concierto ya no será a dos voces como titulábamos nuestro recital y nuestro disco, sino a una voz, pero Mario estará presente a través de sus textos. A nivel personal, me sucede algo parecido, me siento sin Mario, pero también con Mario. La fuerza expresiva de su poesía, su ejemplo humano, su lealtad con los principios del humanismo hacen que, ausente su cuerpo, su obra siga trabajando y que, en mi caso, de algún modo, me siga acompañando como ocurrirá esta noche o como ya pasó anteriormente en México, Uruguay o Argentina.

- Al margen del trabajo "A dos voces" y el exilio, ¿qué más compartió con Mario Benedetti?

La amistad sobre todo. Nos conocíamos desde finales de los años cincuenta, cuando él trabajaba en sus primeras obras literarias y yo, en mis primeras canciones, y ambos escribíamos en el semanario "Marcha". Luego, en 1978 nos encontramos en La Habana en medio del exilio, y descubrimos todo lo que teníamos en común. Poco después, nacía la idea de crear "A dos voces".

- ¿Cuál es el retrato de Mario Benedetti que va a trazar esta noche en Alicante?
Voy a recorrer diferentes trazos de los encuentros y los trabajos con él, y de las diferentes etapas de nuestra relación. También voy a acercar el recuerdo de gente que Mario admiró, y voy a incluir algún pasaje de amor porque él siempre luchó por defender la alegría como dice en uno de sus poemas.

- ¿La música siempre es el mejor aliado en esa defensa de la alegría?

No sé si es la mejor, pero sí es cierto que la alegría siempre necesita que se la defienda en voz alta y con todos los instrumentos, y la música es uno de ellos, como la poesía.

- ¿Qué tiene Daniel Viglietti de trovador?

El trovador es lo esencial en mí porque a través de la letra y de la música voy irradiando mensajes, pero no son mensajes informativos, sino cargados de emoción, aunque parece que ahora está fuera de moda. Siempre trato de decir ciertas verdades y reclamos pasados por la emoción de hacer un producto hermoso. No obstante, a veces al trovador le toca el hombre y le pide tiempo prestado, y otras veces es el comunicador el que pide ese tiempo.

- ¿Cómo se llega a esa fusión de música culta y popular que define su obra?

Ése es un fenómeno del que no he sido demasiado consciente, pero yo lo definiría como una especie de mestizaje cultural. Quizás me venga de mis raíces. Mi madre, Lyda Indart, era pianista clásica y mi padre, Cédar Viglietti, era guitarrista y folclorólogo. Esas dos vertientes se me vinieron desde niño, de modo que es difícil separar todo eso.

- Su música siempre ha caminado de la mano de causas que ha considerado justas. ¿Hay algo más allá del compromiso?

Todos estamos comprometidos, incluso Bush. El compromiso siempre está presente, lo malo es que, en ocasiones, es con el vacío, con la mentira, con la desigualdad o con el racismo. Ojalá todos estuviéramos comprometidos con la vida, con el cambio social, con la igualdad o con el camino hacia el socialismo verdadero. No obstante, la gran mayoría es gente linda y solidaria.

- Decía en una de sus canciones que "nunca oiremos tangos como los del tiempo aquél, pero hay que seguir cantando aunque ya no esté Gardel". ¿También aunque ya no esté Benedetti?

Por supuesto. Es tal la miseria imperante en millones y millones de personas que la pregunta se contesta sola. Da vergüenza saber por cifras oficiales cómo se ha acrecentado la pobreza, y el abismo de desigualdad que existe, pero en América Latina no hay reservas para oponerse a eso, y de ahí se explica que haya gobiernos progresistas de diferentes estilos intentando hacer las cosas de otro modo.

- ¿Cómo se traducirá esa oposición en las elecciones del domingo en su país?

Éstas son unas elecciones muy importantes porque, por un lado, votamos para que estos últimos cinco años de Gobierno progresista continúen y, por otro lado, hay dos plebiscitos, uno para que en las próximas elecciones los uruguayos residentes fuera del país puedan votar, y otro para anular la Ley de Caducidad y que así se pueda hacer justicia en este país con una ley que abarque a todos los terroristas de Estado de la dictadura.

- En "Canción para mi América" instaba a dar "tu mano al indio". ¿Sigue en vigor esa reivindicación en la actualidad?

Por supuesto. Aunque esa canción es de 1961, sigue siendo necesario, como también lo es que seamos conscientes de que los pueblos indígenas nos sólo nos han dado la mano desde su lucha por la identidad o con experiencias como la zapatista en México o el Gobierno de Evo Morales, sino que nos han un abrazo de esperanza que está formando un tejido muy importante en América Latina.

'La voz de la memoria' reúne a Ibáñez, Labordeta y Guerrero


Los cantautores Paco Ibáñez, José Antonio Labordeta y Pablo Guerrero protagonizarán el concierto La voz de la memoria este jueves en el palacio Euskalduna bilbaíno, una cita retrospectiva de la poesía y la música más significativas de las últimas décadas.

Con la participación de los tres reconocidos cantautores, cuyas obras "dieron testimonio y lideraron varias décadas de afirmación cultural y reivindicación política y social", según la organización del concierto, se interpretarán sus obras más conocidas. Así, durante el evento se podrán escuchar piezas como Andaluces de Jaén, A galopar, Palabras para Julia, Extremadura, A cantaros, Canto a la libertad o Banderas Rotas.

El concierto dará la oportunidad de escuchar las interpretaciones de Paco Ibáñez, conocido por los más de 150 poemas que ha trabajado a lo largo de su carrera y por sus colaboraciones con artistas como Salvador Dalí o Jorge Oteiza. Con él compartirá escenario José Antonio Labordeta, carismático cantautor y profesional de distintos medios de comunicación, entre los que destaca su labor en el programa de televisión Un país en la mochila. El trío se completará con el músico y poeta Pablo Guerrero. En su último disco, Hechos de nubes, cantantes como Pedro Guerra, Luis Eduardo Aute, Luz Casal, Ismael Serrano, Víctor Manuel o Joan Manuel Serrat interpretan sus obras.

Saber escribir: España bajo las bombas


Margarita Mateo Palmer • La Habana
Fotos: Cortesía del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau


Uno de los momentos de mayor emoción del viaje realizado por Carpentier a España durante la Guerra Civil tuvo lugar en un pequeño pueblo, Minglanilla, donde los asistentes al Congreso Internacional de Escritores conversaron con los pobladores y los niños huérfanos de Badajoz, evacuados en ese sitio. Allí, mientras dialogaban con los aldeanos, una anciana muy arrugada, con un pañuelo oscuro sobre la cabeza cana, se acercó al narrador cubano y le dijo unas palabras que lo estremecieron profundamente: “¡Ayúdennos ustedes que saben escribir!”. La impresión que le provocó este reclamo fue comentada por Carpentier del siguiente modo:


"¡Nunca me sentí tan humillado como en aquel instante, dándome cuenta de lo poco que significa el “saber escribir” ante ciertos desamparos profundos, ante ciertas miradas de fe, ante el oscuro anhelo de mundos mejores que palpita en el alma de estos campesinos castellanos…!"1
La fe de la anciana analfabeta en el poder de la palabra escrita, su confianza en un saber al que no ha tenido acceso, son un motivo importante en la escritura de las crónicas carpenterianas. Publicadas en la revista Carteles entre septiembre y octubre de 1937, España bajo las bombas es un excelente ejemplo de cómo el escritor tensa sus recursos expresivos para defender una causa y dejar testimonio de su experiencia en España durante la Guerra Civil, cumpliendo, de algún modo, la petición de la anciana que lo interpeló en Minglanilla, es decir, poniendo en juego todos los recursos de que dispone como escritor en la consumación de ese “saber escribir” en el que ella confía.


Lo primero que llama la atención es que este testimonio sobre la Guerra Civil española está antecedido por un “Preámbulo” en el que Carpentier se detiene a explicar el modo en que abordará el tema, algo inusual en él. Las “Crónicas de un viaje sin historia”, por ejemplo, aparecidas en la misma revista algunos años antes y en las que narra uno de sus viajes por España, comienzan in media res: “Al alba me despierto en Burdeos. Las ruedas de los vagones truenan a lo largo de un puente con osamenta metálica, tendido sobre un río lento y caudaloso…” (81). Ahora, la importancia del tema lo impele a reflexionar detenidamente acerca de la forma que dará a su escritura.


Según él mismo explica, en un inicio pensó escribir “algunos artículos de observación y comentarios de orden político” (133), así como realizar una fiel relación de los trabajos del Congreso. No valoró la posibilidad de un reportaje, ya que este implica “ciertas concesiones al pintoresquismo descriptivo y a lo anecdótico” (133), lo cual le parecía poco adecuado para una situación tan dramática. Al llegar a España, sin embargo, le fue imposible permanecer en un plano crítico y especulativo, y primó la lógica del corazón.


Carpentier se propone, entonces, transmitir sobre todo las emociones que le ha provocado esa experiencia. La historia del Congreso la hará “llevando paralelamente una especie de cámara fotográfica destinada a fijar lugares y gentes, así como un micrófono para recoger palabras y sonidos” (134). Ese afán testimonial, el hecho de haber sido testigo presencial de los acontecimientos, se reitera cuando afirma que todo lo narrado ha sido visto y escuchado directamente por él con sus propios ojos y sus propios oídos. Al mismo tiempo, expresa que no vacilará en citar a otros escritores que hayan sabido plasmar mejor una frase o una emoción, una práctica también muy poco frecuente en sus crónicas. Esto último sucederá en varias ocasiones, sobre todo con los textos de André Chamson, cuyas palabras llegan a conformar un epígrafe completo de una de las crónicas.


La presencia de aguzadas oposiciones es uno los aspectos que más llama la atención en la elaboración de España bajo las bombas. El escritor opera por contrastes que resultan muy efectivos. Uno de estos se establece a partir de la dualidad entre la guerra y la paz. Desde los inicios, al cruzar la frontera —“un viaje enorme de apenas dos minutos”—, tiene lugar una especie de rito de pasaje simbolizado en el tránsito por el túnel de Port-Bou. Allí se traspasa el límite entre dos realidades muy diferentes. En Francia quedan los cafetines mediterráneos, las bebidas anisadas, los pintores en la calle. España, aunque muestra un paisaje físico similar —las mismas playas de arenas finas bañadas por el mismo mar, iguales árboles y piedras—, ofrece una imagen muy diferente:
"Pero lo que aún no conocían nuestros ojos era lo que le habían añadido los mensajeros de la muerte: aquel enorme agujero abierto en la roca por una bomba de mil kilogramos; aquel puente de piedra destruido por obuses nocturnos; los cristales rotos de la estación de ferrocarril; los techos transformados en pobres esqueletos de vigas resquebrajadas… ¡Estamos en España!" (137)


Muy vinculada a la oposición anterior aparece la dualidad vida y muerte, que será el eje principal de las crónicas. Carpentier se asombra del modo en que se potencia y sublima la vida ante la amenaza constante que la acecha:


"Rodamos hacia un mundo donde los factores vida y muerte cobran nuevas categorías, nuevos significados; donde la facultad de existir se exalta hasta lo dionisíaco en un juego prodigioso y abominable contra las voluntades de aniquilamiento. Vida que se hace más palpable, precisamente, porque la presencia de la muerte la hace imperativamente más dinámica; vida que adquiere, por constantes posibilidades de no ser, una conciencia total de sí misma." (136)


La presencia y la reafirmación de la vida toman diferentes formas: el cultivo de la tierra, la defensa de la cultura, de las obras de arte, de las piezas de los museos, o las labores de reconstrucción, que se convierten en un verdadero leitmotiv. La cúpula del Ayuntamiento donde se celebra el Congreso, por ejemplo, ha sido recientemente reconstruida, sin embargo: “Todavía se evidencian en las murallas, en las columnas, en los mármoles de los barandales las huellas de la formidable explosión…”. Más adelante describirá cómo los obreros madrileños reanudan cada día su labor de Danaides, retirando escombros, apuntalando murallas, rellenando huecos. La alegría de vivir se advierte en pequeños detalles como la disposición ornamental de las tiras de papel para proteger los cristales de los ataques de la aviación, o cuando, después de un feroz bombardeo, una muchacha le dice a otra en el lugar donde se han refugiado: “Ya es muy tarde para dormir. ¿Vamos a la playa?”.
Los hospitales aparecen como una zona intermedia entre la vida y la muerte donde se tensa más aún la lucha por la supervivencia. Impresiona al autor de El siglo de las luces la “serenidad viril y esperanzada” que anima a los combatientes que aspiran a regresar al frente. Como un detalle macabro se hace referencia al bombardeo de un hospital, que vuelve a herir a los heridos, en un ensañamiento tan reiterado como mortal.


La muerte —representada por los aviones enemigos, las bombas, la amenaza constante, la destrucción— es descrita con los detalles de sus dramáticas consecuencias. Refiriéndose a Barcelona, por ejemplo, afirma el autor:


"El último raid le ha costado ciento cincuenta vidas, ciento cincuenta cadáveres alineados en las mesas frías del necrocomio. Pronto veremos las viviendas de donde fueron retirados los restos humanos; pobres casas en las que las bombas enemigas abrieron tremendos boquetes negros, respetando —¿por qué?— una leve cortina de muselina azul. Ventanas absurdamente ensanchadas por la explosión. Vigas metálicas enmarañadas como alambre de florista…" (141)

La experiencia personal del primer bombardeo es descrita cuidadosamente —“El suelo retumba y se estremece. Terremoto fugaz seguido de bofetadas de aire en todos los cristales” (151)— y da lugar a uno de los pocos momentos reflexivos de las crónicas, cuando el autor se imagina la reacción de un posible falangista sometido, al igual que sus compatriotas, a la amenaza de las bombas. La respuesta “íntima, fisiológica, muscular”, aquella que “la carne grita” ante el asedio de la metralla, no puede ser otra que la de aplaudir la llegada de los aviones republicanos.


Una de las visiones más sobrecogedoras para Carpentier es la de la destrucción de Madrid, considerada por él una de las ciudades más encantadoras que existen en el universo, un sitio especialmente amado, hasta el punto de haberse preguntado en crónicas anteriores el secreto motivo de la atracción que siente por determinados sitios de esa urbe. El nuevo paisaje que se presenta ante sus ojos establece un fuerte contraste con el Madrid alegre, pleno y acogedor del que ha disfrutado en viajes anteriores:


"La Puerta del Sol, la Gran Vía, la calle de Alcalá, parecen haber pasado por un terremoto. Los edificios presentan resquebrajaduras de treinta metros de alto. Estatuas decapitadas y caballos de bronce suspendidos en el vacío. La torre de la Telefónica, milagrosamente sostenida en equilibrio, está atravesada de parte a parte por innumerables obuses. […] Solo quedan ruinas del café Cristina en la Calle Mayor. Una bomba caída en los alrededores de Atocha ha suprimido —¡la palabra es exacta!— la mitad de un building de siete pisos, cuyas habitaciones quedan abiertas sobre la calle como los cuartos de una casa de juguete…" (169)
La violencia sobre el espacio de la intimidad doméstica, la exposición del ámbito privado de la convivencia a la luz pública es otro de los motivos reiterados en España bajo las bombas. En su desnudez y desamparo, perdido el vínculo que los integraba a la dinámica familiar, los objetos permanecen como testigos mudos de un mundo al revés. En ellos se puede leer — “con asomo de vergüenza, como quien leyera cartas que no le han sido destinadas” — la significación que tuvieron para los moradores de estos hogares hoy deshabitados:

"Aquí no queda una casa sana, un ladrillo sin herida, un árbol con las ramas enteras. Las fachadas se han abierto, como tapas de armario, dejando ver el interior de los departamentos, la intimidad de las habitaciones. Intimidad que nos conmueve, sin embargo, porque conoció actos de vida y llantos de muerte, y porque en ella nacieron sueños de hombres. […] Cámara rosa, que debe haber sabido de júbilos nupciales; cámara gris, que ha oído el último suspiro de ancianos cuyos retratos adornan las paredes. Objetos humildes, sin más valor que el conferido por un recuerdo o una ternura humana: un cofrecillo de cobre repujado, un óleo de poca alcurnia, una muñeca sonriente, una cortina bordada por la niña amada, un caballito de madera…" (172)

Carpentier advierte la dimensión simbólica del espacio que contempla, y en su afán testimonial, deja a los objetos expresar su significación más profunda. En estas crónicas los objetos hablan. Ejemplo de ello es el libro de Neruda, su Góngora monumental, que aparece travesado de parte a parte por una bala cuando el poeta chileno visita su antiguo departamento de la calle Argüelles, habitado ahora por los milicianos, donde encuentra intocadas sus ediciones raras, su máscaras javanesas.
Otro de los recursos utilizados por el escritor son las enumeraciones que, en su acumulación caótica, remiten al mundo violentado por la guerra. Los milicianos de la calle Alberto Aguilera, por ejemplo, aparecen sentados en:


"…muebles cojos que han caído de las casas: bancos de cocina y butacas de Luis XV, taburetes de piano y sillones de mimbre. El centro de la vía está constelado de cristales rotos, tejas quebradas, cazuelas agujereadas, botellas truncas, maderas con clavos enmohecidos, asas de ollas y tibores." (173)


Otro de los motivos reiterados en el texto es el silencio, contrapunteado tanto con la música, como con el estruendo de la guerra. En “Crónicas de un viaje sin historia”, los cantos, los bailes, las zarzuelas habían sido una presencia constante en la descripción de Madrid, una ciudad que brindaba “al viajero una incomparable dulzura de vivir”. Como uno de sus más gratos recuerdos de aquel viaje Carpentier rememoraba entonces su encuentro con el músico ciego tocador de armonio a quien se unió para tocar una danza de Granados a cuatro manos. Las retretas de la Moncloa, el alegre bullicio de la Verbena de la Paloma, el jolgorio de los teatros, los pasodobles, el ambiente festivo, son una constante en esa visión de la ciudad amable. No es de extrañar que ahora el silencio, asociado con la guerra, resulte sobrecogedor. En el paseo de Rosales, donde antes se oían los melodiosos sonidos del quiosco de la música “reina hoy el silencio más absoluto que hayan percibido nuestros sentidos; verdadero silencio de muerte” (175). En una especie de ubi sunt, Carpentier rememora lo que ya no está o ha sido transformado al punto de hacerse casi irreconocible:


"¿Y el quiosco de la Moncloa, donde tantas veces oí ejecutar prestigiosamente el Andantino de la Séptima Sinfonía? Está ahí, hecho una maraña de alambres y de barrotes, en su media plataforma donde las granadas hicieron carambolas de fuego." (175)

Pero es en el barrio de Argüelles, símbolo de la resistencia de Madrid, donde sus emociones alcanzan ese fortíssimo de partitura musical anunciado en el preámbulo cuando, durante un paseo, tropieza con un espectáculo increíble:


"…en el medio salón de una media casa, bajo un medio techo, junto a una media ventana, una muchacha sonriente y linda hace sus ejercicios en un medio piano. La parte del teclado correspondiente a la clave de fa ha desaparecido. Solo quedan las notas de la clave de sol." (176)
Como una expresión simbólica de la resistencia de Madrid escucha el narrador cubano “el sonido conmovedor del pobre piano herido”, desde donde se eleva una melodía que no podrá ser apagada por “el estrépito infernal de cuatrocientos obuses”. (176)


Las crónicas de España bajo las bombas son un excelente ejemplo de cómo el “saber escribir” reclamado por la anciana de Minglanilla se ha tensado en la prosa carpenteriana para defender a España a través del “crescendo de la emoción profunda de ese viaje que se regula como un amplificador de partitura musical” y culmina con la música que nace del piano mutilado, entre las ruinas, expresión de la voluntad de vivir, de la afirmación de lo humano y de la posibilidad de vencer a la muerte.

Notas
1 Alejo Carpentier: Bajo el signo de la Cibeles. Madrid, Editorial Nuestra Cultura, 1979, p. 162. A partir de ahora se citará de esta edición señalando la paginación directamente entre paréntesis.

Manifiesto del Movimiento Iberoamericano de Juglares, poetas y trovadores.


Redacción Artez

Miércoles, 21 de Octubre de 2009 14:32

El mundo se globaliza, los medios atan el suceso al ojo, la imagen navega más que cualquier barco y gesta esa ilusión que llaman “realidad”. Así, condenados al plasma y a su ventana electrónica, asistimos al fluir de un mundo que no incluye muchas de las cosas que más amamos, que no incluye cómo caminas por tu calle, cómo vienes a mi abrazo o cómo es la noche cuando el amor abre la puerta a las tímidas palabras con que te desnudo y me desnudas. Tampoco la forma en que me miras, los sueños que sueñas o la danza con que festejamos los hijos y el nuevo sol por venir. Y mucho menos aún a la poesía, colocada en el estante de las excepciones, borrándose en sus libros, mientras triunfan el músculo, el dinero o el suceso de sangre que “aterra et impera”, como si el miedo, que lleva a las multitudes a tomar posiciones, a elegir y a aceptar gobernantes y destinos, no empollara a diario, como una gallina, los huevos de la guerra, puliendo, con dedicación y ciencia, la voz masiva y sonora de la moda y la amenaza.

- “¿Para qué sirven los versos? ¿Para qué pensar en lo que no importa? Es tan ocioso como soñar con lo que nunca se alcanzará. A tu mano tienes todo lo que necesitas. ¿Para qué pensar tanto? Mira, entérate de algo. Tú también puedes, estás incluido, sólo tienes que llamar al teléfono de turno.”

Y así las cosas. Entretanto, en los rincones del planeta los campesinos de la vida siguen, contra todo pronóstico, cultivando otro jardín. Son remeros contra corriente y también se felicitan, cuando al final de la jornada, pueden abrazar a su reemplazo y contarle, que aunque la barca no ha avanzado, por lo menos se mantiene en su sitio contra el torbellino, sí, en ese mismo sitio cargado de presente y empezar. Son esos campesinos quienes labran el aire de sonidos, las mañanas con cantos de trabajo, las tardes con voces que trepan en el fuego del invierno y las noches de desvelo y besos para dinamitar toda desesperanza. Ellos no sólo afinan la voz o deslizan dedos y dolores y alegrías sobre el encordado, ellos cultivan, antes que nada, el viejo arte de pensar, ese terco hábito que no se conforma con su concertada reclusión al oscuro desván de las excepciones. Pensar, sí. Pensar en la miga de pan y en el orden del planeta, en la mariposa de Beaudelaire que vuela hacia la luz o en la naranja que desafía el sol de tan amarilla en su naranjo, aquí en La Mancha o allá, en el otro lado del océano, al borde de un patio de parras y mecedora donde una abuela con “morriña” nos recuerda la nuestra propia, ahora mismo. Esos campesinos de hoy empuñan guitarras y ordenadores, ellos hurgan en la memoria y la reconstruyen, ellos procuran hacer de la tierra más que un sitio de paso y como diría Huidobro, dejarla caliente para muchos siglos.

Porque ellos, nosotros, venimos de otro tiempo y atravesamos las épocas. Fuimos aedos en Grecia, juglares y trovadores en la umbría campiña de una edad media de castillos e iglesias. Con nuestras manos desnudas desafiamos a las máquinas cuando la fábrica se hizo abrazo mortal para hombres, mujeres y niños. Y alzamos la voz y lo que somos contra la guerra y la devastación, contra la irracionalidad y el duro egoísmo de quien crece con la muerte y la derrota del hombre. Y renunciamos a esperar, con los ojos abiertos, esa la bala de silencio que una vez fue disparada contra nuestro destino de nombrar aquello que aún no tiene nombre.
No. No nos hemos rendido. No. No hemos renunciado a esta pasión que nos lleva a hacer de la verdad una flor, de la voz una caricia, de la idea un vuelo veloz nacido del jardín de las palabras y los cantos, para que su aroma perdure, en cada casa, hasta que llegue el día.

Porque aquellos campesinos del dolor y la alegría somos nosotros, los juglares y poetas, los que heredamos, voluntariamente, el viejo oficio de vivir lúcidos y morir inconclusos, de asumir el mundo como si fuese una casa y la casa como si fuese un prado y el prado como si fuesen los ojos de la amada o el amado y éstos como los labios donde el beso de la vida hace que todo vuelva a tener sentido.

Queremos ser los juglares de un nuevo siglo. Caminantes del poema y del cantar, del decir y del crear. Queremos recuperar la palabra, la poesía y la canción capaz de atravesar el muro espeso del vacío, la boba “realidad” que nos ata a la butaca y nos torna espectadores de un mundo donde somos los actores, al menos por espacio de una vida . Queremos ser, en síntesis, hombres y mujeres que han decidido hacer de la poesía, del canto y del gesto, un nuevo puerto a donde llegar, para reunirse al calor de las palabras y volver a abrazar la vida. Por eso hemos decidido unir nuestras voces y hacernos fuerza y abrazo, hogar de caminantes y ventana abierta a la lluvia de una eterna primavera y sus rosas.

Somos Juglares XXI, integrantes desde hoy, del MOVIMIENTO IBEROAMERICANO DE JUGLARES, POETAS y TROVADORES.

Y hoy subimos el telón de esta aventura. Un día. Sólo un día más. Como todos los días que nos esperan.

Luis Masci

Texto leído por Luis Masci en el lanzamiento del Movimiento Iberoamericano de Juglares, poetas y trovadores. Juglares XXI, el pasado sábado 18 de octubre, en el marco del IX Festival Iberoamericano de Teatro Contemporáneo de Almagro.

jueves, octubre 22, 2009

Alejo Carpentier y españa



Una relación de solidaridad y amor
Ana Cairo • La Habana

Las relaciones entre Alejo Carpentier y España, particularmente con la Guerra Civil, comenzaron desde el año 1924 ó 1925. Alejo va a tener amistades que después van a ser personalidades tanto en la vida republicana a partir de 1931, como después en la guerra.
Es una característica no solo de Alejo, sino de buena parte de los intelectuales cubanos que interactuaban con él. Voy a poner dos casos: Luis Jiménez de Asúa, de quien ya en el 25 estuvieron pidiendo su libertad ―Alejo firmó el telegrama que enviaron los revolucionarios para pedir su excarcelación―, y Luis Araquistáin, quien estuvo mucho tiempo en La Habana y en su famoso libro La agonía antillana, le dedica un capítulo a Cuba. Ambos ejemplos confirman que los cubanos y los españoles tengan relaciones de amistad y fraternidad mucho antes de que fuera proclamada la República.

Hay otro momento importante en la vida de Alejo: París. Cuando él va a vivir a París a partir del año 28, va a encontrar españoles exilados allí, con los que va a hacer amistad. Tal es el caso de Julio Álvarez del Vayo, novelista y difusor. También, por ejemplo, conoció a Eugenio D´Ors. Es decir, va a tener relaciones que van a completar lo que se avanzó en La Habana.

A partir del año 32, en que mejoró su situación económica porque comenzó a trabajar en la radio, comenzó a hacer viajes a España. Ya Margarita [Mateo Palmer] aludía a esas crónicas primeras y junto con ellas hay temas que él va a tocar mucho después. Por ejemplo, Alejo fue al estreno de Yerma, de Federico García Lorca, y eso no lo va a contar en las famosas crónicas recogidas en Carteles, sino en otras hojas que están dispersas todavía. Quiero mencionar una que para mí es trascendente: Abajo la inteligencia, viva la muerte. Es un texto de julio de 1938 que solo se ha republicado ―hasta donde yo conozco― en el número que se le dedicó a Carpentier por la Biblioteca Nacional en el 2004. El lector cubano no lo ha leído mucho. Apareció en Mediodía. Tiene una altura similar a España bajo las bombas. Trata sobre el compromiso de Alejo como intelectual antifascista. Ahí explica que es un intelectual que está contra todos los fascismos, no solo contra el español, sino contra todo aquello que sea una manifestación de esa ideología reaccionaria que va a llevar al mundo a la guerra y que está detrás de la Guerra Civil Española.

Es una declaración de principios, pero a la vez el propio título del texto está recordando un pasaje famoso de los inicios de la Guerra Civil: octubre de 1936, Paraninfo de la Universidad de Salamanca. En el momento en que Unamuno es rector de la Universidad, se ha producido un enfrentamiento entre este y el general Astral, militar fascista, y en medio del Paraninfo este militar grita “¡abajo la inteligencia, viva la muerte!”. Como decía Alejo, en esas palabras está la esencia reaccionaria de todos los fascismos.

En esta declaración de principios en defensa del antifascismo, hay anécdotas de su viaje a Madrid en 1933, donde relata que se enteró de la caída de Machado. El 12 de agosto del 33 participa del jolgorio de los españoles en solidaridad con los cubanos antimachadistas. Luego fue al estreno de Yerma y relata cómo hubo un enfrentamiento en el teatro entre los “señoritos” del fascismo y los intelectuales revolucionarios. El estreno de la obra de Lorca se convirtió en un campo de batalla.

Hay también obras de Carpentier que incluyen algunas referencias sobre los emigrados cubanos, por ejemplo, en la narración de él sobre Julio Álvarez del Vayo y Luis Araquistáin, quienes fundan la Editorial España, que va a tener una intensa labor de promoción del libro republicano. Es precisamente esta editorial la que le va a publicar a él Ecue Yambao. Por lo tanto, hay una conexión: Alejo fue un beneficiado de la política cultural española con la edición de ese libro. Va tejiendo lazos, por ejemplo: a uno de los que trabajan en la Editorial España, Carpentier se lo va a encontrar años después en México, y va a ser el fundador también de la editorial donde luego publica El reino de este mundo.

Es decir, la relación de Alejo con la comunidad intelectual española es complicada, extensa, requiere, yo diría, hacer un libro que relate sus relaciones con Rafael Alberti, por ejemplo, materializadas en la colaboración de él en la revista Octubre, donde publica en el año 33 el Retrato de un dictador. Es también una relación que tiene que ver con un suceso tan importante como el Congreso, pero con una segunda parte que tuvo ese Congreso ―documento que creo ha sido poco distribuido―: los participantes latinoamericanos en el Congreso del 37 hicieron un manifiesto firmado por todos y que salió en la prensa cubana. Es un llamado a los intelectuales latinoamericanos que no fueron al Congreso a incorporarse en el movimiento pro-república.

Hay otro manifiesto muy interesante que Alejo firmó en el 39. Cuando están varados infinidad de cubanos que están saliendo de la guerra, se ha creado una situación muy difícil en el país porque estos hombres no tienen con qué vivir ni con qué regresar a Cuba. Un grupo de intelectuales, entre ellos Carpentier y Lino Novás Calvo, hacen un llamamiento a los obreros cubanos para que hagan una colecta para que esos cubanos puedan regresar al país. Habría que mencionar también como una página interesante, la relación de Alejo con otros republicanos en Venezuela, en México, una actitud muy consecuente con el republicanismo que se va a materializar en tiempos de la guerra y después de la guerra.

Quería recordar otra crónica que es trascendente, escrita en 1939 y que justamente por estos días cumple sus 70 años: la crónica sobre Miguel Hernández. Si mal no recuerdo, en agosto de ese año se corrió la noticia de que Miguel había sido fusilado. La noticia dio la vuelta al mundo. Motivó que los intelectuales cubanos que lo habían conocido escribieran y Alejo escribe un texto muy bello. Luego se desmiente la noticia y Miguel no muere hasta tres años después. Pero Alejo fue el responsable de la única grabación que existe de la voz de Miguel Hernández. Esa grabación la trajo a Cuba y se difundió en el momento en que se creía muerto en el año 39 y sobre todo cuando la Alcaldía de La Habana le hizo un gran homenaje, tres años más tarde. Ese es un texto de la misma altura de Abajo la inteligencia, viva la muerte y de España bajo las bombas. Forman parte de ese complejo mundo emocional de las relaciones de Alejo con España.

Quería recordar otra página. Hablé de Alejo solidarizado con esos cubanos varados tras la guerra. Pues Alejo recuperó también un documento muy interesante y que está en su archivo: una canción que hizo Julio Cuevas. Este músico cubano estuvo preso en un campo de concentración y allí hizo una guaracha que Alejo copió. La canción cuenta todo lo que pasaron los combatientes cubanos y muchos otros republicanos en el campo de concentración. Se salvó gracias a la precaución de Alejo, al igual que la voz de Miguel Hernández.

Alejo es no solo una personalidad del mundo de la ficción, sino también del mundo de la historia, con una clara conciencia de lo que tiene valor histórico. Quisiera recordar por último que Alejo fue solidario hasta el final con la causa española y lo voy a materializar solo con un ejemplo: el regreso de Antonio Machado a la cultura. Trabajando con los papeles de Alejo supe que perteneció al Comité Internacional de los intelectuales por recuperar la figura de Antonio Machado, muy odiada por los franquistas. Alrededor de 1975 hay un movimiento en España para que definitivamente Antonio Machado entrara por la puerta que le correspondía en la historia de la poesía en lengua española. Y allí estuvo también Alejo.

Creo que es uno de los casos más interesantes de solidaridad, de amor a la cultura española y no solo en los textos más conocidos, sino en otros que lo son menos. Alejo Carpentier es al siglo XX como fue Martí al XIX, en lo que respecta a las relaciones entre los cubanos y los españoles. Las páginas indestructibles que narran las relaciones cubano-españolas en el siglo XX están unidas a la obra de Carpentier.

La sencilla grandeza de un colibrí

Amaya Paz y Gina Hernández • La Habana
Fotos: Cortesía de la autora


“Sin la mujer
hubiera sido distinta la lucha,
hubiera sido distinto el combate…”


Para llegar al apartamento, marcado con el número 67, de la calle Perseverancia, en lo más céntrico de La Habana, hay que subir una escalera de mármol con olor a gato. Un solo toque no basta, hay que llamar insistentemente. Adentro de la modestísima casa que comparte con su único hijo, Roberto, hay un olor penetrante a salitre que trae la brisa del cercano malecón.



Un montón de papeles, recortes de diarios y fotos, colocados sin orden en la mesita de centro, cobijan la memoria de esta mujer que no para de hablar y preguntar. Vizcaíno prepara una tasa de café mientras se oye el canto de un gorrión que espera paciente por su trozo de pan diario. Las manos nerviosas intentan encontrar, entre los papeles, una foto. “¡Robertico, enséñales esta foto a las periodistas!” La voz vibra pero la sonrisa inunda los cuatro puntos de la habitación como si esta mujer volviera a vivir, y el pasado no fuera más que una estación a donde van a refugiarse los recuerdos.

Profesora de música, enfermera, amante del deporte y luchadora contra las injusticias, conoció a Tina Modotti y a Dolores Ibárruri, La Pasionaria. Visitaron su casa Ernesto Guevara, Roque Dalton, Miguel Ángel Asturias, Carlos Fonseca, Haydée Santamaría, Tamara Bunke, Fabricio Ojeda, Antonio Vidali, el comandante Carlos…

El 22 de diciembre de 2004, María Luisa Lafita de Juan, la última de las cubanas que participó en la Guerra Civil Española falleció a la tierna y hermosa edad de 94 años. La luz de sus intensos ojos azules se había apagado hacía tiempo, pero no la de su apasionada y rebelde existencia. Ella vivió sus últimos años en la penumbra de un viejo apartamento en Centro Habana.

¿Olvidada? No sé. Ella nunca creyó en falsos cumplidos. Prefería la mirada transparente y la calidez de un abrazo sincero. Se fue de este mundo calladamente, sin alardes. Una vida como la suya vivida, gozada y sufrida no cabe en estas cuartillas.

Un acontecimiento como la Guerra Civil España, cuya repercusión mundial atrajo a personas de todo el mundo, significó no solo un antes y un después en la vida de la humanidad, sino un antes y un después en la vida de muchas mujeres, entre ellas, la de María Luisa Lafita. Aquí está el testimonio de esta mujer cubana-española que se dio a los demás, pura y sinceramente, como solo saben hacerlo los que tienen el alma limpia y la sencilla grandeza de un colibrí.

Entre el piano y la escopeta

Nació en Madrid, el 31 de agosto de 1910. Hija del ingeniero español Gustavo Lafita y Angelina de Juan. Llegó a Cuba con sus padres a los dos años de edad. Realizó los estudios primarios en la escuela norteamericana Elisa Bowman, de Cienfuegos, perteneciente a la iglesia protestante. En su adolescencia jugó tenis con un apuesto joven llamado Carlos Rafael Rodríguez y también practicó la equitación.

“Siempre me gustó treparme en los caballos y salir corriendo y corriendo… Cuando montaba uno de aquellos caballos árabes que tenía mi padre sentía una rara sensación, mezcla de temeridad y sobrecogimiento. También fui tenista —entonces había varios grupos que practicaban ese deporte en los colegios privados, en los círculos de sociedad—; y, por supuesto, era certera tiradora porque mi padre quiso prepararme bien para la vida. Con solo siete años empecé a tirar con escopeta de motas —unas balitas pequeñitas, puntiagudas, con una motita atrás—. Con el tiempo papá me adiestró en el manejo de las armas. Él había sido campeón de tiro. Me enseñó a tirar con perdigones, con balines y, luego, con todo tipo de armas. Eso me sirvió muchísimo en la Guerra Civil Española donde se necesitaba tirar y tirar bien.

“En casa nunca fuimos sectaristas, éramos ideologistas pero no sectaristas. A todos aquellos que estaban luchando por derrocar una tiranía que reprimía al pueblo mis padres los apoyaban. Y crecí viendo eso, ese desprendimiento, que era natural, espontáneo, que salía del corazón.”

Su padre, el ingeniero Gustavo Lafita, pertenecía a la Juventud Socialista Española. En Cuba se unió al estudiante Pío Álvarez. Juntos organizaron un atentado contra Gerardo Machado y otro de sus allegados, el político Clemente Vázquez Bello. El intento fracasó y Lafita fue asesinado por la porra machadista, en 1932.

“Después que mataron a papá, continuamos solas mi madre y yo. Nos mudamos para San Miguel y San Nicolás, aquí en Centro Habana, cerquita de esta, mi actual casa. El apartamento era grande, tenía como ocho o nueve habitaciones y sirvió de refugio para muchos revolucionarios, estudiantes, líderes que andaban huyendo como Menelao Mora, Ramiro Valdés Daussá...”

María Luisa se graduó de maestra de piano y música en el Conservatorio Hubert de Blanck, en La Habana. En 1934 se casó con Pedro Vizcaíno Urquiaga…

El amor y la guerra

“Vizcaíno fue mi único amor, con quien compartí alegrías y penurias. Era muy cariñoso conmigo. Floro Pérez Díaz, uno de los jefes de Acción Directa de los estudiantes en la Universidad de La Habana, y él habían estado presos tres veces cuando el machadato. Eso fue antes que yo lo conociera. Él vino muchas veces a casa, algunas estuvo escondido de la porra. Imagínate, la cosa se estaba poniendo muy fea para el gobierno de Machado, que les tenía un odio atroz a los estudiantes. Entonces Pedro cayó preso cuando el atentado a Arsenio Ortiz, un tipo de la peor calaña, un asesino sin escrúpulos. Lo enviaron a Isla de Pinos y allí conoció a Pablo de la Torriente Brau. Los dos hicieron una verdadera y profunda amistad.”

Enérgica, alegre y valiente, María Luisa era temeraria. Integró el comité para la huelga de marzo de 1935 en contra del golpe dado por Batista. Debido a la grave situación política le fue imposible vivir en Cuba. Junto a su esposo, su madre y su pequeño hijo salen hacia España, pues allí tenían familiares.

“Salimos de Cuba en el vapor Órbita. Contra Pedro había una orden de detención y eso, en aquella época, era muerte segura. Llegamos en abril de 1935. Casi a la semana de estar en Madrid, lo primero que hicimos fue fundar la Asociación de Revolucionarios Antimperialistas Cubanos, esa asociación la fundamos Pedro Vizcaíno y yo, y a los pocos días empezaron a llegar adhesiones. Se sumaron muchísimos compañeros cubanos para el ejecutivo: Moisés Raigorovski, Alberto Sánchez, Wifredo Lam y otros revolucionarios puertorriqueños, también exilados. En aquella época el Socorro Rojo Internacional estaba dirigido por Vitorio Vidali, el comandante Carlos y por Tina Modotti, con la cual participé como enfermera en la guerra. Tina y yo nos llevábamos como dos hermanas.

Vidali y Tina llevaban en España apenas un año cuando nosotros llegamos y les contamos sobre la situación de Cuba, lo que estaba pasando, la intromisión del imperialismo yanqui... Tina nos dijo que llamaría a María Teresa León, la compañera del poeta Rafael Alberti, quien había creado una organización que se llamaba Ayuda, que tenía una gran representación política, de intelectuales, algunos eran comunistas, socialistas, troskistas, anarquistas, gente de izquierda, progresista, había escritores famosos, gente de cine, en fin, que estaban contra el fascismo...

“A los pocos días fuimos a ver a María Teresa León a su casa, ubicada en la calle Alberto Aguilera... Era un apartamento en el último piso de un edificio, muy sencillo, ordenado, con libreros en las paredes y había una mesita para tomar el té. Nos recibió como si fuéramos sus familiares. En España, y más en aquella época republicana, se quería mucho a Cuba. Vaya, yo diría que no se ponía límites al cariño. No, no, no… no se podía decir nada malo de Cuba delante de uno de aquellos revolucionarios españoles, ni siquiera que un cubano era feo, porque entonces te decían: ¿Óigame, y cómo usted ve que está feo? Yo no he visto todavía a ningún cubano feo. No querían que se dijera nada malo de los cubanos, quizá era una exageración, pero era así.

“Pues bien a María Teresa le contamos sobre el Comité de la Asociación de Revolucionarios Antimperialistas Cubanos, que era la primera organización latinoamericana, entonces también cubana, que peleaba contra el nazifascismo; pero que venía de una experiencia de lucha en Cuba, y por lo tanto, era también antimperialista.
“Nos integramos de inmediato al Socorro Rojo Internacional pero, al mismo tiempo, trabajábamos y estudiábamos. Yo daba clases de Música o de Inglés, y mi marido ayudaba a un ingeniero electricista en las horas que no tenía que ir a la Universidad de Madrid donde asistía a clases de Derecho como oyente. Robertico, nuestro hijo, era chiquitito entonces y estaba al cuidado de mi madre. A los pocos días del estallido de la guerra, nos dan la orden de irnos para Somosierra. Mi mamá y otras mujeres fueron al Socorro Rojo Internacional, se llevaron dos o tres máquinas de coser —los fascistas habían roto los uniformes para evitar que el pueblo los cogiera—, y aquellas mujeres prepararon un pollerito grande y ahí escondieron los uniformes.

“Los miembros de la organización habíamos pedido permiso en el radio oeste de Madrid para hacer ejercicios militares y así prepararnos. Eso fue unas semanas antes de que estallara la guerra. Lo de la guerra era inminente, se veía venir.

“Como conocían que habíamos iniciado esos preparativos, nos dijeron que había que tomar las armas porque el enemigo se había adueñado del Cuartel de la Montaña y había que ir a pelear. Y la respuesta fue muy valiente, ni uno solo se negó, todos los cubanos, los puertorriqueños, todos preguntaron qué había que hacer... Y la cosa no estaba buena, óiganme aquella gente tirándonos desde adentro del cuartel era algo muy serio…”

La muchacha atraviesa con prisa la gran plaza de Madrid. El cañoneo es constante y hay varios heridos. El fuego de las ametralladoras inunda el cielo como si fueran lucecitas de navidad solo que ya no hay Santa Claus anunciando baratijas en las vidrieras sino ruido y ajetreo de hombres y mujeres, llantos de niños, rostros ocultos detrás de los parapetos, escombros y ese zumbido inconfundible de los aviones que pasan rozando el suelo, llenando el aire de sombra y pavor.

Madrid es un avispero. María Luisa intenta correr de un lado a otro de la inmensa plaza sin importarle la metralla. Descubre el cuerpo casi inerte de un miliciano que ha recibido una herida en el tórax. La ambulancia está repleta. Es apenas un fantasma en medio de la noche centelleante. El capitán-médico da las primeras órdenes: “¡Plasma, más plasma, con urgencia, se nos muere!” María Luisa se agita y el soldado la mira con una sonrisa en los labios. Ella llora mientras le cierra por última vez los ojos intensamente azules.

“En la toma del Cuartel de la Montaña participó mucha gente del pueblo. ¿Saben cuántos soldados había en ese Cuartel, cuánta gente tenían allí los fascistas? Nada menos que diez mil hombres. Solamente ese año se habían graduado 700 oficiales de los distintos cuerpos y, como una parte de la dirección militar se había pasado al enemigo, mandaron los 700 oficiales a defender el Cuartel de la Montaña. Eso sin contar con los que ya estaban en el Cuartel de la Montaña, generales y de todo allá dentro...”




¿Y había muchas mujeres en la defensa?

¡Cómo no! y peleaban con lo que tenían o podían, hasta con un palo, con lo que fuera.
Tomado el Cuartel de la Montaña a María Luisa se le envió como enfermera al Hospital de Maudes y allí conoció a Tina Modotti, Matilde Landa, María Valero…

“Hay que preparar el Hospital Obrero para recibir y atender a los heridos —nos dijo el doctor Planelles—. Eran tantos que no se sabía cómo darles atención de urgencia. Ya se había tomado el Cuartel, pero había que resolver lo de los heridos. Por eso se decidió tomar el Hospital Obrero, que en aquella época era uno de los más grandes de Europa. Había que abrir las puertas, pero no había llaves, rompieron una de las principales y logramos entrar. Rápidamente preparamos los quirófanos, las camas, buscamos plasmas y acondicionamos todo como pudimos pero necesitábamos más gente. Llamamos a las que sabíamos eran de izquierda. Se presentaron muchas mujeres, entre ellas María Valero, que era estudiante de Filosofía y Letras, muy inteligente, bonita y valiente. Pero en esa función solo estuvimos apenas unas semanas porque Vittorio Vidali fundó el 5to. Regimiento y, como ustedes saben, el 5to. Regimiento necesitaba gente que supiera tirar, al menos, que supiera de armas y, bueno, yo tiraba bastante bien, modestia aparte... También necesitaban personas que supieran cuidar de los heridos…

“Cuando las ambulancias se metían a recoger heridos en las avanzadas de Somosierra, le salían las patrullas de tiradores, entonces, había que llevar tiradores para protegerlas. Una de las que iba con ametralladora al frente era yo.

“Es horrible una guerra. Se imaginan, cientos y cientos de heridos y muertos y tantas cosas.... Son imágenes que siempre están ahí, dándole vuelta a una en la cabeza y no puedes olvidar por más que pasen los años...”

Y también se cantaba

“Un día, en una de esas esperas largas, cuando el tiempo parece detenido pero una sabe que solo es una ilusión... porque la guerra crea, por momentos, un mundo de irrealidad, a una le parece que todo el tiempo vivido anteriormente fue efímero y solo el presente de la guerra es el verdadero, el real. Sin embargo, hay momentos en que en medio de esa realidad y crueldad de la guerra, se sorprende ante las cosas más sencillas y emocionantes, un recuerdo, una música, el olor de una flor... Ese día estábamos juntas Tina y yo, y me dice ella muy resuelta: ¡Vamos a cantar! Ahora no nos van a atacar, seguro que esperan hasta mañana y para los enfermos que están por aquí será un consuelo... A ella le gustaba cantar y cantaba bien…”

¿Y qué cantaban?

Verán, a eso voy. Ella hacía el papel de segunda, porque tenía la voz de mesosoprano, y yo tenía la voz de soprano, entonces formábamos un dúo. Ella hacía el segundo y yo el primo. Le gustaba mucho “Quiéreme mucho”, de Gonzalo Roig y “O sole mío”.

¿Y lo cantaban en italiano?

En italiano, claro. Yo sabía esas canciones porque mi padre, que además de ser ingeniero civil, tocaba el piano como un concertista y cantaba lindísimo, también mi mamá —todavía guardo su laúd—. Ellos me enseñaron muchas cosas. ¿Ustedes saben cuál es “O sole mío”, no? Había que oír a Tina. Todavía lo recuerdo y me entran deseos de llorar... Se dan cuenta, éramos dos mujeres. Yo, con apenas 23 años y Tina un poco mayor, ella me llevaba 15... Y cantando en medio de una guerra... Muchos pensaban que estábamos locas porque se esperaba el ataque de los aviones —las “pavas cagonas”, como le decían— y de las fuerzas terrestres, y nosotras cantando como si nada: “O sole mío, cual pliuma al vento/ molta tel chento/ e di pense...”

No hay palabras suficientes*

I. de la Paz y Elizabet Rodríguez • La Habana
Fotos: Idania Trujillo y Archivo de los testimoniantes

Sobre la Guerra Civil Española se ha escrito profusamente. Su significación desbordó las fronteras de la propia España y, aunque durante un largo tiempo, aquella guerra fue condenada al olvido, como dijera el poeta uruguayo Mario Benedetti siempre “el olvido está lleno de memoria”. Más allá de todo lo que se ha escrito y contado sobre el conflicto armado y la participación internacional, las pugnas de poder interno y las apetencias imperialistas, que ensayaron en las aldeas y ciudades españolas su maquinaria de destrucción masiva (cualquier terrible coincidencia con la actualidad que vive hoy el mundo no es pura casualidad) desde los primeros meses de iniciada la contienda, se reunieron en España hombres y mujeres de todos los colores, credos, ideologías y procedencias. Ya en septiembre de 1936 comienzan a llegar los voluntarios de la libertad que integraron las emblemáticas Brigadas Internacionales, un ejército de unos 50 países que, junto al pueblo español, fueron los primeros en enfrentarse al fascismo en la vieja Europa, los primeros en luchar contra un ejército muy superior en táctica y armamentos. Muchos murieron en España; y otros ni siquiera encontraron sepultura.

Diversas fuentes sitúan el número de voluntarios internacionalistas en alrededor de 40 mil hombres y mujeres. Entre esos voluntarios de la libertad se encontraban más de mil cubanos. Salieron en forma clandestina desde la Isla y desde los EE.UU.; algunos se incorporaron a las milicias y luego a las unidades del ejército republicano desde la propia España. Ellos vivieron el horror de la guerra. Los desplazamientos forzosos, la tragedia de los bombardeos, la lucha por la supervivencia, los campos de concentración fueron episodios que jalonaron sus vidas durante aquellos meses de resistencia.
Cuba inaugura el más auténtico y viril sentimiento internacionalista con la República que se distinguió por lo excepcional de su participación no solo en número sino en intensidad.

Jóvenes trabajadores y estudiantes de los más variados sectores, credos y extracción social e intelectuales de renombre se lanzaron a apoyar la lucha del pueblo español.
Viaje a la semilla

Las historias de vida han sido siempre un canal para encender la imaginación, involucrar nuestras emociones, despertar nuestras conciencias. Las historias de vida nos invitan a pensar en quiénes somos, quiénes queremos ser y qué vidas queremos llevar.

A fines de la década de los 90, en medio de la más aguda crisis económica, conocida en Cuba como “período especial”, iniciamos la búsqueda de las historias de vida de casi una treintena de combatientes cubanos que marcharon a España a defender la República. Hoy muchos de ellos han muerto; sin embargo, sus voces y testimonios nos hacen regresar en el tiempo y, como en el rodaje de una película, volvemos a recorrer los escenarios originales de la contienda. Les vemos, otra vez, con el tizne en la cara y el cuerpo, la fatiga del tiempo y de la carne, las imágenes de los muertos y de los vivos, el olor de los olivares, el sabor del vino, las palabrotas, los himnos cantados en la bienvenida y el regreso, los piojos, el odio, el hambre, las dudas, las alambradas, el frío calándoles los huesos.

Cuando los protagonistas de esta historia comenzaron a contarnos sus experiencias de vida, nos dimos cuenta que estábamos ante una de las fuentes históricas más valiosas para la reconstrucción real de un pasado inmediato. Ese pasado, que aparentemente parecía no tener mucho sentido, volvía a tomar vida en personas que lo vivieron.

Asistimos, entonces, a un hecho inédito, preñado de sorpresas y sensaciones dignas de ser reveladas. Es el privilegio de la llamada historia del tiempo presente; pues acontecimientos importantes que ocurrieron hace muchos años atrás siguen completándose en nuestro día a día, podemos hacerles un seguimiento y desentrañar aspectos que parecían olvidados.

Sabemos que el futuro no se hace sin interrogar al pasado y para eso son indispensables los testimonios orales de la gente común: los testigos de una época, es decir, las huellas humanas, las más importantes porque condensan en la memoria el tiempo vivido, las trayectorias personales y profesionales, las expectativas afectivas.

Para reconstruir esa imprescindible participación de los voluntarios cubanos en la Guerra Civil Española nos valimos, precisamente, de la “palabra” como fuente de la historia oral. Los protagonistas: personas sencillas, de variadas procedencias y credos políticos desgranaron sus recuerdos y fue la fuente oral la que nos ofreció la inmensa posibilidad de conocer de primera mano trozos de sus experiencias de vida desde la incorporación a los frentes de combate, los bombardeos, las heridas, el frío, el hambre, la prisión en campos de concentración… hasta el regreso y la vida desarrollada después de la guerra.

Ni el más exhaustivo libro de historia o el ensayo más genial pudo compararse con la tremenda emoción de escuchar los testimonios contados de viva voz por María Luisa Lafita, compañera de Tina Modotti y Antonio Vidali, en los enfebrecidos días de la creación del 5to. Regimiento; el relato conmovedor y excitante de Universo Lípiz, recientemente fallecido, quien dirige un camión de milicianos para irse al Frente de Aragón cumpliendo una orden de Buenaventura Durruti, el líder de los anarquistas españoles; o las anécdotas de Casimiro Jiménez, Isidoro Martínez, José Peraza, Oscar González, Eladio de Paula, José María Fernández, Evelio Aneiros, José López Sánchez, Rosendo Camps, Gaspar González y tantos otros…

Casimiro Jiménez



Ese “viaje a la semilla” de los recuerdos de estos hombres y mujeres nos descubrió un mundo lleno de nuevos significados. Cualquier imagen de su entorno se re-significaba porque las experiencias de la guerra que ellos nos ofrecían resonaban en nuestra mente como un flujo de hechos donde nuestra impresión visual nunca permanecía inmóvil. Tampoco permanece inmóvil la memoria. Ella se alimenta de la Historia y de las historias cotidianas; de los hechos heroicos y de los que definen a cada instante nuestra existencia.

Los relatos —tamizados por una multiplicidad de elementos: edad de los testimoniantes, distancia de los hechos vividos, ruidos de la memoria, dimensión espacio-temporal, combinación entre realidad y sueño-experiencia vivida e imaginada—, fueron construyéndose “nuevamente”, re-significándose para ellos y también para nosotras. Las imágenes, la narración misma, se convirtieron en símbolos profundos, símbolos que no tenían que ver solamente con lo racional, sino también con esa parte intuitiva, emocional y psíquica del ser humano.

Para que no muera esa memoria

España bajo las bombas, en nuestro viaje imaginario, gracias a los recuerdos narrados por estos hombres y mujeres había pasado de ser un concepto metafísico e ideal para convertirse en un fenómeno físico, real. Nada es más extraordinario que ver imágenes a través de lo que se escucha. Es como ponerse otra piel. Así imaginamos la trágica evidencia de la Madrid asediada, los escenarios de la lucha callejera, con sus barricadas, sus edificios dañados, las huellas de sangre y horror. Lo bello, lo horroroso, lo bueno, lo malo, la existencia cotidiana, tumultuosamente febril de aquellos días, meses… Y nos imaginamos también a Pablo de la Torriente Brau, excepcional cronista y participante él mismo en la defensa de Madrid: “Ahora, mientras escribo, las sirenas de las fábricas, por tercera vez en el día dan el aviso de la amenaza de los aviones. La gente se asoma a los balcones para verlos […]”. Y continúa: “Por los Cuatro Caminos, una barriada populosa y popular, las bombas destrozaron tranvías llenos de público. El día fue extraordinariamente duro en algunos lugares del frente madrileño […]. Ayer, por casualidad, sentí otra de las emociones de la guerra. La de estar en Madrid como un miliciano más”1.





Durante las largas horas de charla, compartimos no solo las memorias y anécdotas de la guerra, sino las angustias ante las enfermedades y achaques provocados por el paso del tiempo; la emoción ante la sorpresa de algún detalle aparentemente olvidado o esa cubanísima taza de café que llegaba, muchas veces, en el momento menos oportuno, pero también más agradecido, de la conversación.

Todos esos instantes, especie de rituales del espíritu, marcaron también nuestras vidas y experiencias personales con los protagonistas de esta historia. Con el tiempo no sabemos bien quién sedujo a quién. Tal vez e inconscientemente ellos se dejaron seducir y nosotras, en abierta complicidad, accedimos al juego de la palabra. Una palabra recogida y muchas veces escuchada, deliberadamente confirmada, reconstruida; a veces soñada, pero nunca alterada.

Te digo que es bello vivir…

“Salí para España en mayo de 1938”, nos dice, mientras su mirada queda atrapada por la luz. El sol toma asiento en la sala de la casa como un viajero que no tiene boleto de vuelta. Es agosto y es verano, verano caliente de 1998, y Casimiro Jiménez Medina no esconde temores cuando una le pregunta, así, a rajatabla sobre la guerra de España, y sobre esas huellas que le calaron hondo en los huesos y en el alma.


Casimiro Jiménez


Pero Casimiro vive en Regla, un sitio que no ha logrado disimular su vetusto aire de pueblo acorralado por el tiempo. Y vivir en Regla es como estar más cerca de los recuerdos. Al menos eso pensamos cuando comienza a contarnos sus memorias:
“Nací en Los Pocitos, un barrio de la ciudad de Santa Clara, el 11 de junio de 1911. ¡Miren cómo ha llovido desde entonces! Me quedé huérfano a los siete años. Mi madre murió de tuberculosis. Y me fui a vivir con unas tías para un central azucarero que se llamaba San Antonio. Con nueve años comencé a trabajar en el central como narigonero. ¿Saben qué es? El que coloca los narigones a los bueyes.

“Siempre fui muy inquieto, me gustaba aprender y era muy preguntón. En el ingenio me metía en casa de una negrita conga hija de esclavos, porque allí vivían todavía descendientes de esclavos que habían luchado en la última guerra de independencia cubana. Me llevaba bien con ellos. Siempre estaba metido en su barracón porque me encantaba oírles los cuentos de cuando vivían en su tierra, en África. Ellos hacían cada historia… Y así aprendí muchas cosas de las fieras, los leones, sus costumbres, cómo los cazaban. Ellos decían que para sobrevivir tenían que ser muy observadores y conocer todos los sonidos del monte y los hábitos de los animales.

“A finales de los años 20 [siglo XX] fui simpatizante del Partido Nacionalista, el de Mendieta y Roberto Méndez Peñate, que por entonces era el gobernador de Las Villas. Participé en actividades subversivas, ya ustedes saben, poner bombas y esas cosas; pero después me desligué de esa gente y me afilié a la Liga Juvenil Comunista. Ya eso fue por los años 30, cuando la cosa se puso muy dura y Machado arremetió contra el movimiento obrero, los estudiantes, las mujeres, los comunistas… Y en medio de toda esa efervescencia ocurre la caída de Machado, que me coge en Encrucijada, y luego viene lo de la huelga de marzo de 1935, que fue un verdadero fracaso… Mucha gente se decepcionó y otros tuvieron que salir huyendo porque peligraban sus vidas. Y en eso viene lo de España, la Guerra Civil…

“Salí en mayo de 1938, en el Reina del Pacífico. Llevaba una rueda de cigarros y un mazo de tabaco, ah, y una maleta de cartón que en el viaje se partió. Desembarcamos en el puerto de La Pallice, en Francia, y de allí en tren hasta Port-Bou. Recuerdo que cuando llegamos tomamos chocolate y pan con mantequilla. En la vida había comido algo más sabroso que aquello.

“Después nos trasladaron para el Castillo de Figueras. Allí nos entregaron los uniformes, el mío me quedaba inmenso y tuve que cambiarlo. Me incorporo, entonces, a la 15ª Brigada Internacional Abraham Lincoln. Desde que llegué me seleccionaron como tirador de ametralladora. Participé en varios combates: en la toma de Gandesa, en el cruce del Ebro pero siempre en el Frente del Este, en Cataluña…

“En la guerra todo el mundo siente miedo. El secreto está en sobreponerse al miedo. Yo sacaba la cuenta: si tengo miedo me matan, y si no me matan igual; pues entonces, no tengo miedo. Y me lo repetía una y otra vez. Lo que nunca hice fue enterrarme. Jamás en la vida dejé de mirar al enemigo.

“Un obús de mortero le arrancó la pierna a uno de los muchachos que combatían al lado del capitán Ortiz. En ese momento la artillería enemiga estaba bombardeando para lanzar una nueva ofensiva. El muchacho se quejaba a gritos y Ortiz se arrastra para auxiliarlo.

Llega hasta él y le pone un tortor para evitar que se desangrara, le corta un pedazo de tendón con su balloneta; pero empieza a gritar: “¡Que alguien me ayude, que se me muere aquí!”. Yo estaba observando el fuego artillero del enemigo y hubo un momento en que paró, en ese instante, aproveché y agarré al hombre así —pesaba 120 ó 130 libras—, cabeza con cabeza sobre mi espalda y me lo eché a cuestas y Ortiz me gritaba: “Cubano, estás loco, estás loco, no puedes salir así”. Entonces le dije: “Te vas pa'l carajo, capitán” Y arranqué con el hombre. Lo llevé hasta el puesto médico. Recuerdo que iba hablando con él, le decía: “¡Resiste, cojones, resiste!”. Entré por la retaguardia. Y cuando tiro al muchacho arriba de la mesa y le digo al médico: “Aquí está el herido”, me dice el enfermero: “Qué herido, ni qué herido, si este hombre está muerto”. Dígole: “No, no puede ser, si ahora mismo venía hablando conmigo”. Le revisó todo el cuerpo y de la espalda le sacó una esquirla de metralla. Me quedé paralizado, pálido y con los ojos secos. Y lo único que decía era: “No es posible, no es posible, si veníamos hablando y yo le gritaba que resistiera”.

“El momento más triste fue cuando nos dijeron que teníamos que retirarnos. Ahora, fíjense, se acordó por Naciones Unidas que saliéramos todos los voluntarios extranjeros.

Nosotros cumplimos eso; pero Franco no cumplió su parte. Entonces la Internacional Comunista nos dijo que volviéramos a los frentes. El primer día que salimos para el frente, esa misma noche, perdimos la Sierra Pandols y la Caballs… Ya habían dado la orden de retirada pero llegó la contraorden y de inmediato volví otra vez al frente. Cuando subí, el capitán Ortiz, nuestro jefe que era anarquista, un hombre joven, estaba en un hueco totalmente descarnado, había partes de él regadas por dondequiera. Lo reconocí por el rostro. Yo quería mucho a ese hombre.”

¿Qué significó para usted la Guerra Civil?

La unidad entre todos los revolucionarios. No importa de dónde tú fueras, ni de qué color, ni qué ideas tuvieras, lo más importante era luchar contra el fascismo. Cuando miro así para atrás en el tiempo, una de las mejores cosas que hice en mi vida fue ir a España, a pesar de la muerte y de todas las cosas horribles que una guerra deja en la memoria de la gente. ¡Ah, una cosa!, yo no creo en eso de los homenajes…

¿Cómo es eso?

No quisiera morirme así como se muere todo el mundo. Es más, tengo una idea mejor: a mí que me incineren y tiren mis cenizas de la loma Lenin de Regla. ¿Ustedes sabe por qué?, no me gusta eso de las coronas, la gente llorando, la viuda, los hijos, to' ese lío…
Aquellos hombres y mujeres llegaron a España para exponerse por seres humanos desconocidos. Una cuarta parte nunca regresó. ¿Qué fueron a hacer tan lejos, qué les importaba ir a luchar contra el fascismo en España cuando solamente treinta y tantos años antes en Cuba sus padres y abuelos habían sido oprimidos por una metrópoli incompasiva?

Chocolate de Cuba

“Tuve que pasar los Pirineos a pie, porque como era negro no podía ir en ferrocarril como el resto de los compañeros que eran de piel blanca. Yo tenía que pasar a pie por los Pirineos y en ese grupo íbamos como cien voluntarios: franceses, italianos y cubanos. El cruce duró como 12 horas. Ya en territorio español, nos recibió Dolores Ibárruri, Pasionaria. En el Castillo de Figueras nos pasaron por una comisión médica para el reconocimiento habitual. Y resulta que la tal comisión médica dictaminó que no era apto como combatiente porque tenía problemas cardíacos. ¡Qué problemas cardíacos iba a tener yo! Me negué a aceptar aquel dictamen. No vine a España a dar un paseo. Vine aquí a pelear. Bueno, me dijeron que la única opción era reclamar en las oficinas del Partido. Digo, bueno, pues voy al Partido a plantear mi problema. Y así hice. Fui al Partido de Barcelona y expliqué mi situación. Lo que siempre repetía era que no había ido a España en un viaje de placer. Había pasado 12 horas caminando por las montañas nevadas de los Pirineos… Además, con todo el esfuerzo que había hecho la clase obrera en Cuba para costear el viaje y no podía quedar mal. De ningún modo. Yo quería participar en la guerra y nadie me iba a hacer cambiar de idea.

“Un compañero que estaba escuchando la conversación me dijo que la juventud comunista española estaba haciendo un fuerte reclutamiento porque necesitaba unos 200 mil jóvenes para el frente. Inscríbete, me dijo, a lo mejor tienes suerte. No lo pensé dos veces. Rápidamente me puse en contacto y finalmente logré que me aceptaran como combatiente. En ese ejército, vaya, todos eran blancos. Yo era carabinero. ¡El único negro carabinero y además cubano! Conmigo estaba Eulogio Benítez. Los dos estábamos en el mismo lugar.

Pertenecíamos a la intendencia militar, encargada de dar mantenimiento a las tropas que están en el frente. Mi misión era avituallar los frentes, llevar comida, ropa y municiones a las distintas brigadas que estaban directamente combatiendo. Negro y todo me aceptaron en la 179ª Brigada del 51 Batallón, 4ª Compañía de Carabineros. Allí todos eran españoles de distintas regiones…

El comandante me quería mucho. Me decía Chocolate. Los muchachos jóvenes que había allí me preguntaban: —Oye, Chocolate, ¿por qué tú has venido a esta guerra, qué tiene que ver esta guerra contigo? Fíjate, a nosotros nos han mata'o a familiares, nos han bombardea'o las casas, pero tú ¿qué vienes a hacer aquí? Ellos se asombraban. Y yo les decía: —Bueno, vengo a defenderlos a ustedes, que es como defender a todos los blancos pobres y a todos los negros de Cuba”. (Fragmentos del testimonio de Gaspar González)

Gaspar González



Denuncia, dolor, drama, rabia, esperanza traicionada, desolación, muerte, angustia y también solidaridad, humanismo, ruptura frente al orden burgués, sacudida, acción popular, improvisación y rebeldía. Todo esto y más fue y sigue siendo la Guerra Civil Española. Más allá del hecho bélico, de sus orígenes y resultados políticos, ideológicos y sociales, lo que nos ha impulsado a escribir estos testimonios es el drama humano, la experiencia subjetiva de quienes, 70 años después de concluido aquel episodio, continúan re-viviéndolo en sus recuerdos.

Notas:
1-Pablo de la Torriente Brau: Cartas y crónicas de España, Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1999, p. 208.

Este material forma parte de un libro en preparación que recoge más de 12 años de investigación de las autoras recopilando testimonios, fotos y documentación sobre la participación de cubanas y cubanos en la defensa de la República Española.