domingo, mayo 17, 2009

Hasta siempre, Antonio


GUILLERMO D. OLMO
MADRID
Actualizado Miércoles, 13-05-09 a las 20:04

Madrid despide a estas horas a uno de sus más dulces y melancólicos trovadores. Por la capilla ardiente con los restos mortales del músico Antonio Vega, instalada en el edificio de la SGAE, están pasando ya decenas de madrileños que se han animado a dar su último adiós al venerado músico. Un espléndido sol primaveral ilumina una espera que ronda los tres cuartos de hora.

Una larga fila de personas que esperan para dar su último adiós a Antonio ocupa toda la estrecha acera de la calle Fernando VI. Se respira un clima de reconocimiento, pero no fúnebre. La gente conversa sobre cosas cotidianas mientras espera pacientemente su turno. Sus canciones hablan sobre la vida, sobre las sensaciones y detalles que la componen, visiones de mujeres hermosas y epopeyas infantiles en patios de colegio y eso es lo que se respira en el día de su muerte: vida, mucha vida.

Una cola de tres cuartos de hora se ha formado frente al edificio de la SGAE

Alba Flores, Lolita, Nacho Campillo o José Luis Borau son algunos de los rostros conocidos que se han acercado ya a la SGAE para estar junto a la familia y mostrar su respeto y admiración por el músico madrileño. Pero al margen de personalidades como las que han asistido y está previsto que asistan, hay un batallón de anónimos formado junto al edificio de la otros días tan denostada SGAE.
De diferentes generacionesEl público es de lo más heterogéneo. Lo hay de diferentes edades y procedencias. Están los que vivieron de primera mano los años de la ya legendaria Movida, para los que la música de Vega y Nacha Pop, la banda de la que formó parte, fueron casi como una banda sonora. Fue una etapa vertiginosa y festiva de la historia de esta ciudad, época a la que Vega y otros presentes y ausentes pusieron música. Muchos de los de esta quinta conocieron a Antonio Vega de primera mano: «Para mí Antonio era sobre todo un buen chaval», ha comentado una de las presentes. Se había acercado sola hasta la sede de la SGAE. Recordaba con más melancolía que pesar las noches compartidas en el Penta, uno de los míticos locales del barrio de Malasaña, de los que ya forman, como la sala Sol, parte del imaginario colectivo a la hora de hablar de los revalorizados años 80.

Está previsto que hoy se deje ver por la capilla ardiente el alcalde de la ciudad, Alberto Ruiz-Gallardón. Alguno de los miembros de la cola ha aprovechado la ocasión para reivindicar la figura del alcalde del Madrid de entonces, Enrique Tierno-Galván. «A los jóvenes nos lo ponía muy fácil, nos ayudaba mucho», decía una mujer de las que eran jóvenes entonces.

Pero también ha habido quien sólo conocía aquel tiempo y aquel lugar por referencias de otros. Son aquellos a los que las notas y versos de Antonio conquistaron no por la mística de un determinado momento sino por su perdurable calidad. «Yo empecé escuchando a Antonio Vega con mi madre y ahora estoy aquí para mostrar mi admiración» ha explicado un joven de 24 años. Era un chaval cuando Nacha Pop iniciaba su carrera hacia el estrellato.

La capilla ardiente estará abierta en principio hasta que mañana por la mana el cadáver de Vega sea trasladado al Cementerio de la Almudena, donde será incinerado. De mantenerse el actual ritmo de afluencia, serán miles los ciudadanos que desfilen frente al féretro. Allí encontrarán una veintena de coronas de flores, dedicadas por músicos amigos como Loquillo, Andrés Calamaro o Joaquín Sabina.

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