domingo, junio 22, 2008

Un imbécil sin coartada

LA TRINCHERA
Un imbécil sin coartada



Hace ya 2.500 años que los matemáticos griegos establecieron una de esas certezas estadísticas que todavía dan que pensar. Cualquier serie lógica de elementos (2, 4, 6, 8) puede continuar progresando por variables infinitas. O sea, que detrás del 8 va el 10, si le aplicamos la fórmula más simple (+2), pero también puede ir el 7114, si le aplicamos la más enrevesada. En general, depende de los esquemas mentales del matemático y de sus ganas de complicarse la vida. Lo explica de una forma más rigurosa y divertida William Hurt, en Los crímenes de Oxford.

DANIEL PÉREZ


Esta máxima científica es perfectamente aplicable a los procesos intelectuales con los que construimos nuestra moral cotidiana. Cuando tomamos una decisión a sabiendas de que es incorrecta (defraudar a Hacienda, engañar a tu esposa, zancadillear a un compañero, piratear un cd), somos capaces de vertebrar las coartadas más inverosímiles para evitar que esa falta de escrúpulos nos haga daño: siempre es posible argumentar que Hacienda nos roba todos los meses, que esa pobre esposa cornuda no atiende debidamente las necesidades de su marido, que la empresa es la jungla o que la cultura es muy cara. En un segundo nivel de teorización podemos llegar -incluso- a erigir un cuerpo filosófico completo para tratar de justificar nuestras malas acciones, basado en conjeturas subjetivas e hipótesis interesadas, variables y movedizas. El hedonismo, por ejemplo, viene muy bien para las infidelidades circunstanciales, mientras que el individualismo es cojonudo para traiciones corporativas. Recomiendo vivamente el fordismo para minimizar los daños colaterales de la producción en cadena: «Tuve que hacerlo. Recibo órdenes. Este mundo es así».

Dice Silvio Rodríguez, en una de sus canciones biblia, que los verdaderos héroes no dudan y que los hombres honestos no piensan: actúan por una suerte de inercia genética, movidos por una especie de resorte visceral.

Me pregunto si todavía quedarán algunos de esos. Y también me pregunto si no los llamarán imbéciles.

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