miércoles, julio 02, 2008

¿Para qué sirve el fútbol?

Nelsa Curbelo nelsa@telconet.net
¿Para qué sirve el fútbol?


Era de tarde, mi padre con los brazos cruzados encima de la mesa, la cabeza cobijada en ellos y los oídos pegados a una radio escuchaba un partido. Mi hermana gemela y yo éramos pequeñas, corríamos por la casa. Mi madre cocinaba empanadas. De vez en cuando mirábamos a mi papá. Todo era silencio. No se podía hablar so pena de recibir una mirada de reprobación. De pronto se oyó gol, gol de Uruguay, muy bajito por la radio. Mi padre saltó de la silla y gritaba ¡goooooooooool, goooooooooool de URUGUUUUUUAY! Acto seguido le dijo algo a mi mamá. Nos puso un zapallo a cada una bajo el brazo, y salimos a la calle. Caminamos una eternidad, mi padre en el medio y nosotras a su lado siempre con los famosos zapallos. Una multitud pasaba en camiones, a pie, con pitos, tambores, cornetas. Mi padre no paraba de gritar. Regresamos tarde en la noche, agotadas por la caminata y los zapallos, mi padre no recobró la voz en dos días. Ese es el recuerdo que tengo del triunfo de Uruguay en Maracaná en 1950.

No sé mucho de fútbol. Siempre me he preguntado por qué once pares de piernas pueden significar el triunfo de un país sobre otro. Me pone tensa ver los partidos. Si lo hago, quito el volumen porque la transmisión me lleva a un estado de ansiedad que suprime cualquier regocijo. Prefiero ver los partidos en el reprise cuando conozco los resultados y si el equipo que apoyo triunfó. Ahí puedo disfrutar las jugadas. Es diferente si voy a la cancha. Ahí me divierte estar con la hinchada. Miro más la gente que el partido. Me encanta el bullicio y la alegría colectiva.
Recuerdo que hace tiempo Eduardo Galeano y Francisco Maturana, en ese entonces director técnico de la selección ecuatoriana, tuvieron un diálogo sobre fútbol en Quito. El uno escribió: 'El fútbol a sol y sombra', al otro lo llamaban el filósofo del fútbol. Galeano escribió en 1996 que "la historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desenterrando la belleza que nace de la alegría de jugar por sí" . Y en parte respondió a mis preguntas sobre la identificación con el país. "El fútbol y la patria están siempre atados; y con frecuencia los políticos y los dictadores especulan con esos vínculos de identidad. La escuadra italiana ganó los mundiales del 34 y del 38 en nombre de la patria y de Mussolini, y sus jugadores empezaban y terminaban cada partido vivando a Italia y saludando al público con la palma de la mano extendida.

También para los nazis, el fútbol era una cuestión de Estado. Un monumento recuerda, en Ucrania, a los jugadores del Dínamo, de Kiev, de 1942. En plena ocupación alemana, ellos cometieron la locura de derrotar a una selección de Hitler en el estadio local. Les habían advertido: –Si ganan mueren.

Entraron resignados a perder, temblando de miedo y de hambre, pero no pudieron aguantarse las ganas de ser dignos. Los once fueron fusilados con las camisetas puestas, en lo alto de un barranco, cuando terminó el partido".
"¿Para qué sirve jugar bien? Borges preguntó alguna vez: ¿Para qué sirve un amanecer? ¿Para qué las caricias? ¿Para qué el olor a café? Sirve para la emoción, para el placer, para vivir", dijo Jorge Valdano en 1996.

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