sábado, abril 05, 2008

Una historia de "educación"... recuperando la memoria histórica !

Una historia de "educación"... recuperando la memoria histórica !
para leer.
M. Antònia Arnau
Centro Cultural Pachakamak

Introducción al texto



En los meses de julio y agosto del año pasado, Marcela Lescano Hughes y Adriano Prandi (compañeros argentinos recorriendo el Continente) compartieron una rica experiencia educativa con algunas comunidades indígenas de la sierra ecuatoriana. Entre muchas actividades, y muy
interesados por un trabajo de historia que estudiaba al sistema de haciendas, un grupo de jóvenes de entre 11 y 15 años decidió llevar a cabo un trabajo de investigación, entrevistas orales y redacción de una nota, con el propósito de rastrear en los relatos de sus familiares el modo de vida injusto sufrido, por estas comunidades, bajo el sistema de haciendas. Estos chicos fueron descubriendo la importancia de recuperar la memoria colectiva para fortalecer los lazos comunitarios y lograr que ciertos sucesos deplorables nunca más vuelvan a repetirse. Aquí reproducimos el texto escrito por ellos, fruto de un trabajo grupal responsable y comprometido que quizás sirva para entender, un poco más, la constante lucha de nuestros pueblos indígenas.

MEMORIA DE LA TIERRA: ASÍ LUCHARON NUESTROS MAYORES PARA RECUPERAR LO
NUESTRO.

/Paola Punina (13 años), Alex Azas (14 años), Ruperto Azas (13 años), Wilson Quisintuña (13 años), Luis Punina (12 años), Jaime Punina (15 años), René Punina (13 años) y Kléver Azas (11 años). /

En tiempos pasados, los patrones gobernaban a los pueblos, la tierra y la vida de los que trabajaban en ella. Lo que hoy son las comunidades ecuatorianas de La Esperanza, Rumipata y El Arenal --ubicadas en la zona alta de la provincia de Tungurahua-- estaban organizadas en
haciendas, bajo las órdenes de los patrones. Los pueblos indígenas fueron sometidos, durante siglos, a obedecer las reglas estrictas dictadas por los patrones. Los trabajos consistían, entre otros, en cavar surcos para sembrar papas, trasquilar borregos, pastar los ganados, hacer sanjas y construir carreteras. A cambio de todo este esfuerzo, los patrones respondían con castigos y maltratos.

Ya cansados de tantas injusticias, los campesinos decidieron armar comunidades y luchar por lo que les correspondía: recuperar sus tierras y dejar de ser esclavos. Esta lucha no fue fácil, tuvieron que pelear largamente y unirse para poder recuperar lo que les pertenecía. Cristóbal Pajuña, uno de los luchadores campesinos, fue asesinado en la comunidad de Rumipata por defender los derechos del pueblo y querer formar una comuna.

A treinta y cinco años de la lucha por la justicia y la recuperación de los derechos campesinos en esta zona alejada de la provincia Tungurahua, nos unimos un grupo de jóvenes para investigar y
tener memoria de cómo vivieron nuestros pueblos en tiempos de hacienda. Sólo así, sabiendo, todas esas injusticias no volverán a repetirse.

*Trabajos y maltratos*

Los campesinos que trabajaban en las haciendas debían trabajar para el patrón quien les ordenaba distintas tareas. Entre las más comunes tareas que debían cumplir era la de las 12 rayas. Esto era cumplir, por persona, 12 trabajos especiales en el año: hacer sanjas, construir carreteras, cavar surcos, trasquilar la lana de los borregos, construir canales de riego, sacar chambas, etc. Como si esto fuera poco, durante todo el año, las familias campesinas debían encargarse del pastoreo del ganado de la hacienda (borregos, caballos, cabras, llamingos, etc.). Estos trabajos llevaban el día entero, de seis de la mañana a seis de la tarde, casi sin descanso, y los patrones de hacienda rara vez pagaban por todas estas labores. Si los campesinos no cumplían con todas estas ordenanzas, corrían peligro de ser echados de la hacienda. Pero también hubo otros maltratos. Fuetazos, palazos y golpes estaban a la orden del día. Y los campesinos no podían responder a los castigos. Nos cuenta María Isabel, de 76 años, que "el mayordomo nos pegaba donde quiera. Si no llegaba a las seis de la mañana donde había ordenado a trabajar, mandaba haciendo regresar. Si no se apura, metiendo fuete, por no estar a la hora fijada, nomás".
* *
*Parcelas y arriendos*

La mayor parte de las tierras de la hacienda estaban bajo el exclusivo control del patrón. Los campesinos podían disponer de unas pequeñas parcelas, unos pequeños potreros para pastar sus animales. Pero a cambio de ello debían pagar arriendo. Humberto Azogues, campesino de
Rumipata, nos cuenta: "Y cada enero, llegado el día diez, teníamos que pagar el arriendo. Era pesadísimo, teníamos que vender los borregos y luego cancelar, pues. Si no pagaba el arriendo, decía: "muchas gracias, desocúpeme tal día". ¿Y nosotros adónde íbamos a ir? Nos botaban de la
hacienda". Además, por no pagar el arriendo, los campesinos debían entregar su ganado en prenda hasta pagar. "Llegábamos al mes de enero y pagábamos. Y si no teníamos para pagar nos llevaban los animales, de prenda, hasta que venga a pagar. Si no podíamos pagar, nos vendía los
animales y ya".
* *

Organización de las comunas

En tiempos de la reforma agraria, los campesinos decidieron formar comunas y decir basta a los maltratos y a las injusticias. La tierra debería dejar de ser de los patrones y pasar a ser de quienes la trabajan. Cristóbal Pajuña, campesino de la hacienda de Rumipata, comenzó a organizar a todas las comunidades que querían recuperar sus tierras. Por luchar por los intereses campesinos Pajuña fue asesinado bajo orden de los patrones Tobías Chávez y Ángel Guevara. Ellos pagaron a Celiano Chávez y Bolívar Basantes para que sorprendan en plena noche a
Pajuña y acaben con su vida. Pero los campesinos no se dejaron acobardar, se unieron todas las
comunidades y comenzó la lucha. Pero pelear por sus tierras no iba a ser fácil, Lucrecia Chico nos contó cómo vivieron ese proceso: "¡Uy!, eso era difícil. Yo aquí tengo una de moretones. Yo me acuerdo que pegaba el finado Gabriel, con axiales, pegaba de lado a lado, diciendo: "Ustedes
están formando las comunidades, la cooperativa". Andaban llevando la lástima, así pegando, matando...". Don Humberto Azogues lo ha definido muy elocuentemente: "La gente dijo basta. Ya se levantaron y nosotros nos pusimos duros: "De aquí en adelante, no podemos sufrir más en ese
sentido. Nos podemos morir unos diez pero que las cosas sean correctas". Ahí vino más coraje, más fuerza, y entonces los patrones se humillaron. La fuerza de la gente pudo echar a los patrones".
*

Reflexiones finales
* *
En la actualidad, nuestras comunidades de La Esperanza, Rumipata y El Arenal gozan del privilegio de no ser esclavos de nadie. Debemos agradecer a todas las personas que lucharon y que murieron por labrar nuestra libertad. Es importante que tengamos memoria de todos los
sufrimientos y todas las luchas del pasado para no volver a ser humillados ni ordenados por nadie.

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