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lunes, julio 25, 2011

Murió Nicole, la compañera de Jorge Enrique Adoum


Era una mujer linda, siempre lo fue. Y en todo sentido, es decir “por fuera y por dentro” (como ella misma dijera de María Luisa Passarge, la editora mexicana de “Claudicación Intermitente”). No en vano Jorge Enrique Adoum, el gran poeta ecuatoriano, se enamoró de Nicole Rouan y fue feliz con ella hasta que “Jorgenrique” -como quiso ser llamado con toque poético- murió en la madrugada del viernes 3 de julio del 2009. Ahora le ha tocado a Nicole irse, cerca de la media noche del miércoles 13 de julio, sin enfermedad crónica anunciada, fulminada nada más por el corazón traicionero. Una salida de escena brutal para ella, que era una actriz dulce.
Recibí la noticia de Alejandra Adoum, en una sola línea como un golpe de mazo sobre el pecho, y solo (con y sin acento) retengo la violencia de las dos primeras palabras: “Nicole murió…” Y entonces empiezan a circular como los caballos de una calesita con luces las imágenes de Nicole y lo poco que sé de ella. Con ayuda de Alejandra reconstruyo…
Afiche de Le Soleil Foulé
Afiche de Le Soleil Foulé...
El “Turco” -como los más próximos llamaban cariñosamente a Jorgenrique- la conoció en Ginebra en 1970, durante el montaje de El sol bajo las patas de los caballos, primera obra de teatro de Adoum, montada por François Rochaix, donde Nicole hacía el papel de la Princesa Pacha. Fue un inmediato coup de foudre: en 1973. Nicole se fue a vivir con él a París, hasta 1987 cuando se instalaron en Ecuador. Según Nicole, vivieron desde entonces un ménage a trois, un trío donde la literatura era la amante de Jorgenrique Adoum y Nicole no solamente tenía que soportarla, sino también quererla.
Además de compañera de vida, Nicole fue traductora de su poesía al francés y editora de varios de sus libros, en las magníficas ediciones de Archipiélago. La editorial nació casi por fuerza del destino (según contaba Nicole el pasado 6 de abril en una entrevista con Juana Neira, en el programa “Sueños de papel”) para publicar la edición ecuatoriana de De cerca y de memoria de Jorgenrique que se había publicado en Cuba.
Archipiélago publicó 13 libros, cada uno una obra de arte, entre ellos una edición de la poesía completa de Adoum, que no tiene nada de envidiar a las ediciones de La Pléyade. Nicole tardaba un año en producir cada libro. “Publicar poesía es un suicidio económico”, decía, “la gente espera que se le regale la poesía”.
Nunca dejó de ser una princesa para Jorgenrique. Me cuenta Alejandra que ambos “llenaban su vida cotidiana con rituales hermosísimos”. Nicole viajó sola a Suiza en 2009 y a su regreso, el 20 de mayo, se habían dado cita para tomar el aperitivo a la una de la tarde en la sala, pese a que ella llegaba temprano en la mañana.
“El turco” la esperó con este email: “Bienvenida a tu casa y a mis brazos. Te esperé tanto tiempo, como si yo hubiera tenido prisa por nacer para esperar que tú nacieras, sin prisa alguna. En la historia de mi país, no tuvimos destino sino esfuerzo, pero contigo sí fue el destino pese al leve acoso, y lo fue también con ayuda de la historia. Te dejo, porque tengo una cita con la única, la princesa sin la cual quizás no te habría conocido y el mundo no habría tenido razón de ser”.
Un mes y medio más tarde falleció Jorgenrique. Veo a Nicole inclinada sobre las cenizas de Jorgenrique que descansan en diálogo eterno junto a las de Oswaldo Guayasamín, su gran amigo y cómplice, bajo el árbol de la vida en el jardín de la casa de Guayasamín en Quito, unos metros arriba de la Capilla del Hombre. Su siguiente viaje a Europa fue también sin Jorgenrique, pero esta vez verdaderamente sin él; ya no regresaría como princesa.
nicolejorgenrique-adoum-1974
Nicole y Adoum
En un mensaje del 27 de junio del 2010, titulado “La vie…” (la vida, en francés), que hoy suena premonitor aunque no lo era, Nicole me contaba en un breve párrafo la sensación que le había producido ese viaje:
Regreso de Europa (Córcega, París, Calais, Suiza). Fue un viaje un poco tristón (como decimos en Suiza): demasiados lugares donde estuve sin Jorgenrique. Pero sé que es una etapa…. Felizmente, volví a ver a amigos que quiero, como François Rochaix (el director de la primera puesta en escena mundial de ‘El sol bajo las patas de los caballos’, de Jorgenrique)”.
Todavía tengo ese y otros mensajes de Nicole que no respondí a tiempo, por descuido y porque tuve la oportunidad de verla a fines de febrero, este año, en Quito. La encontré feliz con su nueva cafetera Nesspreso y sus proyectos con Alejandra de crear el Espacio Jorgenrique Adoum para preservar su memoria y promocionar la poesía ecuatoriana. Handel Guayasamín ya está trabajando en el diseño de ese espacio. Pocho Álvarez hizo un hermoso video documental que ya comenté.
A la muerte de Jorquenrique, Nicole y Alejandra cambiaron de departamentos en el mismo edificio donde viven hace años, en la Avenida Colón, para que el fantasma de él no pudiera encontrarlas fácilmente, pero igual las encontraba todos los días y se instalaba con un vaso de vodka entre las dos, para escuchar en silencio sus conversaciones.
Estoy en deuda contigo Nicole. No respondí a tiempo tus mensajes, no te ayudé en la traducción del poema de Ivo Machado sobre Jorgenrique que me enviaste hace ya varios meses, y no incluí, hasta hace unos minutos, a François Rochaix en mi lista de direcciones, como me pediste. ¿Puedo enviarte este mensaje tardío a alguna parte para disculparme?

domingo, agosto 02, 2009

Jorge Enrique Adoum: Palabra viva


viernes 31 de julio de 2009
Daniela Saidman (DIARIO DE GUAYANA)

Palpita su voz en el verso. Está aquí, aunque recién se haya ido. Está su pueblo y todos los pueblos en su palabra que canta el hambre y la desnuda, como desvistiendo a un cuerpo amado. Jorge Enrique Adoum (Ambato, Ecuador, 1926 – Quito, Ecuador, 2009) es uno de los tantos poetas y hombres imprescindibles de esta América nuestra, tan poco nuestra.

Él fue capaz de fracturar la belleza para nacerse en el compromiso, hermoso e íntegro, como deben ser los poetas. Humano en cada una de sus páginas nos legó la curiosidad y la valentía, lo cálido y la ira, la tormenta crecida en el dolor y en la injusticia. Está y estará, porque no debemos dejarlo ir, porque su poesía es el poema que sabe resistir y resistirse, amando el vuelo del hombre conmovido por los pies descalzos y sin escuelas, que andan sin más esperanza que la de hambrear los huesos. Porque su verso será siempre una trinchera, la muerte no podrá alcanzarlo.

“a contrapelo a contramano / contra la corriente / a contralluvia / a contracorazón y contraolvido / a contragolpe de lo sido / sobreviviendo a contracónyuge / a contradestino y contra los gobiernos / que son todo lo absurdo del destino” (fragmento de Pasadología)

La patria supo decirse en su voz. Con sus sombras y sus llantos Ecuador le brotó de las manos para anclarse en el papel y le creció en los poros. Apareció como si el llanto hubiera lavado las ganas y le sobraran las angustias, como si lo vivido hubiera sido poco, como si el dolor fuera el paso y el abrazo, el único destino...

“Es un país irreal limitado por sí mismo, / partido por una línea imaginaria / y no obstante cavada en el cemento al pie de la pirámide. / Si no, cómo podría la extranjera retratarse / perniabierta sobre mi patria como sobre un espejo,/ la línea justo bajo el sexo / y al reverso: “Greetings from la mitad del mundo”. / (Niños, grandes ojos rodeados / de esqueleto, y un niño que se llora / montañas de siglos tras un burro.) (Ecuador: la geografía)

Y su palabra fue también denuncia y su voz un rosario de penas. Pero ni toda la rabia ni toda la tragedia, pudieron impedir que la palabra justa, esa que sabe medir la vida, anidara en su obra. El pueblo, cal y canto de la tierra, encontró en sus decires a un hermano poeta, labrador de versos, hombre con la justa dimensión de los impuestos silencios que supo gritar las heridas, y diciéndolas, les puso nombre para saber llamarlas, para saber combatirlas.

“Patria, golpeada patria, establecida / desde el océano a las cosas: yo amé / tu forma muerta, la estatua errante / de tu polvareda, el cuenco de tu mano / terriblemente joven que nos toca. Y, de repente,/ el húmedo fondo de donde el campesino / levanta su mercado semanal, yo alzo / para ti la huella descalza de tus hijos, / la sandalia del inca, la pisada / del conquistador sobre el azufre. / Porque como un resucitado, lleno / de vegetales barbas y de tiempo, no soy / sino tu traje de piel y de palabras, sino / la fotografía del que cayó primero, amándote / como pudo, contra el metálico monje de las armaduras” (fragmento de Baraja de la Patria)

Jorge Enrique Adoum nacerá una y otra vez, en las lecturas de sus versos, en la conversa donde su nombre lo recuerde, en los mástiles sin escuelas, en los viejos descalzos, en la siembra y en la cosecha que se queda el usupador de la tierra, en la mujer que se enamora y desviste, y en el hombre que sueña con ella.

“Tal vez eras lo único que mordía / mi corazón, tu boca me recordó a deshora / la flor enterrada tantas veces. Por qué / debías rehacer su pétalo quebrado. / Por qué me diste lo que no podías / y el hueco de tu voz que me persigue / tal vez porque eras lo único que quise, ay / desolada retrasada, ay estrella mal llegada / a condecorar mi obligatoria oscuridad”. (fragmento de Pasillo)

lunes, julio 13, 2009

Jorge Enrique Adoum Adoum escribió “¡Sálvanos, Señora!”, poema publicado en septiembre 20 de 1941


Por Jorge Salvador Lara
El Ecuador entero honra la memoria de Jorge Enrique Adoum, uno de nuestros mayores escritores, cultor de los más diversos géneros -poesía, ensayo, periodismo, teatro, crítica, sociología y narrativa-, recopilados en seis tomos ‘Obras (in)completas’, CCE, 2005, casi
3 000 páginas.

El índice de cada uno comienza con similar nota explicativa, ‘mirando hacia adelante’, para significar que no están todas sus obras: si no pueden recopilarse los escritos no publicados y menos todavía los no escritos, hay que concluir que, ‘mirando hacia atrás’, una selección anterior eliminó algunas producciones.

Amigo de Jorge Enrique desde las aulas del colegio, envío mi pésame a sus deudos, en especial su viuda, su hija Rosángela Adoum y su yerno Julio Bueno.

Nacidos el año 1926, puedo referirme a muchos episodios de los que fuimos testigos. Ni los diversos rumbos de vidas y viajes ni las discrepancias ideológicas pudieron quebrantar nuestro afecto. Aunque nuestros círculos de acción eran diferentes, cuando nos encontrábamos saludábamos con la misma fraternidad de siempre, como si nos hubiéramos visto ayer.

Iguales en edad, él sin embargo estaba más adelantado en el Colegio San Gabriel, sin duda porque le matricularon en la escuela a los 6 años y no a los 7 como a mí. Fuimos condiscípulos poco tiempo porque pasó al Colegio Mejía.

En todo caso, también él alcanzó a ser alumno del P. Jorge Chacón, académico de la Lengua y uno de nuestros más elocuentes oradores, quien nos exigía hablar y escribir con sintaxis y procurar un correcto castellano según lo demuestran escritores como Paco Tobar, Francisco Granizo, Renán Flores, Filoteo Samaniego y Claudio Mena.

El Colegio San Gabriel está dinamizado por la presencia de la Madre Dolorosa que abrió y cerró sus maternales ojos el 20 de abril de1906, misterioso mensaje de amor que desde hace más de un siglo conmueve al Ecuador y en particular a la juventud, su mirada y lágrimas atraen de modo singular a los ungidos por la inspiración poética, don de Dios.

No pudo eximirse Jorge Enrique de esa atracción y, poeta por excelencia, bajo la entonces vigente y estricta preceptiva literaria trocada por el hoy predominante versolibrismo, escribió su poesía “¡Sálvanos, Señora!”, aparecida el 20 de septiembre de 1941 en el Boletín mensual nro. 113 de El reinado de la Dolorosa del Colegio.

Eran tiempos de la II Guerra Mundial. Tal vez este poema, varias veces reproducido, sea la primera ficha de la copiosa bibliografía de Jorge Enrique:

“Señora del Milagro, el mundo va perdido sin timonel ni velas.../ El mundo está demente... anhela beber sangre... la pólvora satura las pupilas.../ ¿Quién recuerda que vino el Nazareno, que fue de Dios enviado? / Sálvanos tú, Señora... ¡Vuelve a llorar, María!”.

Por Jorge Salvador Lara
El Ecuador entero honra la memoria de Jorge Enrique Adoum, uno de nuestros mayores escritores, cultor de los más diversos géneros -poesía, ensayo, periodismo, teatro, crítica, sociología y narrativa-, recopilados en seis tomos ‘Obras (in)completas’, CCE, 2005, casi
3 000 páginas.

El índice de cada uno comienza con similar nota explicativa, ‘mirando hacia adelante’, para significar que no están todas sus obras: si no pueden recopilarse los escritos no publicados y menos todavía los no escritos, hay que concluir que, ‘mirando hacia atrás’, una selección anterior eliminó algunas producciones.

Amigo de Jorge Enrique desde las aulas del colegio, envío mi pésame a sus deudos, en especial su viuda, su hija Rosángela Adoum y su yerno Julio Bueno.

Nacidos el año 1926, puedo referirme a muchos episodios de los que fuimos testigos. Ni los diversos rumbos de vidas y viajes ni las discrepancias ideológicas pudieron quebrantar nuestro afecto. Aunque nuestros círculos de acción eran diferentes, cuando nos encontrábamos saludábamos con la misma fraternidad de siempre, como si nos hubiéramos visto ayer.

Iguales en edad, él sin embargo estaba más adelantado en el Colegio San Gabriel, sin duda porque le matricularon en la escuela a los 6 años y no a los 7 como a mí. Fuimos condiscípulos poco tiempo porque pasó al Colegio Mejía.

En todo caso, también él alcanzó a ser alumno del P. Jorge Chacón, académico de la Lengua y uno de nuestros más elocuentes oradores, quien nos exigía hablar y escribir con sintaxis y procurar un correcto castellano según lo demuestran escritores como Paco Tobar, Francisco Granizo, Renán Flores, Filoteo Samaniego y Claudio Mena.

El Colegio San Gabriel está dinamizado por la presencia de la Madre Dolorosa que abrió y cerró sus maternales ojos el 20 de abril de1906, misterioso mensaje de amor que desde hace más de un siglo conmueve al Ecuador y en particular a la juventud, su mirada y lágrimas atraen de modo singular a los ungidos por la inspiración poética, don de Dios.

No pudo eximirse Jorge Enrique de esa atracción y, poeta por excelencia, bajo la entonces vigente y estricta preceptiva literaria trocada por el hoy predominante versolibrismo, escribió su poesía “¡Sálvanos, Señora!”, aparecida el 20 de septiembre de 1941 en el Boletín mensual nro. 113 de El reinado de la Dolorosa del Colegio.

Eran tiempos de la II Guerra Mundial. Tal vez este poema, varias veces reproducido, sea la primera ficha de la copiosa bibliografía de Jorge Enrique:

“Señora del Milagro, el mundo va perdido sin timonel ni velas.../ El mundo está demente... anhela beber sangre... la pólvora satura las pupilas.../ ¿Quién recuerda que vino el Nazareno, que fue de Dios enviado? / Sálvanos tú, Señora... ¡Vuelve a llorar, María!”.
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viernes, julio 10, 2009

Adiós, poeta



Adoum, poeta, polígrafo de voz dulce y mirada profunda. Sus restos yacen en una vasija de barro.
Por Gonzalo Ruiz Álvarez

La mañana del viernes Quito despertó con la noticia: el poeta Jorge Enrique Adoum había muerto. En el oficio del periodismo que llevamos en la piel nos corresponde el trato personal con gente de toda condición, los más, personajes públicos, políticos y ministros, empresarios y dirigentes sindicales, analistas y diplomáticos, artesanos, malabaristas y gente común. Pero creo que es un privilegio y un tesoro espiritual el trato con la gente del quehacer cultural, creativo y artístico del país.

Por eso es que la muerte de Adoum no me es extraña, al contrario, me conmueve, más allá del solidario abrazo a sus familiares y amigos cercanos, su significación deja honda huella y sus esencias humanas y creativas se expandirán fuera del tiesto milenario en el que descansan sus cenizas.

Jorge Enrique se nutrió de una potente vibración humana en su casa paterna. El misterio y la magia que vino de Oriente próximo y la aureola que rodea a sus raíces grabaron imágenes indelebles en su personalidad que luego volcó en sus escritos. Como es cierto que nadie da lo que no tiene, sus primeras enseñanzas fueron acumulando en el olvidado rincón del subconsciente ricas historias que luego emergieron de modo espontáneo.

Decir que fue un polígrafo no es nuevo, tampoco anotar que a Jorge Enrique se lo recordará sobre todas las cosas como un gran poeta. La gama de géneros que dominó es un legado inestimable al acervo cultural ecuatoriano.

Más allá de las apologías de las que soy distante, debo decir que conocerle fue todo una experiencia. Muchas entrevistas en radio, y alguna en televisión ponían en escena su pensamiento y sus utopías, sus convicciones firmes y sus afanes revolucionarios de aquella revolución que tantos intelectuales soñaron de buena fe y nunca vieron cuajar.

Su voz era el trasunto de dulzura y delicadeza y su hablar pausado, sin estridencias, daba sentido a cada palabra medida que escogía para articular las oraciones. Y más allá, su mirada era profunda y cristalina, los vidrios gruesos de sus gafas permitían al interlocutor asomarse al balcón de su interior. Entrevistar a Adoum, conocer de sus viajes y amistades de alto rumbo intelectual, de su cercanía con Pablo Neruda y de sus labradas traducciones nos acercan a su yo cotidiano.

Recuerdo el montaje de un grupo peruano de su obra teatral: “El sol bajo las patas de los caballos”, en los setenta en el Teatro Sucre.

No podré olvidar la última entrevista con Oswaldo Guayasamín, retardada porque tomaba café con el poeta Adoum. Luego de horas de tertulia me mostró, desde la terraza de su casa, el gran terreno donde se habría de levantar La Capilla de hombre. Con su voz añosa me dijo: “al pie de ese árbol me van a enterrar”. Es allí donde yacen, y hasta el fin de los tiempos, las cenizas de Guayasamín y Adoum, en el “vientre oscuro y fresco de una vasija de barro” , la vuelta a la tierra de donde son.

domingo, julio 05, 2009

recordando al poeta...Sobre un viejo libro, la letra de Vasija de barro


El libro donde los poetas escribieron los versos

Cuando Jorge Carrera Andrade vio el cuadro que había pintado Oswaldo Guayasamín, su vena poética comenzó a acelerarse. Un minuto después, escribía sobre la página en blanco de un libro "Yo quiero que a mí me entierren como a mis antepasados...".

Era el 7 de noviembre de 1950 y Guayasamín había invitado a sus amigos a una fiesta en su departamento de la García Moreno y Galápagos. Se acercaba la medianoche y el pintor decidió mostrarles su último trabajo, llamado El origen, que mostraba una figura humana en el fondo de una vasija de barro. Así lo recuerda Gonzalo Benítez, quien fue uno de los invitados esa noche, junto con Luis Alberto Valencia.

De las manos de Carrera Andrade, el libro pasó a las del poeta Hugo Alemán, quien continuó con la segunda estrofa. Y así, al calor de los tragos y de la conversación, el libro pasó a manos del pintor Jaime Valencia y luego a las de otro poeta, Jorge Enrique Adoum.

Gonzalo Benítez quizo tomarlo también, pero no se atrevió. Ahora recuerda que su talento estaba reservado para otra cosa. Cuando el libro retornó a manos de Carrera Andrade, este miró a Benítez y su guitarra. El cantante se refugió bajo una escalera y comenzó a tararear primero y a tocar después, en ritmo de danzante, una de las canciones más emblemáticas de la música ecuatoriana. A las seis de la mañana todos cantaban en coro Vasija de barro.

Pasaron seis años para que la canción fuera grabada en la fábrica de discos de Gustavo Müller. (GA).

Ecuador despidió ayer a su poeta



La tarde de ayer se realizó un servicio velatorio para despedir al escritor Jorge Enrique Adoum. Sus restos fueron depositados junto a los de Guayasamín.
Edwin Alcarás. Redactor

Un viento helado corría ayer en la tarde sobre la cima del barrio Bellavista, en el norte de Quito. A ratos una ligera llovizna, como una corriente de partículas de vidrio, golpeaba a quienes asistieron al servicio velatorio con el que el país se despidió de uno de sus más grandes poetas Jorge Enrique Adoum.

La Capilla del Hombre, ese acariciado sueño de su amigo Oswaldo Guayasamín, fue el lugar elegido por la familia del escritor para darle el último adiós. Se trataba de cumplir una alegre promesa que a mediados de los años setenta se hicieran los dos amigos. “En una de esas reuniones que tanto les gustaba tener –refiere Rosángela Adoum- mi padre y Oswaldo se prometieron ir juntos después de la muerte”.

La promesa –que cumplió Guaysamín hace 10 años- fue respetada escrupulosamente luego de que Adoum falleciera la madrugada del viernes por un paro cardiorrespiratorio.

Al frente de la casa que habitó Guayasamín, debajo de un saludable pino de 25 años (al que los artistas bautizaron como el Árbol de la vida) se colocó dos carpas, una mesa blanca frente a cerca de cincuenta sillas. Sobre la mesa descansaba una vasija de sencillos motivos que Hernán Crespo Toral le regaló hace años a Rosángela Adoum.

Allí reposaban los restos de quien ha sido considerado el poeta ecuatoriano más reconocido internacionalmente de las últimas décadas. “Es una vasija antigua precolombina que al turquito le hubiera gustado mucho -sigue Rosángela. Siempre quiso que su funeral no fuera un funeral sino una fiesta. Espero estar cumpliéndolo”.

Cuando rayaba el alba del viernes pasado, la esposa del poeta, Nicole Adoum, buscaba un ánfora para cumplimentar su último acto de amor. “Fue entonces que me ofrecieron esta vasija. Allí está pero estará con nosotros siempre, por eso traje esas fotos, para que todos lo recuerden como fue hasta el final”.


Fragmento de “Los orígenes” (tomado de Obras (in) completas, tomo 4)
“Las dos vidas de Rimbaud” y “¿Quién le teme a James Joyce?” (Tomado de Obras (in) completas, tomo 3)
Esa franqueza tan suya, que le ganó la admiración de muchos autores de las generaciones más jóvenes, era uno de los componentes fundamentales de la personalidad de Adoum, en opinión del narrador Raúl Pérez Torres. “Su figura para nosotros más que de inteligencia fue de sabiduría. Fue un hombre de una pieza, coherente, que nunca perdió esa dignidad ideológica tan escasa en este tiempo”.

Esa coherencia ideológica fue saludada también por el presidente Rafael Correa, quien llegó a las 17:15 a la Capilla del Hombre. En una corta alocución declaró su luto personal y el de la patria por el escritor fallecido. El Gobierno, a través del Ministerio de Cultura, otorgó a Adoum el reconocimiento póstumo de la Medalla del Bicentenario.

Para ese momento cerca de 250 personas se habían agrupado frente a las cenizas del autor de ‘Notas del hijo pródigo’. A las 17:35, las cenizas fueron depositadas en un agujero cavado a la derecha de la tumba de Guayasamín. Desde un lado de la piscina llegaban las notas del popular danzante Vasija de barro.

Con esa frontalidad, con esa ausencia de poses, Adoum le había dicho hacía tres semanas a su esposa Nicole: “Sería divertido que me muriera hoy mismo ¿no te parece?, el mismo día de mi cumpleaños”. Era el lunes 29 de junio. En la mañana había estado “perfecto, de un humor excelente y muy repuesto de su neumonía”-recuerda Nicole-, “pero en la noche su salud desmejoró drásticamente”.

Ella le contestó lo que le hubieran contestado sus admiradores: “Sí, divertido para ti. Pero para mí sería terrible”. Es verdad. Un dolor insondable, una pena enrojecida alrededor de los ojos, reflejaba el rostro de doña Nicole mientras los amigos, los lectores, se despedían para siempre de ‘el turquito’. Entre los asistentes había algo de esa viudez, de esa orfandad, mientras veían cómo regresaba el ‘turco’, el poeta, a esa tierra, a ese polvo enamorado.


Adoum forjó una obra de vanguardia
Redacción Cultura



Desde ese primer poemario, cuyo título era una clave de la tesitura lírica de su autor, ‘Ecuador amargo’, hasta esa última entrevista que le hizo una periodista quiteña, Jorge Enrique Adoum desarrolló una propuesta original, fuerte, ampliamente admirada por varias generaciones de escritores.

El poeta Julio Pazos, quien lo conoció de muy cerca, cree que en ‘Los cuadernos de la Tierra’, a diferencia del ‘Canto General’, de Neruda, Adoum investigó el modo de pensar del hombre americano antes de la llegada de los españoles. (Por otro lado) En ‘Entre Marx y una mujer desnuda’ hay cierta presencia de los modos de narrar de la novela francesa, de los cincuenta. Varios elementos se relacionan con la narrativa de Julio Cortázar, que fue su gran amigo”.

Su coterráneo, el poeta Iván Oñate, cree que “en la poesía de Adoum apostaría por esa angustia inmóvil del país, por esa fiesta y aventura más inmóvil todavía que se llama Borrachera.

Apostaría por Declaración de amor en la pieza de al lado, que más bien es una confesión de irrenunciable y cruel soledad en el centro de nosotros mismos. Pero sobre todo, apostaría por todos los poemas de Postales del trópico con mujeres. Me atrevería a decir que a dichos poemas no es necesario leerlos, basta pasar una mano por sus páginas para sentir al tacto la tristeza de sus versos, para palpar esos relojes que indican la hora de los que se marchan para siempre”.

El poeta guayaquileño Ernesto Carrión estima que “ Adoum es la prueba de que la literatura no es evasión, sino inclusión y lucha. Perteneciendo a las vanguardias latinoamericanas, y afectado, para bien, por el momento histórico que viviera América Latina en los sesenta, su obra nunca dejó de mostrarse experimental, combativa, demasiado humana y terriblemente social”.

sábado, julio 04, 2009

a jorge enrique adoum in memoriam



Ha muerto Jorge Enrique Adoum.

LA ESTACIÓN
se une a su respiro último e inicia hoy, viernes 3 de julio,
un homenaje permanente al escritor y poeta ambateño,
uno de los más grandes hombres de las letras ecuatorianas y universales.
Durante todo julio, se escuchará la voz del autor leyendo sus versos
en medio de la noche, de la música, del café.

LECTURAS DE SU OBRA
Este lunes 6 de julio, desde las 18:00 a 20:00,
LA ESTACIÓN invita al primer encuentro de lecturas libres de su obra.
Todos los lunes del mes se repetirán estas reuniones,
en su memoria.

www.jorgeenriqueadoum.cce.org.ec
--
LA ESTACION
www.laestacionquito.blogspot.com

José Ortiz
098341626

David Bonilla
092668669

Lenin Ampudia
099711330

Diego Cazar
098944772

Se fue Adoum, el poeta de Quito y la vasija de barro


Uno de los escritores más importantes del país falleció la madrugada de ayer en Quito. Presentamos una semblanza realizada hace algunos meses.
Rubén Darío Buitrón
EL COMERCIO

Su voz se quiebra pero se vuelve luz. Luz de humo, luz de montañas, luz de vientos poderosos que han vuelto a sembrar la tierra.
Detrás del humo, en el humo, en la luz del humo está Jorge Enrique Adoum.

La despedida
La ceremonia de despedida para el poeta será hoy a las 12:00 en la Capilla del Hombre (Lorenzo Chávez y Mariano Calvache). La ceremonia estará abierta al público.

A las 18:00, los restos de Adoum serán enterrados junto a los de su amigo Oswaldo Guayasamín, debajo del árbol que ambos llamaron el Árbol de la vida, en la F. Guayasamín.

Detrás están el poeta, el filósofo, el político, el militante, el exiliado, el guerrero de la metáfora, el amante del cigarro y el vodka y las mujeres y los libros y la ciudad, esa ciudad que él no cambia ni siquiera por París, esa ciudad donde quiere morir cuando los años le digan que ha llegado el momento de apartarse de las huellas porque estas ya han calado en la historia personal y colectiva de Quito .

Siempre. Ahora. Mañana. Aunque el peso de sus 82 años lo haya convertido en un ser frágil, tierno, de decires lentos y pausados pero resplandecientes e iluminadores.

“Soy cáncer, obviamente”, dice sonriendo. Nació un 29 de junio. Está enfermo pero no pierde su chispa, su vitalidad, su memoria para recordar que el poeta español Rafael Alberti le dijo un día que cuando llegue a octogenario empiece a contar los años al revés hasta que la juventud regrese y, entonces sí, morir en plenitud.

Nada de viejito, bisabuelo o anciano. Simplemente Jorge Enrique. Aquel Jorge Enrique que no deja de leer, por ejemplo, las novelas ‘La hermana’ y ‘La sombra del viento’, que lee ‘Las costumbres de los ecuatorianos’ (Osvaldo Hurtado), que lee ‘El invitado’ (Carlos Arcos), que lee tres o cuatro libros al mismo tiempo porque “el tiempo está para eso mismo”.

No deja de ser crítico. Rompe lanzas contra los medios de comunicación que manejan un discurso “anti” y que están llenos de prejuicios. Golpea con sus conceptos a los viejos políticos que han sido “nefastos para el país”. Confía en el actual Presidente, de quien no le sorprende que sea “tan atacado porque es lógico que quien promete cambios radicales sea blanco de los conservadores radicales”.

La transformación del país llegará por una élite, afirma siguiendo con sus ojos la trayectoria de la voluta de humo del cigarro. “Pero debe ser una élite honesta, lúcida, valiente…”.

Fragmento de “Los orígenes” (tomado de Obras (in) completas, tomo 4)
“Las dos vidas de Rimbaud” y “¿Quién le teme a James Joyce?” (Tomado de Obras (in) completas, tomo 3)

Con Adoum hay muchos temas de que hablar. Muchos. Pero esta tarde donde la lluvia golpea los vidrios de los ventanales del departamento donde el poeta vive con Nicole, su esposa francesa, donde la ciudad de pronto se pone gris, triste, melancólica, donde la ciudad se abraza a sí misma para que el frío no la mate, tenemos que hablar de la ciudad que el poeta tanto ama aunque haya nacido en Ambato, aunque haya vivido en París más de 20 años.

La palabra ‘Quito’ lo llena de intensidades, guitarras, madrugadas, amores clandestinos arrimados contra un portal o bajo un balcón.

Lo llena de irreverencias y conspiraciones y proclamas y esperanzas. Lo llena de certezas porque es la ciudad donde siempre ha querido vivir y ha querido morir.

Le gusta la gente quiteña, la geografía, las atmósferas de los rincones coloniales, las esquinas por donde tantas ocasiones pasó, se quedó, cantó, se tomó un trago, compuso un verso, abrazó a una chiquilla, contempló la luna, respiró el primer sol de los amaneceres traviesos.

Le gusta que los quiteños se sientan quiteños en medio de la desazón de ser ecuatorianos, de no tener un sentido de nación, de negar inconscientemente a la patria por su extraño e impreciso nombre de Ecuador que, al final, significa nada y todo.

Valora profundamente que exista un orgullo de ser quiteño. Ser quiteño en la mitad de un generalizado y patético sentimiento de inferioridad que se expresa en cosas sencillas y al mismo tiempo conmovedoras.

Adoum gesticula y explica cómo los ecuatorianos estrechamos la mano del ser superior, casi temblando y casi temerosos, cómo nos agachamos ante el extranjero, cómo damos rodeos para decir sí o no, cómo bajamos la mirada cuando alguien nos conmina o desafía.

Y cómo, cuando intentamos sacarnos la camisa de ese complejo, nos volvemos agresivos, arrogantes, violentos.

No, nada de eso es ser quiteño. O no debería ser una condición del nacido en esta tierra. No debieran ser quiteños el burócrata prepotente, la secretaria de la oficina poderosa, el alevoso chofer de bus…

En todo eso hay una esencia: no aceptarnos como somos, no aceptarnos mestizos, venidos de españoles pero también de indios, cholos, negros, mulatos...

Hay una riqueza notable y maravillosa en esa mezcla, en esos rasgos, y, sin embargo, no somos capaces de encontrar motivos para que el orgullo y la identidad nos den la dignidad.

Adoum recuerda que los conquistadores españoles ya miraban a Quito con preocupación, con recelo. En aquellos años eran pocos los nacidos en la ciudad y, sin embargo, esos pocos hacían temblar al imperio. La Iglesia y el poder realista dejaron muchos documentos donde consta que esta “es una ciudad peligrosa por intelectual, beligerante, irreverente, rebelde, altiva, imposible de someter”.

Al poeta le parece que somos un pueblo mágico, misterioso, insondable: “Cualesquiera diría que los quiteños somos tolerantes, tímidos, agachados, pero de pronto estallamos, de pronto somos la luz del devenir”.

En ese devenir recuerda el 2 de Agosto, el 10 de Agosto, el 24 de Mayo, la revolución de las alcabalas, la revolución juliana, la revolución liberal, el derrocamiento de Arroyo del Río, las caídas de Velasco Ibarra…

“En la universidad teníamos ideales, teníamos coraje, teníamos caminos trazados para ir por la transformación”. Y, ¿ahora? No lo sabe, no está seguro. Percibe e intuye que la juventud actual tiene otra manera de asumir su rol en la vida. Estudiar, graduarse, salir de la universidad, encontrar un empleo, no pensar en los demás, no aportar a los cambios urgentes que demanda un país…

Pero percibe e intuye que puede estar equivocado cuando repasa la última década y las caídas de Abdalá Bucaram, de Jamil Mahuad, de Lucio Gutiérrez. El surgimiento del movimiento de los forajidos, el triunfo de Rafael Correa. Es como si la revolución que él soñó, cantó y configuró en sus largos insomnios y escondidos miedos, aún fuera posible, aún fuera un argumento para seguir viviendo hasta que algo distinto empiece a navegar entre la gente.

Orgulloso de eso. De un Quito valiente, digno, un Quito de mujeres inteligentes y sutilmente sensuales, de un Quito de pasillos y serenatas, de cuerdas y rondadores, de versos y sinfonías, bohemias y clarinadas.

¿Romántico? ¿Cursi? No creo, refuta Adoum. “Los quiteños tenemos muchas razones para mirar al mundo con la cabeza en alto.

Tenemos grandes poetas, maravillosos novelistas, poderosos muralistas, conmovedores artistas plásticos, exquisitos artesanos, notables pensadores, heroicos líderes populares”.

El poeta se lleva el cigarro a la boca. Despacio, con la mano temblorosa. Deja un espacio para exorcizar sus males. Nos mira y permanece en silencio. “No recuerdo de qué estábamos hablando”, susurra como avergonzado, como abochornado, pero susurra y también sonríe como si eso no importara, como si Quito no fuera un tema para una entrevista formal donde la pregunta y la respuesta, el viejo formato, lo resuelven todo.

No, no importa. Hay que dejarlo ‘poemizar’ la vida, pintar la ciudad con sus palabras estremecedoras y contundentes, describir los detalles de los conventos y las iglesias, caminar los parques y las plazas, tocar con sus manos los monumentos, subir al Panecillo o al Itchimbía o a La Tola o a San Juan, recordar con exactitud las dimensiones físicas y legendarias del tranvía o del Teatro Sucre, escuchar su aguda crítica contra quienes no transitan por la propia historia de La Mariscal o El Placer o La Carolina, reunirse en la Lonchería Italiana o en el Capri o en el ‘murcielagario’ de La Ronda, contra quienes miran afuera en busca de una identidad .

Tampoco importa que en la mitad de la conversación llegue el médico, un poeta maravilloso llamado Eduardo Villacís Mey- thaler, y que Nicole nos pida con suavidad y delicadeza hacer una pausa para que Eduardo pueda chequear a Jorge Enrique, para que este hombre aparentemente invencible, aparentemente invulnerable, se pruebe a sí mismo que sigue vivo, y que desde esta vida que nos contagia cuando regresa del chequeo y se sienta despacio y vuelve a encender el cigarro y disfruta el placer del humo denso que sube y se expande y difumina y disuelve en el ambiente donde hila frases, conceptos, ideas, planteamientos y propuestas alrededor de este amor confeso por una ciudad que emana luz y oscuridad, leyendas y paisajes, momentos humanos irrepetibles en otra geografía, en cualquier otra geografía que Jorge Enrique ha recorrido con sus pasos y sus versos.

Por eso quiere que lo entierren como a sus antepasados, en una vasija de barro donde el amor pueda multiplicarse, donde el futuro sea el fulgor de un pasado capaz de juntar, para siempre, las cenizas de Oswaldo Guayasamín, Jorge Carrera Andrade, César Dávila Andrade, Eduardo Kingman, Alfredo Pareja Diezcanseco, Luis Alberto Valencia, de Benjamín Carrión, de Ernesto Albán Mosquera.

Su voz se quiebra pero se vuelve luz. Detrás del humo, en el humo, en la luz del humo se queda Jorge Enrique Adoum. Se queda el poeta, filósofo, político, militante, exiliado, guerrero de la metáfora, amante del cigarro y el vodka y las mujeres y los libros y la ciudad, esa ciudad donde el poeta quiere morir cuando los años le digan que ha llegado el momento de apartarse para siempre de las huellas.

Reacciones
Miguel Donoso Pareja / Narrador

‘Gran poeta y novelista extraordinario’
Siento profundo dolor por la pérdida del amigo. Un reconocimiento al gran escritor, gran poeta y extraordinario novelista. ‘Entre Marx y una mujer desnuda’ es una de las mejores novelas de los últimos 30 años.
Fue un escritor sólido, pero que ello no le impedía buscar nuevas rutas. Red. Guayaquil

Julio Pazos / Poeta

‘Es admirable la fidelidad de sus ideas políticas’
Es el escritor ecuatoriano más importante de la segunda mitad del siglo XX. Su obra siguió las innovaciones de la vanguardia y que, tanto en la narrativa como en la poesía lírica, dieron bellísimas experiencias literarias. Es admirable la fidelidad de su pensamiento político y lo auténtica que fue su obra literaria.

M. A. Rodríguez / Presidente CCE
‘El escritor más completo de habla hispana’

Su palabra transgredió tiempo y espacio. En tal virtud, su legado intelectual perdurará por siempre. Adoum fue, quizá, el escritor más completo de habla hispana de los últimos 50 años. Es un hecho del que debe estar consciente el pueblo ecuatoriano. Su muerte enluta todas las banderas de América.

Juan Martín Cueva / Cineasta
‘Tenía una visión crítica ante la historia y el país’
Es una pérdida muy grande. Su visión era muy crítica ante la historia y la sociedad ecuatoriana. Él siempre tocaba temas que llevaban a una reflexión y que a muchos dentro de la sociedad no les gustaba enfrentar.

La cultura y todo el país pierden a un crítico valioso.

viernes, julio 03, 2009

El escritor Jorge Enrique Adoum falleció


El autor de obras como “Entre Marx y una mujer desnuda” y “Ciudad sin ángel” murió a la edad de 83 años por un paro cardiorespiratorio. Sus restos serán enterrados junto a la tumba de Guayasamín.

El escritor y poeta ambateño Jorge Enrique Adoum falleció la madrugada de hoy a la edad de 83 años de un paro cardiorespiratorio.

La familia del autor de obras como “Entre Marx y una mujer desnuda” y “Ciudad sin ángel” anunció que mañana se realizará una ceremonia en la Capilla del Hombre a partir de las 12:00 hasta las 18:00.

Después sus restos serán enterrados junto a la tumba de Guayasamín en el Árbol de la Vida ubicado en la Capilla.

Adoum (Ambato, 1926) fue secretario privado de Pablo Neruda en Santiago de Chile a donde viajó para terminar sus estudios de Derecho y Filosofía. Neruda dijo sobre Adoum que Ecuador tenía el mejor poeta de América Latina, quien en ese entonces tenía sólo 26 años.

En 1949 publicó su primer libro “Ecuador amargo” que fue comentado por Neruda y Carlos Drummond de Andrade.

A partir de entonces escribió innumerables obras y fue galardonado con importantes premios de la literatura nacionales e internacionales entre ellos, el Premio Xavier Villaurrutia de México en 1976 por su novela “Entre Marx y una mujer desnuda”, otorgado por primera vez a un escritor extranjero no residente en ese país.

Además recibió el premio nacional de Poesía de Ecuador (1952), el premio de poesía en el primer concurso Casa de las Américas de La Habana (1960) y el premio nacional de Cultura Eugenio Espejo (1989), la más alta presea cultural del Gobierno ecuatoriano.

En el 2005 fue postulado al premio Cervantes, considerado como el galardón más importante para un escritor de habla hispana.

Falleció Jorge Enrique Adoum


Jorge Enrique Adoum, escritor y poeta ecuatoriano.

El escritor y poeta ambateño Jorge Enrique Adoum, falleció en Quito la madrugada del viernes, por un paro cardiorespiratorio.

Jorge Enrique Adoum es el autor de obras como "Entre Marx y una mujer desnuda" y "Ciudad sin ángel".

El sábado desde las 12:00 hasta las 18:00 se realizará una ceremonia en la Capilla del Hombre, informó su familia. Los restos de Jorge Enrique Adoum serán enterrados junto a la tumba de Guayasamín en el Árbol de la Vida ubicado en la Capilla.

En 1976 escribió la novela ‘Entre Marx y una mujer desnuda' que fue adaptada al cine por Camilo Luzuriaga. Por esta obra, Adoum fue nominado al Premio Cervantes.

1995 escribió ‘Ciudad sin Ángel' y en 1997 ‘Los Amores Fugaces'.

A la edad de 26 años, el poeta y escritor ambateño fue secretario privado de Pablo Neruda en Santiago de Chile, mientras estudiaba Derecho y Filosofía.

En 1949 Adoum publicó su primer libro "Ecuador amargo", que fue comentado por Neruda y Carlos Drummond de Andrade.

En 1953 escribió Notas del Hijo Pródigo.

En 1955 sacó el texto Relato del Extranjero.

También escribió los ensayos críticos "Poesía del siglo XX", que abarca estudios sobre Paúl Valery, Rainer María Rilke, César Vallejo, entre otros.

En 1990, se destacó por la publicación de ‘Poesía Viva del Ecuador'.

También publicó el cuarto volumen, "El dorado y las ocupaciones nocturnas".

Tradujo al español la poesía de T.S. Elliot, Langston Hughes, Jacques Prévert, Yannis Ritsos, Vinícius de Moraes, Nazım Hikmet, Fernando Pessoa, Joseph Brodsky, y Seamus Heaney.

Jorge Enrique Adoum también recibió importantes premios nacionales e internacionales:

En 1976 el Premio Xavier Villaurrutia de México por su novela "Entre Marx y una mujer desnuda".

En 1952 recibió el premio nacional de Poesía de Ecuador.

En 1960 obtuvo el premio de poesía en el primer concurso Casa de las Américas de La Habana., con la obra "Dios trajo la sombra".

En 1989 recibió el premio nacional de Cultura Eugenio Espejo, la más alta presea cultural del Gobierno ecuatoriano.

En el 2005 fue postulado al premio Cervantes.

Sus escritos tienen a los temas sociales como principal característica.

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Murió Jorge Enrique Adoum

El escritor y poeta ecuatoriano, Jorge Enrique Adoum, falleció la madrugada de este viernes. La obra de Adoum siempre ha tratado temas sociales y por ella fue nominado al Premio Cervantes.

El escritor y poeta ecuatoriano falleció esta madrugada. El Gobierno ecuatoriano ha expresado su consternación por la "irreparable pérdida".

Quito, Ecuador

El escritor y poeta ecuatoriano, Jorge Enrique Adoum, falleció de un paro cardiorespiratorio la madrugada de este viernes, a los 83 años.

El Gobierno de Ecuador expresó a través de un comunicado sus condolencias por "tan irreparable pérdida" que ha enlutado a todo el país.

El ministro de Cultura, Ramiro Noriega, indicó en una entrevista en Radio Pública, que el mejor homenaje que se puede realizar al escritor "es seguir leyendo sus trabajos".

Según el portal electrónico Ecuadorinmediato, los restos de Adoum están siendo cremados, y serán posteriormente, trasladados a la casa del fallecido pintor ecuatoriano, Oswaldo Guayasamín.

La familia del escritor tiene previsto realizar mañana una ceremonia en la Capilla del Hombre, en Quito.

Adoum nació en Ambato. Sus estudios secundarios los realizó en el Instituto Nacional Mejía de la ciudad de Quito, y de Derecho y Filosofía en la Universidad Central del Ecuador que culminó en la Universidad de Santiago, Chile.

Entre sus mayores y más conocidos éxitos se encuentra la novela "Entre Marx y una mujer desnuda", publicada en 1976, la misma que fue llevada al cine en 1996 por el realizador ecuatoriano Camilo Luzuriaga.

La obra de Adoum siempre ha tratado temas sociales y por ella fue nominado al Premio Cervantes.

Fue director de Ediciones de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y después funcionario de las Naciones Unidas y de la Unesco. En sus obras se nota la la influencia de Pablo Neruda, de quien fue secretario personal durante algún tiempo.