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jueves, junio 10, 2010

Alejandro García Virulo: “Los humoristas somos gente seria”


9 Junio 2010


Vrulo y Amaury en "Con 2 que se quieran". Foto: Peti

Alejandro García Virulo y Amaury Pérez en "Con 2 que se quieran" Fotos: Petí

Amaury. Muy buenas noches, estamos, como cada semana, en Con 2 que se quieran, aquí, en el corazón de Centro Habana, en el barrio de Lezama, en Prado y Trocadero, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy tenemos como invitado, me da risa hasta presentarlo, me da risa él siempre, es una persona muy simpática; uno de los más grandes humoristas, el padre del humorismo inteligente de los últimos 50 años en este país.

Trovador, compositor de canciones hermosísimas de amor, que me va a contar por qué no las hace, por qué no las canta, por qué no las graba. Mi querido amigo, fraterno, casi somos de la misma edad, él es un poquito menor que yo, Alejandro García, Virulo. Bueno, es un gusto tenerte aquí.

Virulo. Gracias, para mí también es un gusto estar aquí.

Amaury. Esta pregunta siempre te la quise hacer: ¿Cómo atreverse, formando parte del Movimiento de la Nueva Trova, a hacer canciones humorísticas en un momento donde la solemnidad imperaba?

Virulo. Chico, creo que yo no decidí nada, la vida me llevó pa’ allá. Tengo un amigo humorista venezolano que dice una cosa que es muy graciosa, él dice que los humoristas somos gente seria, pero que la gente se ríe con lo que decimos y finalmente siento que eso fue lo que a mí me pasó. Trataba de buscar un camino, de decir lo que yo quería y a mi manera, y salió el humor de una forma totalmente natural. Es cierto que en el momento en que empecé a hacer esas canciones todo era muy solemne, pero yo estaba en el Pre y los socios míos del Pre lo que querían oír era otra cosa también y entonces yo hice lo que quería mi generación de alguna manera también. Querían divertirse, y fui parte de todo eso.

Amaury. ¿Pero en el Pre fue que empezaste a hacer canciones, o antes, en la secundaria?

Virulo. En la secundaria todavía no hacía canciones humorísticas. En la secundaria tenía un grupo ahí loco que se llamaba los Sioux, ¿no te acuerdas?, que era un grupo de Rock and Roll. Después fue en el Pre que empezamos en la Nueva Trova y a hacer las canciones en ese corte.

Amaury. ¿La de Superman, no?

Virulo. La de “Superman” y “Acuaman”, la de “Manolito”. Una serie de canciones y a partir de ahí me fui definiendo en ese camino.

Amaury. Pero nunca dejaste de hacer canciones serias. Bueno, las canciones de humor tuyas son muy serias, son muy pensadas, pero las canciones románticas…

Virulo. Románticas… mira, yo siempre digo, que tengo mi corazoncito y hay cosas que no puedo resolver a través del humor y tienen que irse a través de otras canciones, tengo que contar cosas de otra forma, y siempre he seguido haciendo canciones.

Amaury. Pero no las cantas habitualmente.

Virulo. Habitualmente no las canto. Hace tres años decidí hacer un disco donde metí algunas de esas canciones, que se llamaba “El mundo está nuevecito”, que fue cuando nació mi hijo -el más pequeño, Sebastián-, y entonces hice una canción que se llamaba “El mundo está nuevecito”, hablando de esa capacidad de los niños de verlo todo nuevo, que es una capacidad que desgraciadamente los adultos vamos perdiendo con el tiempo.

La canción más o menos lo que dice es, que qué bonito sería volver a ver el mundo, pero con los ojos de mi hijito, que se asombra ante todas las cosas sencillas de la vida.

En ese disco metí algunas de esas canciones, digamos, más reflexivas, no humorísticas.

Amaury. ¿Cómo la gente las recibe cuando las cantas, cómo pueden separar al Virulo que están esperando, el del chiste? ¿Cómo puedes introducir al público en una canción de esas?

Virulo. Hay una canción que se llama “El Colibrí”, que es la historia de un colibrí, empieza como una canción humorística, pero después se convierte en una canción muy seria. Es un colibrí que tiene alergia por las flores y estornuda cada vez que llega a los jardines. Él se tiene que mudar a la ciudad y en la ciudad se empieza a deprimir y acaba metiéndose en una biblioteca y en la biblioteca, de repente ve que alguien abre un libro y ve las páginas de colores y se empieza a interesar y aprende a leer y comienza a meter el piquito en todos los libros y a polinizarlos y se empiezan a mezclar todos los conocimientos de la humanidad.

Amaury. Eso es una novela, es un buen tema para una novela

Virulo. Pues sí, hice una canción que es esa historia, ese cuento y mira, de una manera muy curiosa, es la canción con la que acabo casi todos mis conciertos.

Amaury. Virulo, yo te conocí estando tú en el Pre, pero el Virulo niño ¿tú naciste en el Vedado?

Virulo. Yo nací en el Vedado, 23 entre 8 y 10.

Amaury. ¿En la casa adonde yo iba?

Virulo. En la casa adonde tú ibas.

Amaury. Cuéntame del Virulo niño.

Virulo. ¡Chico, ya no me acuerdo mucho!

Amaury. No hace tanto.

Virulo. Hace un poquito. Era un niño tranquilo, quizás un poquito… me gustaba jeringar a mis primas, a mi hermana. Aparte de ser un niño tranquilo, era un niño un poco jodedor, en otras palabras.

Me acuerdo, todos los muebles de la casa quedaron desbaratados, porque siempre agarraba los muebles los viraba al revés y hacía unas naves espaciales, entonces jugábamos. Desbaratábamos todo, yo creo que es clásico de todos los niños.

Amaury. A mí me hubieran matado…

Virulo. Los míos me lo están haciendo ahora.

Amaury. Si yo le rompo un mueble a mi mamá me hubiera arrancado la mano. ¡Óyeme, tu abuela, yo recuerdo siempre a tu abuelita!

Virulo. Mi abuelita Emma. Mi abuela era un personaje que escribía, pintaba a los setenta y tantos años. Escribió unos poemas extraordinarios. Tenía una gallina. Yo no sé si te acuerdas del apartamento ese de 23, que había un pasillo largo, largo, y al final había como una terraza y allá atrás estaba mi abuelita sentada en un balance con una gallina puesta en la cabeza, cualquiera que llegara y veía eso, qué locura, ella tenía esa gallina que ponía huevos en sus poemas. Era una cosa…, la relación de mi abuela con la gallina era la cosa más absurda del mundo.

Amaury. Tu abuela prácticamente te crió.

Virulo. Mi abuela fue la que me crió y la relación con mi abuela era una relación de amistad, pero ella me trasladaba su mundo loco también. Una vez hubo un problema, una crisis familiar alimentaria y hubo que meterle mano a la gallina. Mira, fue el único disgusto que he tenido con mi abuela. Estuvo seis meses sin hablarme, me dijo que yo era un antropófago. Parte de eso fue mi infancia y creo que el humor iba a aparecer de alguna manera.

Amaury. Y la cercanía de tu casa con el ICAIC, tu papá…

Virulo. Mi papá trabajó en el ICAIC, fue fundador del ICAIC; era del Departamento de Trucaje de dibujos animados donde trabajó toda la vida. Yo me la pasaba colado en todas las exhibiciones del ICAIC, y le robaba el carné y me metía en la Cinemateca a ver las proyecciones que eran para los empleados.

Y fíjate, una cosa muy interesante: como mi papá dirigía el Departamento de Trucaje, hacían muchas exhibiciones de películas de ciencia ficción y a mí me encantaban. Vi una cantidad de películas de ciencia ficción desde niño, que yo creo que alimentaron mucho mi fantasía, y eso es una cosa que no me ha abandonado, el deseo ese de fantasear, de imaginar un mundo distinto del que vivimos. Eso no me ha abandonado nunca.

Amaury. ¿Quién te puso Virulo?

Virulo. Virulo me lo dicen desde tercer grado, una profesora me puso en una lista de asistencia; mi nombre es Alejandro García Villalón, y me puso Alejandro García Virulo, y pasó la lista de asistencia así.

Creo que era porque yo jeringaba mucho, hablaba mucho en clases. Virulo en Cuba no significa absolutamente nada, después he sabido que, en Argentina, Virulo es darse un golpe.

Amaury. ¡Ah, no sabía!

Virulo. Darse un virulo, darse un golpe. Virolo en México es ser bizco, pero Virulo, yo no sé por qué me puso lo de Virulo en la lista de asistencia y pasó la lista.

Amaury. O será que leyó un error al pasar la lista.

Virulo. Pero de Villalón a Virulo, ¡coño!.., yo no me la he vuelto a encontrar, si me la encuentro le preguntaría ¿por qué?

Amaury. Pero de todas maneras es un término sonoro también.

Virulo. A mí lo que me lo empezaron a decir y no me gustaba y con eso sellé mi destino, entonces me decían más Virulo hasta que ya. Un día llegué a mi casa y mi mamá: ¡Hola, Virulo!

Amaury. ¡No, no puede ser!

Virulo. Y ya me olvidé del asunto.

Amaury. ¿Cuándo fue tu debut? No tu debut en las fiestas del colegio, de la secundaria, del Pre. No, no, el debut donde había un público que no te conocía. ¿Cuándo fue?

Virulo. Fue en la Sala Hubert de Blanck, cuando estaba en 12 grado. Digo que ese fue el debut porque fue la primera vez en una sala profesional, para un público que pagaba, claro. La mitad del auditorio era de socios del Pre, pero bueno, alguien que no nos conocía entró, supongo.

Amaury. ¿Pero cantaste ya canciones humorísticas?

Virulo. Canté como dos canciones, ya tenía la de Superman.

Amaury. ¿Y dónde estalla entonces el momento de popularidad? ¿Cuándo es que de repente todo el mundo reconoce a Virulo?

Virulo. Con la canción del Chevy en un festival de la FEEM creo que fue que la estrené, y ya después de eso se hizo un disco de esa canción, se empezó a popularizar y me empezaron a llamar para hacer televisión ¿Te acuerdas de Televisión Universitaria?

Amaury. ¡Claro, cómo no!

Virulo. Tenía un programa que se llamaba “Siempre en Domingo”, que lo dirigía Jorge Gómez: la gente le decía “siempre los mismos”, porque éramos como cuatro que siempre íbamos al programa.

Amaury. Pero recuerdo a los trovadores de aquella época, que cuando se hacían los órdenes de los conciertos, todo el mundo decía: “Yo no voy detrás de Virulo”. ¿Qué tú recuerdas de esa época?

Virulo. Bueno, Silvio me invita muy generoso, Silvio siempre ha mantenido un constante batallar con presentar a gente nueva y de alguna manera todos hemos disfrutado de esa generosidad de Silvio, de presentarnos.

Amaury. ¡Sí, sí, sí!

Virulo. Y entonces él me invita. Yo, muy sorprendido de hacer una gira por Venezuela y con Silvio Rodríguez. Entonces en un concierto donde estaba malanga y su puesto de vianda, de pronto Virulo para cerrar y nadie sabía quien era el Virulo aquel y ahí, yo, para cerrar, entonces anuncian: ¡Y ahora Virulo! La gente se empezó a levantar, y yo me paro y empiezo a meter mi trova. Una cosa muy tensa, porque imagínate, la gente en un estadio, yéndose todo el mundo. Me acuerdo que estaba haciendo una cosa del Génesis, ¡chico!, y empezó la gente a regresarse y la gente a regresarse y creo que es de las actuaciones más emocionantes que he tenido en mi vida, porque además era una cosa totalmente inesperada, que la gente no solamente no se fuera, bueno, algunos se fueron, vamos a no exagerar, pero los que se quedaron, se quedaron contentos, pidieron otra, y tuve una muy buena crítica en Venezuela, me acuerdo, en El Nacional, salió una página entera. Ahí yo creo que empezó mi carrera fuera de Cuba.

Amaury. ¿En Venezuela?

Virulo. En Venezuela.

Amaury. Recuerdo que la gente decía: trovador cubano que se conoce en Venezuela (por supuesto, Silvio y Pablo siempre están distinguidos); Venezuela es de Virulo. Virulo es Venezuela. ¿Ese vínculo se mantiene todavía?

Virulo. Mira, el tiempo que me fui a México, que estuve trabajando en México, me distancié de Venezuela, pero estoy tratando de recuperar esos vínculos. Todos los años voy alguna vez.

Amaury. Saliendo del Pre, ¿tú estudiaste una carrera?

Virulo. Estudié Arquitectura. Eso fue un compromiso familiar de que los viejos míos me dijeron: ¡bueno, lo que tú quieras, pero tú terminas la carrera! Yo voy a hacer la carrera, no te preocupes. Y bueno, pues, hice la carrera.

Amaury. Y colgaste el título.

Virulo. Después colgué el título y más nunca. Y ahora ni me acuerdo.

Amaury. ¿Pero nada, ni siquiera dibujas todavía?

Virulo. Dibujo. Mira, el gusto por la arquitectura me queda y me queda la organización. La arquitectura es el arte de organizar los espacios en función de necesidades, de expectativas, etc. Eso hace que organices tu forma de pensar, cómo tú obtienes más resultados con menos elementos, con menos dinero, con menos esfuerzo.

Lo mismo puede suceder para todo. Cómo tú puedes expresar más cosas con menos palabras en menos tiempo, la síntesis. Eso es aplicable a la Literatura, es aplicable a todo. El organizar tu pensamiento para llegar a un resultado, eso es una cosa que a mí me sirvió muchísimo de la carrera y lo sigo haciendo, y lo sigo aplicando.

Amaury. ¿Y esa cosa que la gente dice como en broma, de que un arquitecto es un tipo que no fue lo suficientemente hombre como para ser un ingeniero?

Virulo. Bueno, hay parte de realidad, no es mi caso. Yo era trovador, llegué ahí de casualidad. Sí, pero los arquitectos por otro lado decían que eso era fruto de la envidia, porque las mujeres más lindas que había en esa CUJAE estaban en la escuela de Arquitectura, y los ingenieros se morían de envidia.

Amaury. ¿Cuándo fundaste el Conjunto Nacional de Espectáculos?

Virulo. El Conjunto Nacional de Espectáculo, la verdad, ya existía. El Conjunto Nacional de Espectáculos lo fundan Alberto Alonso y Sonia Calero.

Amaury. Que eran grandes profesores.

Virulo. Eran grandes profesores, muy bien formados y se suma Sara González, estaba Carlos Montezuma, Carlos Más.

Amaury. Carlos Ruiz, Natalia…

Virulo. …Natalia Herrera, Carlos Ruiz de la Tejera, de ese Génesis…

Amaury. … Que lo bajaban…

Amaury. …Carlos Ruiz bajaba como un Dios con dos angelitos en biquini, pero en el Carlos Marx, allá arriba -eso la gente no lo sabe- hay una pila de murciélagos y durante toda la primera parte de la obra uno oía a Carlos Ruiz dando gritos allá arriba: “¡Bájenme, bájenme! ¡Acaben, acaben!” Nosotros estábamos actuando para el público, y él gritando, la gente no se daba cuenta de eso, hasta que sonaban unos acordes y entonces bajaba Carlos Ruiz, el Dios.

Amaury. ¿Cuántas obras hiciste ahí?

Virulo. ¿En el Carlos Marx? ¡Oh, una pila, hice muchísimas! El primero fue Génesis, después hicimos La candela; El Bateus de Amadeus; La Esclava contra el árabe. Hacíamos dos obras todos los años.

Amaury. ¿Cómo era lo de Sara González? Que es tan cómica en su vida personal.

Virulo. Creo que Sara estuvo en el Conjunto y siempre estuvo en la dicotomía de por un lado la canción revolucionaria, “La victoria” y no sé cuánto, y por otro lado la jodedera que implicaba estar allí en el Conjunto y hacer Eva, porque salía Sara con un maillot amarillo que aquello había que mandarse a correr ¿te acuerdas? Sara era Eva y Tatica, Adán.

Amaury. Que lo hacía bien, porque Sara hubiera sido una buena actriz cómica.

Virulo. Creo, que como lo han hecho muchos actores, muchos grandes actores, ella podía haber llevado las dos carreras juntas.

Amaury. ¿Y cuáles son los riesgos? ¡Fíjate! Yo estaba pensando en todas esas obras y esas obras tenían, sí, un componente humorístico grande, pero también había una parte intelectual muy trabajada. En el país del choteo, ¿cuál es el riesgo que corre un tipo que trata de hacer un humor inteligente?

Virulo. Nosotros teníamos que buscar un equilibrio siempre de decir cosas, pero que la gente también gozara y se divirtiera mucho. Incluso, como parte de la programación, siempre pensamos hacer un espectáculo universal, con otros planteamientos y hacer un espectáculo nacional de la gozadera, ya de la actualidad.

Amaury. Y los guiones, ¿los hacías tú solo?

Virulo. No, yo tenía un equipo de gente. Trabajábamos básicamente los guiones Jorge Guerra (que desgraciadamente falleció a principios del año pasado, mi hermano de Chile), Héctor Zumbado que sigue vivo (creo que de este año no pasa que le organice un homenaje, alguna cosa), y yo.

Amaury. Hay que hacérselo, se lo merece.

Virulo. Se lo merece porque además, creo que es el más grande escritor de humor de los últimos 50 años en Cuba, sin lugar a dudas. Hacíamos los espectáculos básicamente entre nosotros tres. Hay espectáculos como el Génesis que escribí yo, pero después a la hora de adaptarlo para teatro, nos metíamos a trabajar en conjunto.

Amaury. ¿Y quién dirigía la puesta en escena de todo eso?

Virulo. Pues hubo muchos directores, desde José Antonio Rodríguez, hasta no sé, Nelson Dorr. Yo contrataba para cada espectáculo a un director.

Amaury. De prestigio.

Virulo. De prestigio…, eran cosas maravillosas, que a mi me gustaría, fíjate, volver a hacer una experiencia de ese tipo. Que se diera la posibilidad, porque ahora las cosas están organizadas como de otra manera. Cuando aquello era muy fácil decir: ¡bueno, vamos a llamar a un, qué se yo!… Hubo coreografías ahí, que las hizo ¡hasta Alberto Méndez!

Amaury. Sí, sí.

Virulo. Nosotros llamábamos a coreógrafos de primerísima línea. Directores de primera línea. Era un trabajo…

Amaury. …Sí, y no estamos hablando tampoco de hace tantos años.

Virulo. Trata de hacer una cosa así ahora para que veas que difícil se vuelve porque todo el mundo está como en su lugar. Hace falta volver a hacer cosas donde se fusionen diferentes artes para bien de la gente.

Amaury. El que lo puedes hacer eres tú.

Virulo. Génesis, eso poca gente lo sabe, el diseño de los muñecos y del vestuario de Génesis, ¿adivina tú de quién era? De Tomás Sánchez.

Amaury. ¡Madre santa, del maestro Tomás Sánchez!

Virulo. Del gran maestro Tomás Sánchez. Por ahí te digo de la gente que acababa trabajando con el Conjunto Nacional de Espectáculos. Y bueno, fue un privilegio y una suerte que yo tuve de caer ahí y de poder manejar esos hilos y de poder llamar a todos esos personajes a trabajar con nosotros.

Amaury. Recuerdo que eran espectáculos críticos, pero que no era criticar por criticar. ¿Tú crees que el humor tiene que ser siempre crítico para que funcione?

Virulo. No. Creo que el humor siempre es un estado comparativo. En el humor alguien va a salir apaleado de todas maneras, es decir hay un estado de criticar una situación, la manera en que se haga es la que puede cambiar los términos de la jugada, porque puede hacerse de una manera agradable, donde nadie salga ofendido.

Amaury. Lastimado.

Virulo. Que nadie salga lastimado, que nadie se moleste. Creo que eso es perfectamente posible. Y ahí está el trabajo de “Les Luthiers”, de más de 40 años.

Amaury. ¿Cuánto sabes tú del humor que se hace en Cuba ahora?

Virulo. Pues estoy más o menos informado, hay muchos a quienes conozco de primera mano, que son mis amigos, que estuvieron con nosotros en el Conjunto Nacional de Espectáculos, que estuvieron después en el Centro Nacional de Promoción del Humor, que ese centro fue como la última cosa que yo fundé en el año 88 en el Acapulco. Ahora hay mucha gente que no sé, ya no los conozco, que los he ido conociendo, el mismo guajiro Antolín. A Antolín lo conocí gracias a Doimeadiós, primero lo vi por televisión y fui una vez a verlo a un show y hay mucha gente posterior que no tuve con ellos contacto de primera mano, como sí con Doime, con Ulises, con Churrisco, como toda esa gente que sí trabajaron conmigo, mucho.

Amaury. Y no son tampoco tan jovencitos, lo que pasa es que son eternos.

Virulo. Sí, tienen una pila de años, no son unos niños.

Amaury. Hay humoristas que dicen que el género del costumbrismo, del vernáculo ya está pasado de moda, que eso no tiene ningún sentido rescatarlo. Ahora Eusebio Leal está haciendo la gran obra de rescatar el Teatro Martí y tratar de volver a poner aquellas obras de Candita Quintana. ¿Tú crees que algún género del humor es viejo?

Virulo. Yo creo que no, todo depende cómo se haga Amaury, depende del enfoque del que dirija, claro, tú puedes hacer teatro museable. Lo que tendría que cambiar son los temas, porque es un teatro que para que esté vivo la gente tiene que sentirlo que está escrito por un tipo que se bajó de la guagua cinco minutos antes que él, y que está viviendo las mismas cosas que está viviendo él. Entonces sí hay que hablar de la realidad. De hecho el vernáculo es un teatro de la cotidianidad y el teatro costumbrista, ¿qué es el teatro costumbrista? El teatro que habla de las costumbres, y las costumbres se hacen día a día. Es decir, a lo mejor ahora tenemos costumbres diferentes de hace 30 años, hace 40 años, pero no cambia el hecho de que necesitemos hablar de lo que estamos viviendo todos los días.

Amaury. ¿Por qué en Cuba hay tan pocas mujeres humoristas?

Virulo. No sé, pero en el Conjunto había.

Amaury. Yo me pongo a pensar y digo Aurora Basnuevo…

Virulo. Tu mamá que era una delicia, Consuelito para mí ha sido de las más exquisitas humoristas.

Amaury. Bueno, gracias.

Virulo. La verdad, porque era una ricura oírla, una mujer tan simpática, sin tener que decir groserías. Creo que a lo mejor últimamente las mujeres le tienen un poco de miedo a la carga de grosería que ha agarrado el humor, eso es una cosa que a mí, por lo menos, me lastima, no me gusta, es innecesario. Creo que hay que rescatar la gracia natural que tiene este país que te encuentras gente graciosísima en todas partes, donde menos te imaginas. La gente es graciosa de una manera natural, sin que haya groserías.

Amaury. Sí, ahora se meten con el público, es una cosa de lo más rara porque he estado en algunos espectáculos y he visto a un humorista que de pronto le dice una grosería al público y el del público se ríe.

Virulo. Se ríen de nervios, porque eso también es un juego desleal, porque tú estás con un micrófono delante de una gente, te metes con alguien ¿qué hace el tipo? Si pierde los estribos meterte un botellazo por la cabeza o si no, pues se hace el bobo, se hace el que, ja, ja, ja y se rió. Creo que es una risa que tiene más que ver con el nervio que con que el tipo esté disfrutando, o al menos, hay gentes tan imbéciles que pueden disfrutarlo, que bueno, felicidades. Ese es su problema.

Amaury. Tú sabes que aquí no se admite la cámara escondida, en todos los países del mundo la gente termina riéndose, pero aquí trataron de hacer una vez un programa y la gente se puso brava. ¿Por qué tú crees que el cubano que es tan humorista, tan risueño, tan jodedor -sería la palabra en cubano-, y sin embargo, no soporta que le tomen el pelo? ¿Por qué tú crees que pasa eso? Yo no le encuentro explicación.

Virulo. Yo me acuerdo un programa de cámara escondida que a mí me robaban un Lada, que yo estaba llegando a La Cecilia ¿tú te acuerdas?, me robaron el Lada y yo estaba preocupado de verdad, figúrate. Y eso todo el mundo lo gozó mucho.

Amaury. Pero nada más se hizo aquella vez.

Virulo. La gente lo gozó muchísimo y la gente se divertía muchísimo con esos programas. Recuerdo uno que se hizo con un enano y Chucho Valdés, que el enano era el contador de la luz y Chucho Valdés tenía que cargarlo para leer el reloj… ¿Tú crees que Chucho se puso bravo? Yo no me puse bravo, yo lo que cuando me di cuenta lo gocé muchísimo.

Amaury. Óyeme, Virulo, tú estuviste muchos años en México. ¿Cuántos, muchos?

Virulo. ¡Uff, como 17 años!

Amaury. ¿Ahí conociste a tu actual esposa, no?

Virulo. La conocí en México, pero vinimos para acá a vivir aquí, es mexicana con la que llevo ya 20 años de casado y sigo feliz, creo que sí encontré el amor de mi vida ahí. Vinimos a vivir para acá, y cuando estábamos aquí, ella quería estudiar cine y le dan a ella una beca del CCC (Centro de Capacitación Cinematográfico) de allá de los Estudios Churubusco en México. Yo tenía dos opciones: separarme de mi mujer, que ella se fuera para México, y yo quedarme aquí y ver lo que pasaba… Y coincide, felizmente, esta situación con que a mí me proponen hacer una cosa con Imevisión.

Amaury. Lo que hoy es Televisión Azteca.

Virulo. Lo que es hoy Televisión Azteca… Para mí era una aventura, para ella era empezar su carrera y fuimos para México. Esto fue antes del Período Especial, no fue una decisión por nada que no fuera absolutamente personal. Empiezo a trabajar con Televisión Azteca que acabé haciendo una serie que se llamó “Virulencia modulada”, que estuvimos al aire como un par de años en México.

Amaury. ¿Y la serie de HBO?

Virulo. Me llaman un día en México para decirme que estaba seleccionado dentro de un grupo de humoristas que HBO quería filmar.

Amaury. ¿Era HBO Latino?

Virulo. Sí, era HBO Latino, que se hacía en Venezuela. Fíjate, viene por Venezuela. Y entonces hago dos programas: uno que fue como una entrevista con otros tres humoristas y el otro fue un concierto mío en el Aula Magna de Caracas. Amigos míos lo han visto en Inglaterra traducido. En China con subtítulos y yo le decía: ¡compadre, consígueme una copia!, a mí me encantaría tener una copia con los subtítulos en chino. Ese programa se ha puesto en todas partes del mundo y todavía se pone.

Después iba a hacerse la segunda parte y empecé a trabajar en los Siete pecados capitales, pero después de eso ya no se hizo más, se fue HBO de Venezuela, regresaron a Estados Unidos, desapareció HBO Latino como tal y ese proyecto quedó truncado.

Amaury. Está tu hija Rocío que ya es una mujer.

Virulo. Ya es una mujer, tiene 24 años.

Amaury. Se mete conmigo en la computadora y tenemos una relación que me parece increíble tener una relación con tu hija de escribirnos por la computadora y además tienes otros dos hijos chiquitos.

Virulo. Tengo dos, mis dos mexicanitos.

Amaury. Fue una historia bien complicada que nacieran esos muchachos.

Virulo. Sí, pasamos muchísimo trabajo y fue gracias justamente a un doctor cubano, a Nelson, que además le gusta cantar, hace sus guarachas y todo eso, y que dirige el departamento de Fertilidad del (Hospital) González Coro. ¡Ay, Amaury! Creo que es el proceso más difícil por el que puede pasar un matrimonio. El querer tener hijos y no lograrlo. Eso se llevó el tabaco mío que fumaba, se fue en esa corrida, dejé de fumar y operaciones van, operaciones vienen… un tratamiento que yo compadezco a la gente que está pasando por eso, nosotros estuvimos muchos años con eso, estuvimos como cinco años.

Amaury. ¿Y cómo conociste al doctor Nelson?

Virulo. Al doctor Nelson yo lo conocía como cantante, por las guarachas, pero yo no sabía que era un especialista tan grande y un día él está en México, y me llama. Le digo, ¡ven a comer a la casa! Lo voy a buscar y estamos en la casa conversando y le contamos que estábamos tristes por lo que estábamos pasando y él dice: ¡Tráeme la radiografía esa! Entonces se pone a ver. “Oye, pero esto no es nada”. Y yo, pero, compadre, ¿cómo que no es nada? Y me dice: “Vete para Cuba, yo opero a tu mujer y vas a ver”.

Efectivamente, vinimos aquí, se operó y me dijo: en seis meses se embaraza; a los dos meses estaba embarazada.

Amaury. ¿Y cómo te sientes de papá? Digo, tú todavía estás joven y estás rozagante.

Virulo. No tanto, no tanto.

Amaury. ¿Tú eres del 55?

Virulo. Tengo 55 años.

Amaury. ¡Ah, no, yo llevo la cuenta, yo sé que tú eres menor que yo!

Virulo. Pero poquita cosa, un año.

Amaury. ¿Cómo es eso? Ya Rocío grande y de repente dos niños chiquitos, o sea, empezando nuevamente.

Virulo. Claro, lo que pasa es que son dos hijos muy queridos, muy buscados, que nos llenaron de felicidad, a mi mujer y a mí. Nosotros estamos vueltos locos con los niños, gozándolos, disfrutándolos. Mi vida se ha convertido en que mis hijos sean felices.

Amaury. ¿Cuántos más vas a tener?

Virulo. No, ya. Oye, si esos dos me tienen noqueao. Tú no sabes lo que es volver a las malas noches, Amaury. Llevamos cinco años de dormir más o menos. Es volver a agarrar la pelea, es un tren de pelea que no es fácil. A mí me tienen vuelto loco los dos chiquitines esos.

Amaury. Volvemos a la carrera. ¿Tú sientes que hay continuadores en Cuba para el tipo de humor que tú haces con la guitarra, la música, la voz?

Virulo. Sí, creo que el género este que hago, que es en definitiva de alguna manera lo que hacía Ñico Saquito, lo que hacía el Guayabero, con sus diferencias naturales del nivel cultural, del tiempo, de la época, de todo eso… Sí, hay muchachos jóvenes haciendo cosas… Jorge Díaz es muy simpático lo que hace, las canciones que hace. Creo que es un género difícil en el sentido de que hay pocos músicos que se dediquen a hacer humor, pero está presente tal vez en la obra de mucha gente, desde Formell, que tiene mucho sentido del humor en algunas de las cosas que hace.

Desde todos los salseros que de alguna manera está presente el humor. Creo que hasta en el reguetón está presente el humor. Hay un grupo por ahí que se llama Cola Loca, creo que es de unos santiagueros que están arrebataos, que tienen lo de “quítame la sal, padrino”, muy gracioso, muy simpático. El humor en la música yo creo que es una cosa que nunca va a morir, siempre va a estar presente y va a haber una continuidad de lo que yo hago, quién sabe de cuántas maneras.

Amaury. Cuando tú estás tanto tiempo fuera de Cuba -y has estado un tiempo en Venezuela y un largo tiempo en México-, ¿has sentido que le pierdes el pulso a la realidad cubana, a la manera de reírse del cubano? ¿Tú sientes que va cambiando?

Virulo. De repente hay cosas que no entiendo, porque aquí las cosas cambian muy rápido, la realidad callejera, estar en la calle en Cuba, tú tienes que estar en Cuba, esa es una cosa que sí, de repente cuando te metes mucho tiempo fuera, después te cuesta trabajo. Ya sabes más o menos por donde van las reglas del juego, pero es muy difícil, porque esto cambia diariamente de acuerdo a cómo cambia la vida y de acuerdo a cómo cambian las cosas.

Y para mí es muy importante sentir ese pulso. Buscar, porque tú lo que haces como humorista es hacer un consenso y eso es lo que de repente extraño. Esas mismas herramientas yo las uso en México, las uso en Venezuela, en España. Las antenas esas que se dicen que tú subes a un escenario y tienes que estar con las antenas para saber qué siente la gente y por dónde lo siente, y qué cosa darle y qué cosa no darle.

Amaury. Bueno, aquí en esta última pregunta, yo soy el vocero del sentido popular, ¿dónde tú vives?

Virulo. Yo vivo en Cuba, yo vivo ahí en el Vedado, no voy a dar la dirección.

Amaury. No des le dirección porque te caigo ahí por las noches y yo hablo tanto, tanto, que ni a mí me la des.

Virulo. Yo vivo aquí en Cuba desde el año 2008, mi esposa y yo decidimos venir a residir aquí en Cuba. Tengo muchas cosas en México y voy mucho a México, fueron muchos años, 17, 18 años en México. Dejé muchas cosas ahí, muchos trabajos.

Amaury. Además está la familia de tu mujer, que es también tu familia.

Virulo. Y está la familia de mi mujer, mi familia y vamos a mantener esa cercanía con México que no se va a perder nunca y vamos a estar temporadas allá y temporadas aquí, pero básicamente estamos viviendo aquí, en Cuba.

Amaury. ¿Y por qué tomaste esa decisión?

Virulo. Tomé esa decisión… ¿por qué no?, de la misma manera que estuvimos un tiempo viviendo fuera de aquí, ¿por qué no estar viviendo aquí?

Amaury. ¿Es tu derecho, no?

Virulo. Es mi derecho y además me siento muy bien en mi país, me siento muy bien en Cuba. Necesito ese pulso que durante tanto tiempo no sentí, volverlo a sentir. Y sentirlo con toda la intensidad y responder a lo que necesite mi gente también.

Amaury. Bueno, pues te doy las gracias, mi socio. Todo mi cariño, te agradezco que hayas venido, tú sabes que te quiero mucho.

Virulo. Yo también te quiero mucho, Amaury.

Amaury. Hay muchas historias compartidas.

Virulo. Muchas historias.

Amaury. Gracias, Virulo.



Vicente Feliú, Alejandro García "Virulo" y Amaury Pérez

Vicente Feliú, Alejandro García "Virulo" y Amaury Pérez. Foto: Peti
Alejandro García "Virulo" en "Con 2 que se quieran". Foto: Peti


Alejandro García "Virulo" con el equipo de realización de "Con 2 que se quieran". Foto: Peti



Alejandro García "Virulo" y Amaury Pérez en "Con 2 que se quieran". Foto: Peti


Alejandro García "Virulo" y Amaury Pérez en "Con 2 que se quieran". Foto: Peti



Alejandro García "Virulo" y Amaury Pérez en "Con 2 que se quieran". Foto: Peti




Virulo, Amaury, el camarógrafo Yamil y Rafael Solís, director de Fotografía. Foto: Peti

martes, mayo 19, 2009

virulo en el mella: Una mirada al Buena Risa Social Club



Fernando León Jacomino • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)

… y lo peor de todo, sin necesidad
Evaristo Carriego

¿A qué obedecerá ese título de Buena Risa Social Club? ¿Acaso Virulo llenará el escenario con sus antiguos colegas del Conjunto Nacional de Espectáculos, aun cuando no recen entre los invitados? ¿Quedará algo vivo de aquellos temas y de aquella relación hilarante y orgánica que sobrevivía a las rudimentarias filmaciones de la época para imponerse en casas tan remotas como la mía de entonces?

Así, indeciso pero optimista, me fui al Mella en la noche del estreno para integrarme a un auditorio numeroso y muy diverso, mayoritariamente joven. Es muy interesante la cantidad de espectadores que acude a nuestros teatros en clara composición familiar, tendencia que se manifiesta particularmente en los espectáculos humorísticos. Familias, muchas de ellas con adolescentes y hasta con niños, parejas muy jóvenes y poca gente de teatro integraban el auditorio al que me sumaba con el propósito de reencontrar a Virulo, a más de 20 años de verlo por última vez en vivo.


Desde la canción de Rosa Alelí, primera del concierto y alusiva, como se conoce, a la relación entre hijos y padres divorciados, se produjo una absoluta empatía entre el artista y los espectadores. Ajeno a toda pose, Virulo ofreció una espléndida selección que integraba de modo muy coherente algunas canciones significativas de su etapa con el Conjunto Nacional de Espectáculos y otras de su repertorio posterior, mucho menos conocido entre nosotros. Diversidad temática y una perspectiva que apuntó siempre a las esencias de los temas tratados iban conduciendo al espectador a una risa cómplice, creciente, reflexiva, que no llegaba casi nunca a la carcajada; acreditando así una saludable tensión entre la alta elaboración artística de la oferta teatral y la expectativa general del público, alimentada por un humor la mayoría de las veces circunstancial e inmediato.

Un pequeño conjunto, discreto y efectivo en su labor de acompañamiento musical y coros, servía de apoyatura a las interpretaciones impecables del artista. Lejos de retroceder en sus mecanismos de comunicación directa con el espectador, como resultado de sus reiteradas incursiones en el medio televisivo, Virulo ha mantenido y perfeccionado sus herramientas para la comunicación con el público en vivo. Pequeños gestos, máscaras faciales para la caracterización instantánea de personajes y actitudes, mínimas e hilarantes incursiones coreográficas y algún que otro chiste o narración intermedios para contextualizar una canción; dieron cuentas de un actor-director atento a cada detalle, con pleno dominio del gesto social nacional y capacidad para actualizar, con precisión minimalista, canciones escritas hace varios lustros, al punto de que gran parte del público lograra recibirlas como nuevas.

Curiosamente, y sobre todo en aquellas canciones muy conocidas por mi generación y la de mis mayores que cuentan una historia cuya clave se revela al final, la comunicación se producía en dos niveles: una parte del público coreaba en voz muy baja las estrofas iniciales e intermedias y construía un ambiente de verdadera complicidad con el artista; mientras que la otra, integrada por los más jóvenes, reía sorprendida una vez cerrado el ciclo, tal como si se tratase de chistes recién compuestos.

Y en eso estábamos cuando llegó el primer invitado: Eleuterio González (Telo). Fundador del grupo La leña del humor, Telo integra desde entonces aquel grupo de jóvenes humoristas que enriqueció la vida cultural universitaria de los ´80, movimiento que luego derivó hacia la disolución de las agrupaciones originales y el predominio de figuras aisladas, vinculadas en su mayoría al Centro Promotor del Humor.

Dando fe de una antigua relación de trabajo con Virulo, que incluye varias asesorías a textos y espectáculos suyos, Telo ofreció dos sketchs o monólogos breves que no escuchaba desde aquellas descargas de La leña… en la Universidad Central de Las Villas. Se trata de dos textos cuidadosamente elaborados que indagan sobre diferentes aspectos de la comunicación entre el artista y su público. Primero una parodia sobre los mecanismos de recepción característicos de aquellos pseudopoemas con fondo musical que cantantes como Camilo Sexto popularizaran durante la década del ´80. Luego una sarcástica indagación en los más enrevesados mecanismos y elucubraciones que podrían acompañar a la escritura de una novela. En ambos casos el artista se esmera con fortuna en caricaturizar fórmulas y estructuras preconcebidas para la producción de sentido que en última instancia revelan incultura y falta de rigor en la instancia generadora del hecho artístico y que aspiran a una comunicación inmediata, subestimando de paso la inteligencia del espectador.



En esta cuerda y desde una crítica filosa e incisiva que no deja lugar a dudas, Telo nos ofrece dos de las piezas más valiosas de aquel colectivo villaclareño que, si bien conservan vigencia y vitalidad suficientes, hoy nos parecen un tanto ingenuas ante el desmedido incremento de tales operaciones en nuestro contexto mediático y en muchos de los espectáculos en vivo que se producen, muchos de ellos concebidos por artistas del sector profesional. Sin embargo, y en franco contraste con la audacia comunicacional de Virulo, Telo exigió una mayor atención del espectador, como consecuencia de su limitada proyección escénica y de un ritmo lento e inseguro que en ocasiones llegó a comprometer la comunicación y afectar la indiscutible hilaridad de los textos representados.

Luego sucedió algo que no por anunciado dejó de resultar chocante: toda aquella atmósfera cuidadosamente construida por la acertada progresión dramática de las canciones y chistes incluidos, en lugar de desembocar en un bloque final más intenso pero coherente con los mecanismos de enunciación predominantes hasta ese momento, derivó en la intervención del segundo invitado, el actor Carlos Gonzalvo y su personaje el Profesor Mentepollo. Es así que el público, hasta entonces contenido, expectante, presto a la indagación, transita de golpe hacia la recepción llana y directa de un tipo de chiste que no pretende profundizar en causa o esencia alguna. De un minuto a otro la perspectiva crítica de alta elaboración se trasmuta en choteo y el espectador salta de la complicidad a un aquelarre más periodístico que artístico, que da al traste con toda la atmósfera de participación inteligente construida durante los primeros 45 minutos de función.

En una suerte de retransmisión en cámara rápida, algunos de los temas que fueron examinados por Virulo son recapitulados por el actor Carlos Gonzalvo, desde la superficialidad de un personaje muy coherente con su concepción y propósitos comunicativos, pero situado en un contexto erróneo. De momento, los mismos asuntos y otros sufren una suerte de banalización o lavado ideológico con fuerte sabor a prohibido, como consecuencia de una operación que se ha hecho habitual en nuestros escenarios y espacios televisivos y que no precisa de altos niveles de elaboración textual para alcanzar elevadas cotas de popularidad.



Y esto no quiere decir que Gonzalvo y otros humoristas de similar perfil estén incapacitados para generar propuestas de mayor rigor estético. Sin pretender siquiera un esbozo de su trayectoria, puedo dar fe del desempeño de este actor con agrupaciones tan diferentes como el Teatro Pinos Nuevos, de la Isla de la Juventud y Humoris Causa, de la capital. Lo que ocurre es que, más allá de sus posibilidades como actor, Gonzalvo se acoge en este caso al tipo de humor superficial que prefieren y potencian nuestros medios de difusión masiva y que responde a arquetipos de comunicación tan antiguos como el humor mismo, puestos aquí en función de aprovechar asuntos poco abordados por esos mismos medios. Lo que me cuestiono en este caso es la pertinencia de hacer coincidir en un mismo escenario dos modos tan diferentes de comunicación con el espectador, en aras de conseguir una convocatoria masiva que sospecho Virulo hubiese conseguido por sí solo, sobre todo en una sala tan céntrica y vinculada al humor como el Teatro Mella.

Pero Virulo al parecer volvió para quedarse y el día llegará en que retome su merecido espacio en los medios (ojalá que sea mediante un espacio fijo) y recomponga sus nexos con humoristas como Osvaldo Doimeadiós, Iván Camejo y el propio Telo, entre otros; más cercanos a sus mecanismos de elaboración estética y prestos a construir contra viento y marea ese humor inquietante, sagaz y participativo que nos hace hoy tanta falta o más que en aquellos años fundacionales del Conjunto Nacional de Espectáculos.

lunes, mayo 11, 2009

Alejandro García (Virulo): No dejarse engolosinar por la risa

El destacado humorista está de nuevo en La Habana. En diálogo con JR, revela sus planes y valora el humor cubano actual
Por: Dora Pérez Sáez y Luis Luque Álvarez
Correo: dorita@jrebelde.cip.cu
10 de mayo de 2009 00:19:19 GMT

Aquella profesora de primaria que, para burlarse del muchacho, le cambió en un pase de lista el apellido Villalón por el mote de «Virulo», no imaginaba que, más que fastidiarlo, le estaba imponiendo un sello de valor, porque solo mencionar ese nombre en las carteleras culturales sirve para convocar al público a tratar de conseguir aquello que se agotó en la taquilla...


Virulo ha vuelto de México. Desde diciembre de 2008 está de nuevo en La Habana, porque «quiero que mis hijos (los pequeños Sebastián y Emiliano) crezcan aquí, aunque me mantengo trabajando allá; voy y regreso». Y en este ir y venir, JR lo atrapó en el Teatro Mella, donde presenta el espectáculo Buena Risa Social Club, en escena desde el pasado fin de semana, y también este, además del lunes y el martes próximos. Conversamos en su casa, café mediante.

—¿A qué se debe que cada vez que se anuncia una presentación tuya en Cuba, sea a teatro lleno?

—El público es un misterio. La respuesta está en que una generación le transmitió a otra quién era yo, qué espectáculos hacía, y me imagino que muchos jóvenes van sin saber quién soy, porque sus padres les dijeron: «Vete a verlo, que era bueno lo que hacía».

«Además, en Internet tengo mucha presencia. Varias páginas tienen muchas visitas, y en Youtube hay bastante material, desde las cosas más antiguas hasta las más recientes. Creo que eso también influye. Por otro lado, siempre llevo a mis espectáculos a gente del Centro Promotor del Humor, que son más conocidas por los más jóvenes, y se combinan ambos públicos, con el teatro lleno como resultado».

—A Tina Turner le dicen «La abuela del rock», por su trascendencia. ¿Se podría decir que eres algo así como la Tina Turner del humor cubano?

—¡No, no! (se ríe); ese es Carlos Ruiz de la Tejera, no yo. Carlos Ruiz tiene 80 años; es contemporáneo con mi papá.

—Mantienes buenos vínculos con él...

—Sí. Lo quiero mucho. Me preocupé cuando, en diciembre, estuvo ingresado por un problema en la columna, y lo fui a ver al hospital. Mucha gente ni se imagina que Carlos Ruiz tiene 80 años.

—Los tiempos del Conjunto Nacional de Espectáculos son vistos como una edad dorada. ¿Has pensado retomar alguna de estas obras con los que quedan de aquella época?

—Como práctica en la vida, generalmente no miro atrás. Sigo adelante, pero sí creo que hay cosas de las que se hicieron que valdría la pena retomar, como El Génesis según Virulo, que es anterior al Conjunto. Lo hice con Sara González, Carlos Más (el Simplicio de San Nicolás del Peladero), Carlos Moctezuma, Natalia Herrera, que todavía está en la pelea; el grupo Manguaré...


«Ese fue un espectáculo con mucha trascendencia en su época, y lo presentamos en los lugares más extraños del universo, por ejemplo, en la Catedral de Cuernavaca, México, invitados por el obispo Méndez Arceo, y hasta en el salón plenario de la ONU, en Nueva York, además de en Caracas, y en España, en una larga gira. Me gustaría volverlo a hacer».

—¿Habría posibilidades?

—¡Sí, claro! Con gente nueva. Imagínate, a Carlos Ruiz de la Tejera lo subíamos y lo bajábamos allá en el Karl Marx colgando de un hilo, y no creo que él quiera volver a hacer eso. Sara, no pienso que pueda salir otra vez con un mallón amarillo, vestida como Eva. Algunas cosas serían irrepetibles, pero con la gente joven pudiéramos trabajar en eso.

—El Génesis, por cierto, es un motivo universal. En tu obra, estos abundan.

—He hecho la mitad de mi carrera fuera de Cuba, porque después del Conjunto me fui a trabajar a México. A partir de ahí he estado en Colombia, Venezuela, España, Argentina, Chile y Ecuador, y mi trabajo siempre ha estado marcado por el interés de entenderme con todo el mundo en todas partes.

«Ahora bien, cuando se me ocurre una cosa siempre trato de ver cómo la va a entender alguien que no tenga la información directa de lo que está sucediendo en Cuba; la cuestión es cómo hacer una historia sin dejar de ser muy cubano, sin dejar de atrapar a gente que no tiene la información de nuestra cotidianidad.

«Considero que la universalidad de mi trabajo está en haberme preocupado siempre, no por lo anecdótico inmediato, sino por la historia, porque las historias se pueden entender dondequiera, en todos los tiempos, pero lo anecdótico inmediato es más difícil de entender. Tengo que buscar cosas que sean absolutamente comprensibles en todas partes, sin dejar de ser muy cubano».

—En este punto está el tema de las influencias. Tu personaje de Constantin von Sauerkraut nos recuerda un poco el Johann Sebastian Mastropiero, de Les Luthiers...

—Constantin von Sauerkraut es una especie de alemán-austríaco, de esos que andan con una mochila viajando por el mundo, gente muy participativa, a la que todos identifican. Tiene mucho que ver con el Mastropiero, porque sin dudas Les Luthiers han sido, durante buena parte de mi vida, una guía, un norte.

«El de ellos es un humor universal, muy elaborado, muy inteligente, que a mí me gusta tremendamente. Los asumo no solo como influencia, sino como una brújula en mi vida artística. Somos muy amigos y hemos hecho cosas juntos. Nos conocemos hace muchos años, los quiero y los admiro extraordinariamente, y opino que son el mejor grupo de humor en el mundo».

—En tu creación, ¿te has sentido censurado, o te has autocensurado?

—El humor puede ser muy peligroso, porque a veces puedes estar diciendo cosas que no quieres decir. Hay que tener cuidado de no dejarse engolosinar por la risa, que puede ser una reacción muy fácil. Muchas veces, en la búsqueda de la risa te puedes poner a decir cosas que no son las que piensas. Y lo haces solo por un mecanismo de complacencia con el público y contigo mismo.

«El rigor artístico está en subir al escenario con la responsabilidad de comunicar lo que uno piensa. Creo que el humor es una expresión muy racional, muy intelectual, aunque se le tiende a subestimar.

«Y sí, me he sentido censurado, y autocensurado. Lo más curioso es que a veces la censura opera sin saber qué está censurando. No como mecanismo crítico de una expresión, sino como reacción ante un problema que se le está creando. No brincas cuando se pone la obra, sino cuando empezaron a protestar por la obra».

—Si dieras una mirada al humor actual en Cuba, ¿podrías decir una virtud y un defecto?

—La virtud principal que observo en los humoristas es la valentía para enfrentar problemas y situaciones que no encuentran cabida en otras expresiones artísticas. El humor tiene la maravillosa virtud de que a través de él se pueden decir cosas duras y fuertes que no serían admitidas en ninguna otra manifestación.

«Entretanto, el gran defecto es ese mismo: se han quedado tan enganchados en la cotidianidad, en lo inmediato de los problemas nacionales, que han dejado en muchos casos de ser una expresión artística. Lo que más me preocupa es que el humor se convierta en una maquinaria de denuncia, de confrontación, de crítica, y deje de ser una historia. Creo que no es válido que los humoristas se conviertan únicamente en críticos de la sociedad, sin arte. Porque es el arte lo que les da razón de ser.

«Es ese el problema más grave. Se han empantanado, y han creado un sentimiento muy raro en el público, que ya lo que quiere es oír lo atrevido, lo que no dice nadie, lo irreverente, sobre cuestiones a las que nadie más alude».

—El vernáculo lo hacía, pero...

—Pero nunca perdió su raíz artística. Había música, baile, había una manifestación desenfadada, directa, crítica; pero era arte. Lo que me preocupa es que los humoristas se paren hoy a decir cosas sin ningún arte.

—Precisamente un humorista, enterado de que conversaríamos contigo, nos dijo: «Pregúntenle por qué se fue de Cuba cuando quizá lo necesitábamos más».

—Cuando me fui no había empezado el período especial; fue en 1989 o 1990, y básicamente por dos razones: una, mi esposa, mexicana. Llevamos 20 años juntos, y yo estaba —estoy— muy enamorado de ella. En aquel momento le ofrecieron estudiar en una escuela de cine en México, y eso coincidió con que me ofrecieron a mí un programa en TV Azteca.

«Era una oferta muy tentadora, y tenía mucha razón de ser entonces, cuando el Conjunto ya había cumplido su meta: Jorge Guerra, uno de mis puntales, quería regresar a Chile. La mayoría de las obras las escribíamos él, Héctor Zumbado y yo.

Carlos Ruiz y Tatica estaban más apartados del Conjunto, haciendo su trabajo sobre los poetas, y constantemente tenían giras. Ya estaba fundado el Centro Promotor del Humor, en el cine Acapulco; había una pujante marea de humoristas, y le dejé a Osvaldo Doimeadiós la responsabilidad del Centro.

«Entonces me fui a realizar mi proyecto personal, de trovador, que había quedado abandonado. Empecé a hacer todo el trabajo que hice en México, aunque viniendo dos o tres veces en el año a Cuba, y no hay un año en que no me haya presentado aquí».

—¿Tienen los mexicanos motivos de risa muy diferentes de los nuestros?

—El público es bastante diferente. México es un país muy grande. Te encuentras lugares donde la gente es muy parecida a nosotros, y otros donde no tienen nada que ver. En las regiones costeñas encuentras más lo primero.

«Cada zona del país tiene sus esquemas, y eso me favoreció en el sentido de que tuve que hacer cosas para llegar a todos lados, sin dejar de ser cubano, porque es algo que he tenido permanentemente en mi trabajo: no dejar de ser nunca un cubano que les está trayendo algo. Nunca me convertí en parte de la cultura mexicana. No perdí mi manera de expresarme, de hablar; tal vez tuve que cuidar más las eses, hablar más despacio, pero jamás perdí de vista que he sido siempre parte de la cultura cubana».

—¿Qué te parecen esos humoristas que, en el escenario, le piden dinero al público?

—Es muy denigrante. Eso existe en todas partes, como los que dicen groserías, y los que basan su espectáculo en burlarse del público. Lo que sí ocurre es que, frente a eso, hay gente haciendo otras cosas, y el mismo público delimita lo que vale la pena y lo que no.

«Hay algo inquietante que está sucediendo en Cuba respecto a la economía, pero muy relacionado con lo anterior: la gente que tiene más dinero es, a veces, la de menor nivel cultural, la más marginal, y creo que hay unas tendencias marginales en la cultura cubana actual que me parecen sumamente preocupantes.

«Ejemplo básico es el reguetón, contra el que no tengo nada como ritmo —tengo uno incluido en el espectáculo—, pero es una manifestación muy marginal, y ocurre algo extraño: muchas veces los marginales son los que tienen dinero para gastar CUC en un lugar equis, y llenarlo para oír manifestaciones de ese corte.

«Luego, la falta de clase en definir qué es lo positivo y lo negativo en la cultura trae una confusión horrible, en la que, de repente, esas expresiones se convierten en las más importantes para mucha gente, porque son los artistas que mejor viven, los que más cobran, los que ostentan, como hacen todos los marginales, con el carro y el no sé qué, y en fin, con una vida que a lo mejor otros quisieran llevar.

«En un país donde se supone que a través de 50 años se ha hecho crecer el nivel cultural de la población, esas manifestaciones son incompatibles y absurdas».

—¿Qué le dirías al público, ahora que estás de vuelta en el Mella?

—Pues que muchas gracias por estar ahí conmigo, compartiendo estas noches y las que vengan. En la medida de lo posible, y de los compromisos que tenga, me gustaría volver a hacer algún espectáculo grande, piezas teatrales de mayor formato, pero eso va a depender de algunos factores. De momento, estoy contento de venir a quedarme una temporada larga, y de que los niños estén aquí.